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jueves, 30 de diciembre de 2010

¿Dónde está la cámara oculta?

Lo que voy a contar a continuación sucedió ayer pero he decidido escribir hoy sobre ello porque me cansé de jurar por mi vida que, en verdad, sucedió lo que sucedió. Lo cuento hoy y así no hay duda. Es lo malo que tiene el día de los Santos Inocentes, que te pasa algo surrealista y no hay forma humana de convencer a la peña de que sucedió de verdad.

En primer lugar, aclarar que mi oficina es la casa de tócame Roque, puede entrar cualquiera que nadie le dice nada y no hay ningún tipo de medida de seguridad: está en un bajo y las puertas son correderas con un sensor de esos que percibe "presencia humana" y abre la puerta.

En fin, al lío. Estaba en la oficina a eso de las 13:30 repasando unos informes que le iba a pasar a la administrativa para que hiciera unos traslados. Estaba, por tanto, en su mesa. Estos días, además, con eso de los turnos de Navidad, está la mitad de la gente. En esto llega un tío desgreñao, sin asear, con un collarín y se pone a pedir. Como ya dije, entra cualquiera y no es la primera vez que nos visitan mendigos a pedir, comerciales a vender (no sé qué será peor) etc etc etc. Como una ya se acostumbra a todo, simplemente levanté la vista un segundo para volver a lo mío pasando olímpicamente del visitante (no le ofrecí nada de beber, no sé dónde tengo mis modales). En esto oigo como mi compañera y amiga R. le dice al tío que no tiene nada para darle, el paisano pasa y pretende meterse en el despacho del jefe que no estaba (cogió el primer turno), R. le advierte que no hay nadie. Al tío no le llena del todo el palique que se le dio y decide irse hacia el fondo de la oficina, pero no de una forma silenciosa predisponiendo favorablemente a darle algo, no. A voz en grito.

R. me dice que controle por dónde va, me sitúo entre la hilera de estanterías para controlar ambos lados del pasillo y en esto oigo como una compañera dice que se está llevando cosas de las mesas y que nos fijemos como debajo de la camisa lleva escondido de todo. Los pocos que estábamos en la "ofi" empezamos a ir hacia el fondo: definitivamente, el voyeurismo nos convierte en imprudentes.

Llego al fondo y veo como se encara con un compañero al que de dice: "Tú, tú tienes pinta de ser jefe" esa frase fue motivo de cachondeo lo que quedó de jornada de ayer y la de hoy. Mi compi es muy bueno y todo lo que tú quieras pero pinta de jefe, ninguna. Si el tiene pinta de jefe, yo tengo pinta de ser la dueña de mi empresa y de ocho o nueve más. 
Me estoy desviando, se encara a P., le dice la frasecita y le coge un CD. Mi compi se pone a razonar con él e intenta darle el cambiazo por uno virgen porque el tío tuvo ojo y pilló uno con documentación importante. Al final lo convenció. Otra compañera, se enfrentó a él por las bravas diciéndole que no se podía llevar nada. Un tercer compañero lo invitaba amablemente a salir (impresionante como este hombre no pierde la clase ni en estos momentos, mi compañero, no el mendigo).

El paisano pasa de todo, va a lo suyo y amenaza con rajarnos con el CD, sí habéis leído bien. Amenaza con rajarnos con el CD. Se decide llamar a la policía. La nacional nos contesta que tiene a todas las patrullas ocupadas que a ver si lo podemos echar nosotros ¿¿¿¿????. Se prueba a llamar a la local, el ladronzuelo se da cuenta y empieza a gritarle a la compañera que tiene el móvil en la mano: ¡Chivata! ¡Chivata! En esto el tío se echa para atrás y mete la mano en el bolsillo. Instintivamente todos dimos un paso atrás. No me preguntéis porqué pero mi pensamiento fue: "Estupendo, ahora saca una navaja y me la clava en el ojo".

No sacó una navaja, sacó una especie de mando a distancia blanco (os juro por Dios que lo que estoy escribiendo es cierto). Nuestros ojos están como platos, pulsa un botón y empieza a sonar un ruído ensordecedor igualito a una alarma. Conseguimos que comience a caminar hacia la salida. Ahora bien, hace escala técnica en todas las mesas intentándose llevar libros y material de oficina ante la mirada atónita de todos y cada cuál defendiendo "su patrimonio". Se marcha. La policia local no aparece. El botín: el famoso CD virgen y unos bolis.

A los diez minutos se oye revuelo en la entrada, los fumadores de la oficina están fuera (muchas emociones, necesitan un pitillo tranquilizador) y nos comunican que tras su paso por nuestro dominios, paró en el Coren (un pollería que hay justo a continuación), el Natur House (es paradójico que haya un Natur House justo al lado de una tienda de pollo frito), y que en esos momentos estaba en la cafetería que hay a continuacion. Vamos, que el tío estaba pidiendo el aguinaldo en todos los locales que había por su camino.
Por fín, aparece la policía local (con lo rápidos que son cuando hay un coche en doble fila), justo en ese instante sale el ratero de la cafetería, rápidamente identificamos al tío. La poli se lo toma con pachorra, nada de correr. Ni siquiera un trote cochinero, para dar el pego de cara a la concurrencia allí reunida. Se dirijen a él con toda la parsimonia del mundo. Lo cogen cuando había cruzado un paso de peatones. El tío se gira hacia nosotros desde el otro lado de la calle y nos señala gritando que habíamos sido nosotros los chivatos. Nos cuesta tragar saliva: por la tarde íbamos a estar todavía menos personas y definitivamente se había quedado con nosotros.

El colmo de los colmos, fue cuando llegó la segunda jefa, le contamos lo sucedido en tono de queja por las escasas medidas de seguridad, nos mira y dice: "sí, claro inocente ¿no?. Nos llevó un buen rato convencerla de que era verdad y entonces viene una graciosilla y le dice que le estamos gastando una inocentada. Otro rato más para convencerla de que era verdad.

Visto desde la distancia, nos dio vidilla y la hora del café de hoy fuen un auténtico cachondeo. Si en el fondo me alegro de haber estado, me habría dado rabia no tener esta anécdota y no poder participar en las conversaciones.

¡Ah! no recupramos ni el CD, ni los bolis.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Sablazo en el hotel.

Lo prometido es deuda y en la entrada anterior dije que iba a contar una anécdota de hotel. Situémonos en el tiempo pues. 
Como ya comenté en la ya mencionada anterior entrada, la semana pasada la empresa me mandó a trabajar tres días a Ponferrada, lo que implicaba dormir dos noches en un hotel. Modestito, nada del otro jueves. Cuatro estrellas para ser exactos (hay que reconocer que ahí se portó).


Tras una primera noche estupenda en la que dormí de coña, probablemente y en gran parte debido a las almohadas tan mullidas que amablemente pusieron a mi disposición (y supongo que a la de todos los huéspedes) y la posterior jornada laboral en la que literalmente nos salimos del planning acabando bastante antes de lo previsto. Me dirijo a mi habitación para dejar el bolso, abrigo y bufanda (sí, hizo frío) y refrescarme antes de bajar a cenar. Y con refrescarme me refiero mayormente a evacuar que me estaba meando desde hacía un buen rato, dicho así, con toda la naturalidad del mundo mundial.

Iba por el pasillo pensando que era una pena que al día siguiente dejase la habitación sin haber hecho uso del minibar, que para más inri era gratuito, y que después de ir al baño y cambiar las botas por unos tenis, me tomaba superagustito una coca light antes de bajar al comedor. Paso la tarjetita, abro la puerta, paso la correa del bolso por encima de la cabeza y en ese momento mi vista se posa en una cestita que hay encima de la cama. ¡Ale! más "regalitos" además de geles, cepillos de dientes, esponja para los zapatos, gorros de ducha, jabones, clinex... que ya reposaban en el fondo de mi neceser a la espera de que repusieran.
¡Qué ilusa soy! no eran "regalos" era una clavada de 19 eurazos por lavarme y plancharme, dos bragas (3,50 euros cada braga ojo al dato), un sujetador, un par de calcetines y dos camisetas. ¿¿¿¿¿¿Para qué coj....(piiiiiiiii) quiero yo que me planchen las bragas?????? Mientras asimilaba lo que había pasado, mis pies cobraron vida propia y, por inercia, se dirijieron a la nevera. Mi subconsciente sabía exactamente lo que tenía que hacer: AMORTIZAR el sablazo. Así que abrí la neverita y a la cocacola que tanto pedía mi cuerpo, le siguieron una tónica y una fanta de limón.

