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sábado, 4 de diciembre de 2010

No-soy-una-alarma-de-móvil

Dicen que la memoria es la inteligencia de los tontos. Pues yo debo de serlo mucho porque es muy raro que me olvide de algo: fechas, citas, planes, anécdotas, fotos.... si alguién me cuenta algo, lo leo o lo veo, es como si se registrase en un disco duro: no lo olvido nunca más. Soy una agenda andante. Es la herencia paterna más poderosa que tengo pero, en ocasiones, se convierte en un auténtico lastre con el que cargar. Y no sólo porque muchas veces desearía realmente olvidarme de ciertas cosas o tener la capacidad de "esconderlas" en un lugar recóndito de mi cerebro, es por el morro que le echa alguna gente que DA POR HECHO que soy su personal assistant. Y porque nunca me cree nadie cuando digo que no me acuerdo de algo. Es más, si me dieran un euro por cada vez que me han dicho "sí que te acuerdas, pero no quieres decírmelo" no tendría que trabajar para vivir. Y ahora, explico mi tesis.

En la mayoría de los aspectos de mi vida, el tener una muy buena memoria, ayuda y mucho. Y, en lo que yo creía un "acto de generosidad" (vamos a llamarlo así), no me importa aplicar mi capacidad para hacer la vida de los demás más fácil. Es decir, no me importa recordarle las cosas a la gente o llevar el peso de las cosas, dado que no me olvido nunca de ninguna variable a tener en cuenta. Hasta ahí bien, es más, tengo una coña con una de mis amigas en la que decimos que soy su "agenda-personal shopper" y le recuerdo cosas sin ningún tipo de sentido para hacerlo más divertido etc.... Con personas así da gusto, porque no te crean la obligación. Hago estas cosas porque quiero, es mi forma de mostrar aprecio por las personas. Y hay gente, por suerte la mayoría, que te hacen sentir bien y te lo agradecen a pesar de que si actúo así no es buscando muestras de agradecimiento. Podría decirse que es egoísmo, porque me siento bien yo viendo como los demás están bien.

El problema viene cuándo hay personas que deben dar por hecho que una servidora va a recordarles las cosas que tienen que hacer o avisar de eventos, cumpleaños, temas de trabajo etc. Y si no lo haces, te lo exigen ¿eh?. Es que hay que tener morro no, lo siguiente, para llegar incluso a echarme en cara que no recordé que era tal cumpleaños o que no avisé de trámites de trabajo que, por encima, ni siquiera estaba enterada de que se estaban realizando, lo que implica no sólo dar por hecho que soy una alarma de móvil, sino también que tengo el don de la adivinación y que debo intuir lo que se cuece a mi alrededor a cada momento.

Pues sí, me ha pasado con varias personas a lo largo de mi vida y alguna más recientemente de lo que me habría gustado. Pero eso a la peña le da exactamente igual y que tengas un mal día también (y