Mientras me tomaba el refrigerio (momento experimental: daros cuenta que aún no fui al baño, los sobresaltos hacen que la vegija aumente su capacidad, sino no me explico que "la rellenase" a lo bestia y siguiera sentada en la silla mirando para la cestita de marras mientras caían una a una todas esas bebidas), hice una recomposición de los hechos. La noche anterior, cogí mi ropa y la metí en la bolsa que dejan los de la lavandería, le quité el papelito donde se anota lo que quieres que te laven (si es que quieres que te laven algo que no era mi caso) y le dejé en la parte de arriba del armario lejos del mundanal ruído y de las miradas indiscretas de los empleados del hotel. Os preguntaréis por qué no la dejé dentro de la maleta. No fue un descuído, lo hice con toda la intención. Si los calcetines desprendieran o desprendiesen olor, no apestarían la ropa que me pondría en días sucesivos.

O sea que los muy mamones, abrieron mi armario, husmearon (porque la bolsa a la vista no estaba que me aseguré y bien sabéis que cuando me aseguro de algo lo hago a conciencia) y decidieron lavarme la ropa y cobrarme semejante salvajada. Debieron pensar que ya puestos en gastos, la planchaban también y así se cobraba oportunamente un plus. ¡La madre que los parió! La de pollos que les tengo montado a mis padres y a mi hermana por abrirme el armario sin mi permiso y vienen estos y no se quedan en abrir sino que, por encima, cotillean. ¡La madre que los parió otra vez! (y otra más, que puestos en gastos yo también hago recargo).

 Tras atender una llamada de mis padres, con los que no escatimé en expresiones malsonantes para dejar patente mi estado de gran cabreo, bajé a cenar. Tras la cena con mis compis, fui a recepción para ajustar cuentas, ya que, aunque por esta vez generosos, en la empresa no me pagaban el planchado de la ropa interior, y le dije en el tono más educado que me salió (estaba totalmente calmada, la cena hizo milagros) que me cobrasen el servicio de lavandería que, para nada, había pedido. Al final resultó que para solventar "el mal entendido" (todavía sigo sin entender qué entendieron mal) me cobraron únicamente los costes que les suponía a ellos. Me siguió doliendo pero algo menos.
¡Ah! y se me olvidaba, con la cena tomé una botella de medio litro de agua y todavía subí y me puse cómoda antes de evacuar. Empíricamente probado: los sobresaltos ensanchan la vejiga.

martes, 26 de octubre de 2010

Razones por la que no se debe guardar un coche de empresa en el garaje de uno

Si alguien es una persona obsesionada por el control, el orden y que todo, absolutamente todo, esté bien hecho, nunca debería caer en la tentación de guardar uno de los coches de la empresa en el garaje. Lo mejor de todo es que, a priori, puede parecer una idea estupenda. Pero ¡no! no os dejéis engañar en realidad es pésima.

Todo comenzó cuando a una servidora se le comunicó que debería ir esta semana a trabajar a Lugo, hasta ahí bien (además que conseguimos apurar el trabajo y no tentenos que volver, ya lo acaba otra compañera que es de allí). Que tenía que ir mañana y tarde, que debería ir y venir y que calculando, debería salir a las 7:30 a.m. de Ourense para estar, como muy tarde, a las 9:00 entrando por la puerta del sitio al que tuve que acudir. El lunes, no quedó más remedio que pasarse por la oficina puesto que teníamos que coger varias cosas, entre las que se encontraba, por cierto, el coche.
La semana pasada, mientras preparábamos el viaje se me ocurrió la "estupenda idea" de proponerle a la compañera con la que iba a hacer los viajes, guardar el coche en  mi garaje (quedamos en que yo conducía a la ida y ella a la vuelta), de este modo saldría a las 7:20 de mi casa, la recogía y a las 7:30 iniciábamos la marcha y así podía dormir un ratito más ya que evitaba ir a la oficina, coger las llaves y  maniobrar en el garaje de la oficina. Ese espacio en el que los coches descansan totalmente apiñados y, con un 4x4 tan grande, es algo desesperante cuando uno está recién levantado y con los reflejos desperezándose. A ella le pareció bien, de hecho me lo iba a decir primero sino me llego a adelantar, y ninguna pega de los jefes. Estupendo.
Cuando llego los domingos, dejo el coche de culo tal y como vengo. Para vaciar el maletero es más cómodo y, francamente, los viernes tengo más paciencia para sacar el coche que los domingos para aparcarlo. Ayer por la noche, cuando llegamos de Lugo, me dije que era preferible maniobrar en ese momento y no esta mañana con prisa. Pues ¡ale! a dejar el coche listo para salir. Claro, una está  acostumbrada a su Polo, no a un Suzuki Gran Vitara super ancho, conducido por todo el mundo con las consecuencias que ello implica para su embrague.

A pesar de que el susodicho coche tiene varios golpes y bastantes rascazos y que no debería dolerme como me duele el mío, allá fue María_MC con sumo cuidado. Piano, piano. No había prisa. Lo importante es que al coche no le pase nada y no cargarme un retrovisor. Estaba tan obsesionada con la columna y el retrovisor que casi golpeo mi propio coche que estaba aparcado justo a la derecha. Primer susto.
Lo aparco, compruebo de forma compulsiva si apagué luces, radio, calefación, lucecitas del techo etc. Mira que si dejo algo encendido toda la noche, me quedo sin batería, tengo que esperar a que me pongan las pinzas, no salgo hasta media mañana y retraso el trabajo. Por supuesto broca de mi jefe, con toda la razón del mundo, por torpe... No, no, no. Es preferible quedarme segura del todo (pero muy, muy segura).
Descargo el coche, salgo lo cierro y voy al ascensor ¿cerré bien el coche? nunca pasa nada, pero mira que si me lo roban. Eso va a caer fatal en la oficina. Vuelvo sobre mis pasos para comprobarlo a pesar de estar bastante segura de haberlo cerrado. Efectivamente, estaba cerrado. Ya que estoy, compruebo una vez más que las luces estaban apagadas. También lo estaban.
Subo a casa, me ducho que venía del gimnasio, me seco el pelo, me pongo el pijama y cuando estaba preparando las cosas para hoy, mi cerebro, que va por libre, comenzó a hacer de las suyas otra vez. ¿Cerré bien el coche? ¿y si cuándo comprobé si lo había cerrado lo dejé abierto? ¿La luz que parpadeaba estando apagado y cerrado era el antirrobo como en el mío? ¿o me dejé algo encendido? ¿Bajo a comprobarlo? No tía, ya te vale por hoy que aún te va a coger el frío y no voy a poder ir a trabajar mañana que hoy me picó la garganta todo el día... ¡NO!, no bajas tienes que aprender a controlar estas cosas que ya gastas una edad. Tira para cama que mañana toca madrugón otra vez.

Haciendo un ejercicio de fuerza de voluntad brutal, no bajé al garaje. Lo que no pude evitar fue darle alguna vuelta más al tema antes de quedarme dormida. 
Por cierto. A pesar de todo, esta mañana cuando giré el contacto, contuve la respiración un segundo antes de ver como, efectivamente, se encendía a las mil maravillas. Y otra cosa más, ya que estamos de confesiones, cuando hoy lo fui a dejar al garaje de la oficina, también hubo comprobación compulsiva.
Desde luego que el cuarto de hora de sueño que gané, no fue suficiente recompensa. Lo peor de todo es que caeré una vez más, cuando me vea en otra de estas. Ese coche volverá a dormir en mi garaje. Seguro, vamos.

Lo mejor de lo mejor, los viajes. Si hasta nos hicimos un CD para escuchar en el coche, con portada y todo "R&M on the road". Además, que nos quedó muy bien con casi todos los estilos musicales representados en algo así como 190 canciones. No nos dio tiempo a escuchar todas y como íbamos hablando no le hicimos mucho caso. Pero nos lo pipa haciéndolo. Y nos reímos mucho con las fotos de la portada (las cosas si se hacen, se hacen bien).

lunes, 11 de octubre de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo V: La "Pontevedra High Class"

Todos sabemos lo que pasa en las ciudades pequeñas. Queremos dárnolas de importantes, de cosmopolitas, de modernos y demás y en el fondo no llevamos un cartel en la frente que dice "Soy de pueblo" porque no hace falta, se nos ve a leguas.
Hoy quiero hablaros de una especie en peligro de extinción dentro de la sociadad pontevedresa: La "Pontevedra High Class". Digo que está en peligro de extinción porque, aunque tarde, mal y arrastras, mi ciudad poco a poco evoluciona y se va metiendo en el meollo y la vorágine que supone estar en el siglo XXI.
Os voy a poner en antecedentes antes de narraros mi encontronazo con un especímen de dicha raza que, casualidades de la vida, viven en mi ya famoso edificio.

Pontevedra, ciudad costera del noroeste peninsular, es un lugar de tradiciones fuertemente arraigadas que perviven en el tiempo. Todas ellas respetables aunque muchas no compartidas por mí: no tengo nada en contra y no despotrico, simplemente no acudo a este tipo de actos. Es más, no tengo absolutamente nada en contra de dichas tradiciones, lo tengo contra algunas personas que hacen de ellas casi una segregación por clases sociales. Por ejemplo, el baile del Casino. Toda jovencita de la "alta sociedad pontevedresa" es socia del casino y al llegar a los 16 años ha de ser presentada en sociedad en un baile de etiqueta la víspera del día grande de las fiestas patronales. Sí, igualito que en The O.C. o en Gossip Girl. Por si no ha quedado claro: yo NO lo hice. Para empezar porque no somos, ni hemos sido nunca socios del Casino. Cualquiera que pertenezca a la P.H.C. (escribo el nombre en acrónimo que es muy largo), evidentemente pertence a dicha institución.

Otra característica de mi ciudad en general y de la P.H.C. en particular es pensar antes de nada en "el qué dirán" y en la apariencia: lo importante no es lo que uno es, es lo que los demás creen que eres. Esta peculiar filosofía de vida, propicia que se produzcan situaciones totalmente absurdas que no tienen ni pies ni cabeza. El 80% de los miembros de las grande sfamilias de los años 60-70 ahora son ricos venidos a menos pero claro, hay que seguir haciendo alarde de apellido y alta alcurnia y a dónde no llega, se manda recado si hace falta. Por lo tanto, los bisnietos de las grandes familias seguirán yendo a colegios cuya matrícula cuesta un riñón, aunque no se tenga ni para comer. En verano la semanita de vacaciones a todo tren es sagrada, aunque se tenga que pedir un crédito para poder ir. La ropa necesariamente tendrá que ser de marca aunque guardemos las etiquetas y se devuelva una vez haya pasado el superevento al que haya que asisitir. La cuota del casino es el único pago que se lleva religiosamente al día. Los hijos y nietos de "los pobres" no pueden prosperar y si, Dios quiera que no, lo hacen, hay que dejarles bien clarito que no pertenecen a ese exclusivo mundo desde el minuto cero.

Este comportamiento no es, para nada, la tónica general. Estas chorradas únicamente las hacen cuatro muertos de hambre que se creen que esto sigue siendo principios de los 70, cuando había criadas con cofia y la máxima aspiración de las niñas de 18 años era pillar cacho con uno de los marinos de la Escuela Naval Militar y no trabajar (eso es de pobres). Son un puñado de pedantes que se pasean por la ciudad con aires de grandilocuencia y un rictus facial como si oliera mal  a su alrededor. Pero alguno de estos especímenes todavía queda y son lo que denominamos "Pontevedra High Class". Repito que no es lo habitual, gente así la hay en todos lados, yo simplemente me limito a escribir sobre los que pueblan mi ciudad. Como ya dije, están en peligro de extinción.

En mi edificio tengo alguno de estos pardillos, concretamente tres (que son bastantes teniendo en cuenta que no vivo en el centro). De una ya os hablé en una ocasión, (la vecina plasta), con otra hace bastante que no coincido en el ascensor y cuándo tengo "esa suerte" la cosa no va más allá de un "hola/qué tal". Voy a contar mi corto viaje es ascensor con un miembro de la familia a la que pertenecen los terceros en discordia.

Hoy por la mañana, tras salir a hacer algún que otro recado con mi padre, una servidora se encontraba esperando el ascensor, cuando por el rabillo del ojo observé como mi querido vecino al que, con todo el cariño, llamaré Willy Fog (enseguida sabréis porqué) estaba con sus llaves en la mano intentando entrar. Como el tío, además de pedante, es muy educado y agradable (los buenos modales que no falten, por Dios) me dije a mí misma que le iba a ahorrar la maniobra. Bajo los dos escalones que me separaban de la puerta de entrada y le abro. A continuación va una transcripción de la conversación. Por cierto, casualidades de la vida es socio del Casino y estuvo muy bien situado en la directiva del mismo.


Willy Fog: Hola, buenos días.
María_MC: Buenos días. Es un señor mayor, me dije a mi misma, dale conversación que podría ser algo entre tu padre y tu abuelo. Ya refresca ¿eh? y pensar que hace dos semanas estábamos en la playa....
W.F.: La verdad es que sí, que han bajado las temperaturas de una forma...
María_MC: el clásico otoño en Galicia.

Y, ahora, atención con lo que me salió el tío. Redoble de tambores....
W.F: Pues yo este verano estuve dando la vuelta al mundo con unos amigos y en los Emiratos Árabes, había 45ºC.

María_MC: Yo también estuve a 45ºC ¿sabe? es que trabajo en Orense. No hace falta irse tan lejos. (Se abre la puerta del ascensor)
W.F. jajajaja Me alegro de verte
María_MC: jajajaja (Ambas risas falsas)

Hay que reconocerle el paisano la "sutilidad" con que llevó la conversación a su terreno. Tuvo mérito, la verdad sea dicha. Seguro que cuando le salí con lo del tiempo los engranajes de su cerebro se pusieron a trabajar a toda máquina para ver cómo podía meter lo de la escapadita  veraniega en la conversación. El mensaje estaba claro: "da igual que esté jubilado, mi mujer no haya trabajado en su vida, siga viviendo de alquiler y tenga una tortuga asmática por coche: que sepas bonita, que este verano dí la vuelta al mundo".

martes, 5 de octubre de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo IV: la mala combinación lluvia+coche.

Antes de empezar con el asunto concreto que voy a tratar, una pequeña aclaración. Soy una persona extremadamente responsable al volante. NUNCA hago una maniobra de riesgo y las que no tienen riesgo (como por ejemplo un mero adelantamiento por una carretera de doble sentido) no las hago a menos que las vea 100% seguras. Ahora bien, la velocidad me encanta y si la máxima permitida es 120 km/h las condiciones de la carretera y meteorológicas son óptimas y no hay ningún tipo de peligro, nunca me veréis a 119. Siempre dentro de la ley. De todos modos la cabra tira al monte y yo soy hija de mi padre. Y ahora ya no tanto, pero de joven me consta que no era de los que iban pisando huevos precisamente. La genética me ampara en este asunto. Y ahora a lo que vamos.

Es otoño y estamos en Galicia lo cuál implica que semana sí semana también, estaremos bajo la amenaza de temporal por lluvia y viento. Seguro que habrá algún notas que lo achaque al cambio climático que, haberlo hailo, pero éste no es el caso. Aquí la meteorología otoñal es así de toda la vida.
Este último fin de semana fue uno de esos de los que yo llamo "café y manta" llovía a mares y no se podía salir de casa. Pero claro, llegado el domingo por la tarde a pesar de estar como una reina en casa en Pontevedra y de las inclemencias del tiempo, una servidora debía emprender rumbo hacia Ourense que hoy había que trabajar. Lo peor del viaje de vuelta ¿la lluvia? ¿el viento? ¿un árbol caído en medio de la carretera? NO, la brasa que me dieron mis padres todo el santo fin de semana con la precaución al volante, que incluyó un parte meteorológico detallado cada hora y un par de situaciones absurdas. Como viene siendo habitual en estos casos, de color azul todo aquello que pienso y no digo. Ya sabéis como funciona esto.

Situacion 1:

Llego el viernes por la tarde-noche a casa y se me recibe así:

Padres de María_MC: ¡Hola cariño! (beso) ¿qué tal el viaje? (beso al otro progenitor). 
María_MC: Muy bien, como siempre.
P. M. ¿Viniste por la carretera general o por la autovía? (Beso a mi hermana).
María_MC: ¿Otra vez? Pero si lo saben de sobra que es el mismo cuento cada fin de semana. Tranqui que acabas de llegar, es muy pronto para una discusión bizantina. Por la general, ya sabéis que si no hay curvas, me aburro.
Dirijo mis pasos hacia la habitación del fondo del pasillo para dejar la maleta y no he llegado cuando oigo:
P.M: Pues dan temporal de lluvia y viento para todo el fin de semana, así que el domingo cuando marches ten cuidado y vete despacio.
María_MC: Genial, no he dejado la maleta y ya estamos hablando de cuando me marche. ¡Hogar, dulce hogar! Vale.
P.M. Y ahora está bien pero cuando empiece el frío mejor que no vayas por la general que el Paraño estará helado, vete por la autovía que la tienen más cuidada.
María_MC: Y también por la autovía tengo únicamente 3 sitios para parar en 130 km y por la general hay un bar cada 100 metros (aclaración: en Galicia la población está muy dispersa. Tres casas ya es un núcleo poblacional y cuatro una parroquia. Los pueblos no están delimitados. Nunca deja de haber casas). Vale, papá.

Ya véis. No tuve tiempo de quitarme la cazadora y ya se me esté adoctrinando, no sólo para el viaje de vuelta, sino para dentro de mes y medio más o menos. Y yo aguantando el tipo sin meterme con nadie. He madurado un montón, estoy orgullosa de mí misma.

Situación 2:

Sábado después de comer, la lluvia arrecia. Mi madre está durmiendo la siesta con la radio de fondo y debieron dar el parte meteorológico. Yo estaba viendo Brothers and Sisters en mi ordenador cuando oigo un alarido desde el otro ala de la casa.

Madre María_MC: ¡¡¡¡Maríaaaaaaa!!!!!!!
María_MC: Pues si tú no te levantas y gritas, yo aquí me quedo sentadita en la butaca. Así que a gritar toca. ¿¿¿¿¿¿Quéeeeeee???????
Mami: ¡¡¡¡¡¡Que mañana va a llover mucho y que va a haber mucho viento!!!!!!. ¿Dónde he oído esto yo antes? Estoy teniendo un deja vu brutal.
María_MC ¿Y? ¿Qué pretendes? ¿que me quede aquí y no vaya a trabajar el lunes? Seguro que a mi jefe le encanta eso de que no voy porque hace viento. Voy a hacerme la tonta a ver con qué me sale ahora. La próxima vez que llueva un poco fuerte no vengo el fin de semana, ya verás como empezamos a cambiar el discursito de marras.
Mami: Pues que respetes la distancia de seguridad y que vayas despacio.
María_MC: ¿¿¿¿¿¿¿¿ ???????????? ¿Lo Cualo? Eso hay que hacerlo aunque no llueva y no sople el viento. ¿Por quién me has tomado? Punto, set y partido para mí.

Situación 3:

De ahí a media hora, papi hace su entrada en escena.

Papi: Oye, que dice La Voz de Galicia que además de lluvia, va a haber viento. ¡No fastidies! ¡No estaba previsto! Esto se sale totalmente del guión. ¿Porque nunca nadie me dice nada?
María_MC: (Miro por encima de los cristales de las gafas). Ya, algo había oído, sí. ¿qué le voy a hacer papá?
Papi: Pues que agarres bien el volante que a ver si se te va a ir el coche con el viento. ¡No me lo puedo creer! ¡Tengo una licenciatura, dadme un voto de confianza por el amor del Boss! Sí que he madurado. Tengo la réplica borde en la punta de la lengua y aguanto como una campeona.

Situación 4: la traca final.

 Que conste que hubo alguna más, incluída una clase por teléfono de conducción segura por parte de mi abuela. Esa persona que lo más cerca que ha estado de tocar un volante es cuando va en el asiento del copiloto y se pone el cinturón.

Domingo después de comer. Hago la maleta.

Papi: ¿Ya marchas?
María_MC: Sí.
Papi: Pues es la mejor hora. Márchándote a las cuatro, está todo el mundo de sobremasa. Además, que ahora mismo está amainando. Entra otro frente a última hora de la tarde pero porla costa y tú vas hacia el interior...
María_MC: Ya, bueno es que tengo cosas que hacer allí ¿sabes? la hora es lo de menos. Me iría de buena gana más tarde. Ya he conducido con lluvia a mares, no me agrada pero tampoco me asusta.

Ya en el ascensor.
Papi: ¿Vas así? ¿No tendrás frío? Aclarar que iba con un pantalón de deporte corto, camiseta y sudadera.
María_MC: Pero si voy de garaje a garaje. ¿qué frío voy a tener?
Papi: Bueno mujer, ¿Y si te tienes que bajar del coche por cualquier cosa? (Como evitamos decir "si te pasa cualquier cosa..." ¿Eh?) ¿Vas con esa pinta? Se acabó, esto pide una ironía a gritos:
María_MC: No es para tanto. Además, que si tengo que cambiar una rueda o algo, conseguiré más ayuda si enseño pierna ¿no? Está todo pensado, papá. Estadísticamente es más probable encontrarme a un caballero español en una gasolinera que a una mujer. Todo forma parte de mi plan de S.O.S. No te preocupes, sé cuidar de mí misma. ¿Qué? ¿Me acompañas al garaje y me ayudas a bajar las cosas?

La ceja de mi padre cobró vida propia. Primero se levantó y luego bajó para acabar en ese ceño fruncido que le ha dejado una arruga horrorosa en el entrecejo (dicho sea de paso). Me echó su mirada de: ¿No puedes contestar como una persona normal? Finalmente dijo, deja que te ayude con algo.

Por cierto: ¡menuda carrera de meteorólogo se truncó con mi padre! Ni amainar, ni leches. Una mierda de tiempo hasta 15 km antes de llegar a Ourense. Árbol caído incluído.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Experimento sociológico: tarde de compras.

Primer día de septiembre en el que no está tiempo de playa ¿qué hacer? pues ir de compras con vistas a preparar la próxima llegada del otoño. Aunque me cueste admitirlo, tengo que reconocer que, aunque Pontevedra tiene muy buen comercio, en lo que a grandes superficies o marcas habituales se refiere, se encuentra más variedad en Vigo. Los que me concen, saben el gran esfuerzo que acabo de hacer escribiendo esta última frase, pero presumo de tener una visión bastante objetiva de lo que ocurre a mi alrededor, así que ¡ale! lo escrito, escrito está. No le demos más vueltas al asunto y, sobretodo, no me hagáis repetirlo.

En fin Pilarín, a Vigo que nos dirigimos. Quise tomarme la tarde cono algo más que comprarme trapitos de cara al otoño/invierno 2010-2011, que también ¿a quién pretendo engañar?. El objetivo era observar los hábitos de conducta en los comercios de la peña y particularmente los míos. Me explico: todos hemos leído en alguna ocasión alguna entrevista con el famoso o famosa de turno en el que confiesa alguna prenda fectiche, con la que pierde el autocontrol a la hora de comprar. ¿Cuál es la mía? ¿A dónde se dirije mi vista inconscientemente cuando pongo medio pie en una tienda? Lo de observar a la concurrencia no era, en principio, parte del experimento sociológico. Es uno de mis hobbies cuando me encuentro en medio de una multitud más o menos grande, pero hoy sirvió para que formulase un par de mis famosas "teorías de la vida". 

Dicho esto, ahí van las conclusiones. Primeramente las que a mí se refieren:

- Entre prendas que únicamente difieren entre sí en el color, mis ojos se posarán de forma inmediata en la de color azul. A no ser que se trate de jerseys o chaquetas en cuyo caso será gris (casi siemrpre claro). Y lo mismo con complementos, ya sean relojes, pañuelos...azul que te quiero azul (en cualquiera de sus tonalidades a excepción del fosforito, odio cualquier cosa fluorescente).

- Me van más los vaqueros de tonalidades oscuras que claras, aunque hoy a la tarde la cosa en empate a uno entre claros y oscuros.

- No puedo ver delante unos pantalones acampanados: o rectos, o pitillo.

- Tengo un verdadero problema de autocontrol con las camisetas, tenis y las pashminas. Sobretodo con las camisetas. Lo de comprar camisetas está resultando un verdadero reto últimamente puesto que no las quiero ni con tachuelas, ni purpurina, ni flores. Eso que me ahorro.

- Siento verdadera debilidad por los pantalones cortos de correr.

- Es una suerte tener tan clara mi talla de sujetador, sufro con la sóla idea de tener que probarme varios. ¡Menudo coñazo, por Dios!

- Es curioso que piense en comprarme unas manoplas cuando voy en manga corta y tengo un grado de moreno muy considerable. Hasta lo reconoció mi madre, bueno sus palabras exactas fueron algo así: "Hija, este año estás morenísima. Tienes la cara negra a pesar del factor 50 de protección. Es una pena que dentro de dos meses estés blanca cadavérica. Deberías invertir en algo de maquillaje". A continuación, anuncio momento irónico (wait for it...): "Es justo en lo que estaba pensando, mamá". Como diría la abuela "Xa o decían as leiteiras por ahí abaixo"

Y hasta aquí, lo que se refiere a mis hábitos personales de compra, ahí va lo que observé en la gente que me rodeaba.

- A la peña le molesta la ropa en el armario, o está desesperada por lucir las nuevas adquisiciones. Estábamos como a  25 ºC, o sea, un temperatura de lo más veraniega. Pero como estaba nublado y es septiembre, pues nada a sacar del armario chupas, botines, pashminas. Pues no iba a ser tan descabellado lo de las manoplas.... Yo por ahí no paso, de hecho el año pasado tenía para estrenar un abrigo y la chupa de cuero y no lo hice hasta finales de octubre porque no hacía frío. Creo que fue la primera vez en mi vida que recé para que bajasen las temperaturas. Si no hace frío, no hace frío y punto pelota.

- Se va de compras y entre medias se para comprar gofres o un heladito en el McDonals y claro, luego a hacer verdaderos malabares entre bolsas, ropa a probarse, bolso, el piscolabis de turno y venga a pasarse cosas entre las 6 personas que conforman el shopping group.

- Si en algún comercio hay muestrario de colonias, se prueban ABSOLUTAMENTE TODAS, (incluso alguna de hombre, ya que están ahí a disposición del consumidor, pues se aprovecha) da igual que la mezcla sea tan empalagosa que den arcadas.

- Todo comercio que se precie tiene que poner en algún momento " Sick of Love". Era una canción que, personalmente ni fu ni fa. Estaba bien para echar unos "dances". Después de esta tarde, la odio profundamente. Es que por lo menos la escuché 15 veces.

Y, hasta aquí, seguro que cuando vuelva a salir de compras se me ocurre alguna que otra más. ¡Ah! se me olvidaba. en el parking de "El Corte Inglés" tuve una alegría. Mirad lo que había escrito en una columna:






En el mismísimo Corte Inglés, en el corazón de Vigo. Como seguidora incondicional de Dépor y Pontevedra C.F. (que por cierto ganó ayer), no quepo en mi de gozo. Los turcos llegamos a todos lados.



P.D. Muchísimas gracias por todas vuestras felicitaciones de cumpleaños, hicieron que el hecho de hacerse mayor fuese un poco menos terrible.

lunes, 28 de junio de 2010

De mudanza...

Buenas a todos.

No estoy desaparecida, es algo peor: estoy de mudanza, mejor dicho estoy de mudanza y tengo un fortísimo dolor de cabeza como consecuencia de la misma.

Al hecho de tener que cargar cajas, maletas y bolsas de viaje como una mula, hay que añadirle el pequeño detalle de que hay que hacerlo a unos 36 grados de temperatura. Por si esto no fuera suficiente, el miércoles duermo en mi nuevo piso y no tengo sofá, ni grifo en la pileta del baño. Esto último parece que se soluciona mañana pero lo del sofá va a tardar un poco más y me toca las narices un poco/bastante. Y si a eso le sumamos que la casera no deja hablar, no me deja explicarme ni a mi ,ni a mi compañera de piso y se limita a echar su rollo aunque no tenga nada que ver con el tema que se está tratando (aunque estoy convencida de que en su cabeza todo tenía sentido yo, por momentos, creí estar jugando al teléfono escacharrado), tenemos como resultado una jaqueca de las que hacen historia y pensamientos violentos bombardeándome el cerebro.

Soy una persona que odia que le digan lo que tiene que hacer y que la tomen por tonta, cuando detecto cualquier indicio de cualquiera de estas dos cosas, monto en cólera. Imaginaos la bilis que tuve que tragar cuando, entre otras cosas, tuve que aguantar una "master class" sobre como se cierra una puerta. Sí, amigos, habéis leído bien. Por bastante menos les he montado cada pollo a mis padres....

En fin, paso de envenenarme más que pretendo dormir bien (lo que el calor me permita, claro está) y sé que como siga así estaré cabreada toda la noche y parte de la mañana (probablemente hasta que salga a tomar café). Me quedo con lo a gusto y lo tranquilita que, seguro, voy a estar en mi piso superfabuloso (ya me veréis en "Quién vive ahí"). Podría decirse, que es mi primera casa y no voy a permitir que nada empañe este momentazo. Os iré contando pero más espaciadamente (lo mismo que no comentaré en vuestros blogs  tanto como me gustaría) puesto que no tengo, todavía, conexión a internet en el piso, pero no os perderé de vista y no abandonaré este blog. La opción de las cafeterías con wifi, está sobre el tapete.

¡Ah! se me olvidaba contar que la hora que puso la casera para quedar es a las 20:30, sí, la misma que, casualidades de la vida, la del partido de España. Conociendo el percal, calculo que tardaré como dos horas en recibir las llaves de marras. ¡Estupendo! Sin sofá y sin partido.

Nota al margen: para todos aquellos que comentastéis la entrada anterior, deciros que no cometí ninguna imprudencia al volante, siempre al máximo permitido. Que no quería sumar una multa a mis preocupaciones. Ya hice todos los kilómetros que necesitaba para relajarme y que, aunque no está solucionado el motivo de mis preocupaciones, convivo mucho mejor con ello. Por el momento no he necesitado más terapia de velocidad. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de apoyo.



domingo, 13 de junio de 2010

Crónica de una visitilla a la capital del reino. Capítulo II: Momentos Paco Martínez Soria

Lo primero de todo, se que llevo totalmente desaparecida bastantes días. Esta vez no hay excusa, en lo que se refiere a "mi vida blogger", estaba en plan totalmente vago. No me apetecía nada escribir y, teniendo en cuenta que defiendo a muerte que uno debe escribir por devoción y no por obligación, pues no lo hice. El día que empiece a considerar escribir aquí una tarea más y me suponga un agobio el no hacerlo pues será el momento de decir adiós a este chiringuito. Pero ya estoy de vuelta dispuesta a contar tres momentos del viaje a Madrid en los que quedó patente que no somos de la gran ciudad.


Momento 1: ni siquiera habíamos salido de Galicia, fue en el mismo aeropuerto de Santiago. Por favor, no empeceis a reiros ya. Por deferencia a nosotras podíais esperar a acaba de leer la anécdota ¿no?, vamos digo yo. Resulta que pasamos el control y nos dirijimos a la puerta de embarque. Avanzamos hasta que llegamos a una cola muy bien formadita sin nadie que se saliese de la fila ni nada. Paramos, mi amiga se sentó encima de su maleta y nos ponemos de palique. No caímos en la cuenta de que la gente a nuestro alrededor hablaba en inglés, estábamos espesas y no supimos ver las señales que había a nuestro alrededor. Tampoco nos hizo sospechar nada que, además de hablar en inglés, eran todos muy rubitos, muy del norte. Nosotras bla, bla, bla.... En esto oímos en un castellano perfecto: "¡Qué de pueblo somos, vemos una cola y ahí que nos ponemos" Ese grupo de chicos estaba en la misma cola que nosotras, es decir, en la del vuelo de Ryanair a Londres, no a Madrid. Nos miramos, miramos a los chicos que, en ese momento, pasaban a nuestra altura, nos encogimos de hombros y les confesamos que también nos habíamos equivocado. Menudo despiste ¿eh? ¡Uff!

Momento 2: no dio tiempo ni a reirnos a gusto de la situación 1, cuando la 2 ya estaba asomando. Llegamos a Madrid, dejamos las maletas y cogemos el metro. Hay carteles enormes y avisos por megafonía de que hay que hacer un transbordo en la propia línea porque hay un trozo de trayecto en obras. Pero a M. C. A. y a mí, no nos entró del todo en el disco duro. Creo que en ese momento no nos daríamos cuenta aunque lo anunciara una banda de música con mayorettes incluídas llevando un cartel con neones para comunicar a los alegres transeúntes el dichoso transbordo.
Nos montamos en el metro y otra vez a darle a la sin hueso. El hecho de que la gente se bajase del vagón y nos quedásemos solas, no nos dijo nada. No supuso ningún tipo de pista que hiciese que se nos encendiese la bombilla. Nosotras a lo nuestro. En esto, oigo por megafonía que se anuncia la parada de la que habíamos partido y se lo comento a mi compi: "M. que estamos otra vez aquí" Ella no se fía de mi oído y me dice que imposible, que no nos hemos bajado del vagón en ningún momento, que seguro que lo oí mal. Y en ese preciso instante, sin dejar que M. acabase su frase (un momento muy de sitcom americana) aparece ante nosotras el enorme cartel que indica que, efectivamente, nos encontrábamos de nuevo en el punto de partida. Esas somos nosotras, aunque llevásemos una camiseta con la frase "Somos de provincias", seguro que no se notaba tanto.

Cuando ya nos confiamos y nos dijimos a nosotras mismas que nos habíamos mimetizado totalmente con los madrileños. Incluso una camarera pensó que éramos de allí (decir que ella era andaluza, lo mismo ella también apestaba a provincias y no nos reconoció). El último día de estancia en la gran ciudad nos encontramos inmersas en la situación 3. Otra de metro, es que somos así de originales ¡ qué se le va a hacer!.

Vamos hacia el ratro, bajamos en la parada de La Latina. Todo el mundo debía de haber tenído la misma idea que este par de dos que somos nosotras y se dirigían hacia el rastro. No sabíamos que esta parada estaba más cerca del infierno que de la superficie terrestre y cuando bajamos y vemos la cola que se forma en las escaleras mecánicas, nos miramos con cierto aire de superioridad, sacudimos la cabeza en plan "paso-de-hacer-cola-que-parecemos-borregos" y nos ponemos a subir por las escaleras de toda la vida a la antigua usanza. Modernidades a nosotras ¡ja! Cuando íbamos por el tercer bloque de escaleras y nos dimos cuenta que nos faltaba el aire, no nos pareció tan mala idea lo de hacer una cola kilométrica para subir sin despeinarnos por las esaleras mecánicas, esa gente sabía lo que hacía, desde luego que sí. Entre jadeos (intentaré simular lo acabada que estaba con unas sencillas onomatopeyas) intentaba decir: "Estoy en forma, ¡ah! subo mogollón de escaleras en el gimnasio ¡ah! y no me canso ¡ah!, fijo que es porque estamos en ayunas ¡ah!, nos acostamos tarde ¡ah! y nos levantamos temprano ¡ah! es cansancio puro y duro !uff!. Ahora lo pienso y me pregunto porqué narices no me callaba y ahorraba energía que buena falta me hacía. Respuesta: mi orgullo de deportista estaba sumamente herido. Como castigo el lunes estuve una hora en el step.
Cuando llegamos a la calle hicimos un barrido visual rápido buscando una cafetería donde tomar algo. Todo vehículo necesita gasolina y nosotras estábamos en el límite, llevábamos bastante tiempo en la reserva.

Cuando en el rastro vimos unas chapas con la jeta de Paco Martínez Soria y la frase "la ciudad no es para mí" la tentación de comprárnoslas fue grande, pero el bochorno estaba cercano. Quizás la próxima vez.
En fin parroquia, sería un detallazo que intentaseis que me sintiese mejor, así que os propongo que me conteis alguna situación similar en la que os viesis inmersos. Sed buenos, y contádmela. Consideradlo la buena acción del día.

martes, 4 de mayo de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana III: el cine

En Ourense, en estas últimas semanas, está habiendo un ciclo de cine clásico cuya entrada es gratuita hasta completar aforo. Además de la pali en sí, antes y después de la misma hay una charla coloquio a cargo del actor ourensano Abelardo Pérez Gabriel. A nivel nacional ha hecho alguna cosilla (juraría que salió en "Al Salir de Clase" o "Nada es para siempre", aunque no estoy segura de en cuál), pero a nivel gallego es realmente conocido debido a su participación en varias series de éxito de la Televisión de Galicia.
Hasta ayer no había podido ir, ahora bien, me resarcí porque fui nada más y nada menos que trtrtrtrtrtrtrtrtrtrt psssss (eso pretendía ser un redoble de tambores con platillos finales incluídos): PSICOSIS (¡yuju!). Una amiga y yo llevábamos esperándolo y comentándolo desde hacía semanas, así que casi dos horas antes de que empezase ya estábamos de primeritas en la taquilla para conseguir las entradas.

Bueno, situémonos. Ya tenemos las entradas y ya estamos dentro del cine, a la derecha tengo a mi amiga y a la izquierda a una señora que podría ser mi madre o más mayor que va acompañada de tres amigos más y una bolsa de pipas de tamaño industrial (no sabría decir qué abultaba más si los amiguitos o la susodicha bolsa de pipas). Según íbamos entrando en el cine, se nos hacía entrega de unas papeletas poque se iban a hacer dos sorteos, uno era para un vale en una peluquería-centro de estética y otro para la figurita de un duende, bastante feo dicho sea de paso (mi amiga y yo queríamos que no nos tocase el duende bajo ningún concepto).
Se realiza el sorteo y la señora de al lado se indignó toda porque a ella no le habían dado la rifa para el duende. Era imposible que no se la diesen a no ser que se despistase y se saliese en algún momento de la fila, oséase, que la culpa mayormente fue de ella. Pues la tipa empezó a decir a voz en grito que se sentía discriminada porque no tenia la misma oportunidad que los demás para ganar el dichoso duende. No contenta con declamarlo a los cuatro vientos, empezó a dirigirse directamente a una servidora que, intentado ser educada, no le dijo lo que realmente pensaba: "Señora, la culpa es suya, si esperase pacientemente en la fila como los demás....", eso por un lado, por otro estaba pensando: "Y a mi qué me cuenta, señora. ¿Acaso tengo cara de psicóloga o de alguien a quién le importe?". Cuando ya era la tercera vez que me lo repetía, y la vena del cuello se me estaba hinchando, le dije en el fondo tenía suerte, que el duende era horrible y que no se preocupase que si me tocaba se lo regalaba encantada, es más, el favor me lo haría ella a mi.

Antes de empezar la peli, se pasó publicidad de todos los patrocinadores del evento. Pues la mujer empezó a decirme que menuda mierda, que así la peli en lugar de a las 20:00 empezaría a las 20:30 que menudo coñazo etc etc etc. Amablemente, le dije que si el espectador no pagaba entrada era por algo, que nadie daba duros a cuatro pesetas y mucho menos en tiempos de crisis. Pues la tipa erre que erre que no había derecho, que menuda pérdida de tiempo. Y yo aguantando el tipo y cantando una canción mental porque lo que me pedía el cuerpo era explicarle a gritos cómo funciona eso de los sponsor y que si ella estaba a punto de disfrutar de una de las joyas cinematográficas de toda la historia del cine en pantalla grande, y por la jeta, era básicamente, porque los dueños de los negocios de los que estábamos viendo los anuncios habían puesto pasta previamente. Y también quería gritarle que justo al otro lado, tenía gente que la conocía y a la que podía hacerle estos comentarios sin necesidad de molestar a los demás, que total no nos íbamos a ver nunca más en la vida (ni ganas).

Desde luego la peña es la leche. El cine es caro y, además, te arriesgas a ver un bodrio y gastarte las pelas en balde. En este caso, se va gratis y sabes a ciencia cierta que te va a gustar la película y que vas a pasar un muy buen rato, porque se trata de un clásico de unos de los maestros de la gran pantalla. Y, aún así, siempre hay alguien que tiene un "pero" o una queja. y lo más importante, ese alguien tiene que hacer partícipe a la concurrencia de su malestar. De verdad, esta gente ¿qué mas quiere?

Lo positivo de todo este asunto fue la peli, ¿qué digo peli? PELICULÓN, con mayúsculas y todo y no hay más que decir sobre ella, simplemente uno no puede morirse sin verla.

Nota: Lo de a continuación, es una disculpa pública en toda regla. Además de la amiga de la que hablo, había alguien más con nosotras en el cine, sentado a la derecha de la la amiga en cuestión y al que no menciono. Y eso que le debo el que en una ocasión me quitase el dolor de una mano accidentada, además rapidísimamente. No se que pulsó o dejó de pulsar pero cuando me di cuenta el dolor ya no estaba.
En mi defensa, diré que ante la duda de si le importaría o no que le mencionase vía blog, pues preferí curarme en salud.
De todos modos, estoy prácticamente segura de que volvereis a leer sobre él, es rara la peli que no voy a ver (tanto en cine como en su casa) con ellos. Tendré que pensar en unos psudónimos chulos aunque creo que lo mejor será consultarlo con ellos.

viernes, 19 de febrero de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo II: Las conversaciones de ascensor.

De todas las situaciones en las que el silencio se hace insoportable, las conversaciones de ascensor se llevan la palma. Máxime cuando no vives en el primero o el segundo y el tema "tiempo atmosférico" se agota enseguida. Yo antes no lo pasaba bien hasta que un buen día, hace un par de años una bombilla se encendió en mi cabeza y pensé: "La otra persona está tan incómoda o más que tú" y desde ese momento no sólo no lo veo como una situación embarazosa, sino que me parece incluso divertida.
Si, lo reconozco soy un poquito mala cuando se dan este tipo de situaciones y la persona en cuestión con la que comparto el silencio incómodo y un espacio físico reducido, no me cae bien.
Y como ya comenté anteriormente, el silencio perturba al personal que termina diciendo una gran cantidad de tonterías y estupideces de la más diversa índole con tal de llenarlos y eso, amigos míos, da como resultado un periodo de tiempo entre 20 segundos y tres minutos (depende de si hay que esperar el ascensor y lo que éste tarde en llegar), en el que uno se lo puede pasar francamente bien. Condición imprescindible para que esto pase: tu "compañero de silencio" te tiene que caer mal, si te cae bien no tiene sentido hacerle pasar un ratillo un tanto desagradable. De todos modos, no es algo difícil de conseguir, todo el mundo tiene un vecino al que no puede ver en pintura pero con el que se mantiene la educación. Este es mi caso:
Bueno, pongámonos en antecedentes: mis padres viven desde hace 21 años en el mismo piso, por lo que la gran mayoría de mis vecinos me han visto literalmente crecer, me conocieron cuando no llegaba a pulsar los botones del ascensor (quedarse con este dato de que me vieron crecer, ahora puede no parecerlo pero es de gran importancia). Y sí, en mi edificio hay una vecina, que llamaremos V. P. (de Vecina Plasta), a la que nadie puede ver. Hasta tal punto de que a sus espaldas la ponen verde incluso las que ella cree sus aliadas. Voy a narrar el supuesto más largo, es decir, entramos juntas en el portal, el ascensor tarda un montón en llegar y, encima, todavía falta el propio viaje en ascensor. La forma de proceder, es muy simple: ceñirse EXCLUSIVAMENTE a lo marcado por las normas de educación.
Nota: Una vez más, las frases en azul es lo que pienso pero no digo (ya sabeis, tengo cierto autocontrol que una ya tiene años como para gastar de eso).
Nota 2: Estas conversaciones de ascensor son RIGUROSAMENTE REALES.
Estoy entrando en el portal y cuando estoy girando las llaves me doy cuenta de que la tengo detrás: Mierda! por qué no me entretendría más en casa de la abuela, un achuchoncito más y me habría dado tiempo a llegar a las escaleras y no coincidir con ella. Pues nada, como no lo puedo evitar, habrá que hacer algo para que la cosa sea más... llevadera. Que empiece la función. Esto pinta bien, si hasta llevo las gafas puestas (otro dato importante).
- V. P: Hola
- María_MC: ¿Qué hay? (Una media sonrisilla de compromiso y un leve, casi imperceptible levantamiento de ceja acompañan este saludo tan "efusivo").
- V. P: ... (debe de estar buscando tema).
-María_MC: ... Vas de lado si piensas que voy a sacar yo tema. Puedo tirarme así horas.
-V. P: Pues parece que va a llover.
- María_MC: Parece que si. ¡Ale! tema-tiempo cortado de raiz, a ver cómo te las apañas, bonita.
Me mira y yo no sólo no rehullo la mirada, si no que la devuelvo fija, sin pestañear.
-V.P: ¿Te han puesto gafas?
-María_MC: Ya tardaba en salir el temita de las gafas, esto ya lo he vivido. Menudo planchazo te vas a pegar. Si
-V.P: ¿Hace mucho?
-María_MC: Pues.... (finjo que hago cálculos, para que parezca que cuento meses, ya se sabe como es tan "reciente" aún no me he acostumbrado a que las llevo) 21 años.
-V.P: ¡¡¡¡¡¿Tanto?!!!!!
-María_MC: Desde los cuatro años y tengo 25. Eche cuentas señora, que seguro que le cuadran.
Llega el ascensor, V.P. debe de pensar algo así como: "pero qué sosa es esta niña, por Dios, no colabora". Yo mientras tanto, me estoy frotando las manos. La forma de actuar de esta mujer es de manual y quedan 2 temas habituales por tocar, esto todavía da algo de si.
La entrada en el ascensor, es un momento clave. Me explico, soy muy alta pero suelo caminar algo encorvada, motivo por el cuál siempre me están machacando con eso de que tengo que andar derecha. Pues ¡ale! voy a elegir este preciso instante para empezar. Así que en el metro y medio cuadrado de superficie del ascensor voy a mostrar todos y cada uno de mis 185 centímetros en todo su esplendor y la mirada fija-imperturbable, como la de antes, la voy a lanzar desde las alturas, que impresiona más, mientras me cruzo de brazos, parece tal cual que como tosa un poco alto, le zurro.. Podría apoyar la espalda en la pared pero no, hoy justo hoy, me apetece ir con la espalda recta.
-V. P: ¿Cómo va la carrera?
- María_MC: Acabada. Y ahora es cuando por enéeeeeeesima vez me vas a preguntar lo que he estudiado. Evitarías estas situaciones si prestases un poco de atención en alguna de las 247.985 veces anteriores que me lo has preguntado, pero no hay tu tía, va a haber una 247.986, lo percibo.
- V. P: ¿Si?...... Venga, dilo, dilo.... ¿Y qué estudiaste? Como si te hubiera parido.
-María_MC: Ingeniería Química (En santiago)
-V. P: Y, ¿dónde se estudia eso? (El "eso" lo dice con un desprecio que no os lo podeis ni imaginar, de verdad. Como si fuera la mayor mierda del mundo, así que en ese momento ampliamos la estrategia: pasamos de la mera educación a mera educación+chulería).
-María_MC: En Santiago (5 años)
-V. P: Y eso, ¿es una carrera de tres años? Qué bien me tengo la lección aprendida.
-María_MC: La hay de tres años, pero yo hice la superior (pone cara de no saber muy bien de qué va el rollo). La carrera ("Eso", como usted lo llama) que yo hice, es de 5 años. Soy licenciada.
Lo se, lo se, lo se. Me estoy poniendo de un pedante que da asco. No giro la cara porque no soy capaz de mirarme al espejo del ascensor de la vergüenza que siento de mi misma, pero es el único lenguaje que esta mujer entiende, ya sabeis el "tú esto, pues yo más". Yo no puse las reglas de "nuestra relación", me limito a jugar según ellas.
Entonces llega el momento de apertura de la puerta y cada una por su lado hasta la próxima. Se podría pensar que ya no hay cabida para más estupidez, pero si. ¡qué le vamos a hacer! a esta paisana le va lo del más difícil todavía.
-María_MC: Hasta luego
- V.P: Adiós ........ (Venga no me falles ahora, dilo) y, ¡para ya de crecer! (Bingo)
-María_MC: Descuide. (Me giro y me largo, no vaya a ser el demonio y se le de por sacar otro tema. Con esta gente nunca se sabe)
Y en ese momento lo que me pide el cuerpo es soltarle el siguiente discurso que tengo preparado desde hace años porque esta situación ya está muy dilatada en el tiempo: "Señora, tengo 25 años, como ya le comenté hace escasos 2 minutos. Debo de llevar algo así como 8 años sin crecer ni un sólo centímetro, un periodo de tiempo relativamente largo (aunque no tanto como el que llevo con las gafas) como para que usted lo percibiera. El que yo siguiera creciendo, constituiría todo un milagro médico, científicos de todo el mundo vendrían a ésta, nuestra comunidad, para estudiar mi caso. ¿Por qué no piensa antes de hablar? o mejor aún, ¿por qué simplemente no cambia las preguntas o directamente se calla? Parece usted un disco rayado y, sinceramente, a mi ya me aburre".
No lo hago por educación, porque esa señora podría ser alguien entre mi madre y mi abuela y, básicamente, me parece una total pérdida de tiempo el tener una discusión por eso. Además, todavía no me he aburrido del todo. La carita que pone mientras busca un tema de conversación para llenar el silencio a la vez que se dice a si misma "Piensa, V. P., piensa", me puede. Es algo así como el principio de acción-reacción: carita de "Qué-silencio-qué-agobio" implica automáticamente el que yo ponga mi maquinaria a funcionar.

jueves, 11 de febrero de 2010

Carta del Ministerio de Trabajo e Inmigración

El viernes de la semana pasada, cuando llegué a Pontevedra a pasar el fin de semana y ya llevaba un rato pululando a lo largo y ancho por casa, va mi padre y me dice: "Te ha llegado una carta del Ministerio de Trabajo, la abrimos por si era algo importante, te la dejé encima de tu mesa".
A mi se me paró el marcapasos directamente, me quedé como un pasmarote clavada en el sitio, "firmé un contrato, soy una trabajadora totalmente legal", recuerdo que pensé. Algo de sangre al cerebro me llegó a pesar de que se me heló después de la intervención paterna, y acerté a preguntar que qué decía. Mi padre ni se giró para hablar me dijo, "mejor léela tú misma". Pues a mi mesa que me fui y me encontré con una carta firmada por el mismísimo Celestino Corbacho Chaves (firma impresa, ¿eh? no nos vayamos a flipar), flamante ministro de Trabajo dándome la bienvenida a la Seguridad Social y recordándome que ésta es una pieza fundamental en el funcionamiento nuestro Estado del bienestar y que en mi condición de afiliada tengo una serie de derechos y obligaciones y bla, bla, bla.
Lo primero de todo, fue sentir un enorme ridículo por las cosas que se me pasaron por la cabeza en el trayecto cocina-dormitorio que me niego a reproducir aquí, porque son chorradas demasiado grandes hasta para mi. En segundo lugar, el Ministro, se dirigió a mi (y supongo que a todos, era una carta modelo) como "querida amiga". Como diría mi abuela: "¿En qué taberna cominos ti e mais eu xuntos?", Celestino (tú has abierto la veda, tengo todo el derecho a dirigirme a ti así), ¿acaso me conoces de algo? ¿somos colegas? ¿me has visto la cara alguna vez en tu vida? ninguna respuesta afirmativa así que si no te importa para ti, soy"Estimada Señorita", que ya tenemos una edad y hay que aprender a mantener las formas y usar eso que se llama fórmulas de cortesía.
Y para acabar, en tiempos de crisis y de austeridad, ¿gastamos tiempo, esfuerzo, papel (que no era reciclado, por cierto), sobres y tinta en semejante chorrada? De verdad que me pregunto si del dinero público , se le está pagando a alguien por este tipo de funciones. Dinero que sale, entre otras cosas, de mis impuestos. Si, ese dinerete tan majo que me vais a sacar de mi nómina todos los meses como condición de afiliada a la Seguridad Social pieza fundamental de nuestro Estado de bienestar (es que me encantó esa frase de la carta, ahora la repito con bastante frecuencia).
Tras un discurso cargado de demagogia barata similar a este que escribo ahora, y que di allí mismo, en mi habitación, va mi única espectadora, mi hermana, esa persona que siempre mantiene los pies en la tierra, la voz de la razón y me dice: "¿Tú has visto los datos del paro? ¿Cuántas cartas como esta crees que envían al día?, tampoco es tanto dinero". Touché, tocada y hundida.
Con qué sencillez y economía de palabras, mi hermanita pequeña me abrió los ojos y me dejó planchada, dicho sea de paso. Soy una persona afortunada por tener a alguién como ella, hace que vea las cosas con perspectiva y mantenga los pies en la tierra.
Por cierto que aún no cambiaron el modelo de carta y me venía que tengo derecho a pensión de jubilación a partir de los 65 y no de los 67: Hay que actualizar Tinín (ya que por lo visto somos amigos me voy a tomar la licencia de darte un apelativo cariñoso), que a ver si se me da por guardar la cartita y luego a mi flores, reclamo jubilación a los 65, que lo tengo por escrito.

domingo, 7 de febrero de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana I.

El silencio está infravalorado. Esto es una máxima que me viene a la cabeza un par de veces por semana, por lo menos. El que lo diga yo, puede sonar absurdo teniendo en cuenta que soy una persona muy habladora. Pero, también es verdad que soy mujer de contrastes y paso rápidamente de la conversación más fluida, al más absoluto de los silencios, y no es que me pase nada, simplemente no tengo nada que decir, me gusta disfrutar de la calma.
Creo sinceramente que el sonido del silencio puede llegar a ser ensordecedor y que muchas veces una mirada puede decir, incomodar o herir más que una buena retahíla de palabras. Y ¡Vaya si el silencio incomoda! Puede llegar a ser insoportable.

El refranero español, rico y prolífico donde los haya, dice “Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”: una verdad como un templo. Pero tendemos a no apreciar el buen hacer de la sabiduría popular, lo que da lugar a situaciones de lo más absurdas que se evitarían simplemente cerrando el pico de vez en cuando, me explico. Cuando no hay confianza con la persona con la que se está compartiendo espacio, el llenar los temidos silencios puede ser algo realmente agotador y llegar a rayar la ridiculez. Yo personalmente, lo intento una vez, dos como mucho y, si la persona en cuestión no ayuda a reducir el nivel de incomodo, me afeito para arriba y paso, me meto en mi mundo y, una vez allí, ya no hay vuelta atrás, no me sacan ni con agua caliente.

Existe una serie de situaciones estúpidas que suceden a menudo en mi vida y las que de verdad pienso lo de “calladito estás más guapo/a”. Hoy voy a hablar de una de ellas, pero hay más que se comentarán a su debido tiempo.

Nota: las frases en azul es lo que pienso pero no digo, se que soy una borde pero algo de autocontrol tengo escondido por ahí.

Situación 1:

Esta suele suceder con la gente más próxima a ti. Tengo un momento de esos de “quiero-estar-en-silencio-pero-no-me-pasa-nada”, simplemente quiero ver la tele o leer y no quiero decir nada o no tengo nada que decir. Entonces SIEMPRE, aparece alguien a tocarte las narices y se repite siempre la misma historia:

Se sienta a tu lado y te mira, le/la miras pero sólo saludas y no dices nada más, a pesar de conocerme, no coge la indirecta del silencio:

- ¿Te pasa algo?
- No
- ¿De verdad?
- No, de verdad. Voy a mantener la vista fija en el libro o en la tele a ver si capta que no quiero hablar.
- Pues algo te tiene que pasar porque estás muy callada.
- No, de verdad que no. Es que estoy cansada. Voy a dar un motivo aunque sea falso, si doy cierta información lo mismo se sacia su curiosidad y me deja en paz. Al mismo tiempo miro a la persona y le dedico una media sonrisa conciliadora para que vea que estoy de buen rollo.
- Pues hace diez minutos estabas muy habladora, así que te tiene que pasar algo.
-¿Qué parte de “no” es la que no has entendido? Ya, bueno hace diez minutos era hace diez minutos.
- ¿Sabes que si te pasa algo puedes contármelo verdad?
- El vaso se está colmando, el vaso se está colmando… Ya se que puedo contar contigo pero de verdad que no pasa nada, sólo me apetece estar en silencio.
-Si no me lo quieres decir, no me lo digas pero a ti te pasa algo. Se colmó.

- NO ME PASA NADA, SIMPLEMENTE ME APETECE LEER TRANQUILA UN RATO Y CON TUS PREGUNTITAS NO ME DEJAS. AHORA MISMO EL ÚNICO PROBLEMA QUE TENGO ERES TÚ.
- Eres una borde! Tampoco hacía falta ponerse así, por encima de que me intereso por ti vas y así me lo pagas.

La persona se levanta echa un basilisco y se marcha con una gran teatralidad, puede que incluso de un portazo para dar más dramatismo a la situación. Se podría pensar que ahora puedes disfrutar del silencio, pero no. Ya se ha fastidiado tu plan de tranquilidad absoluta.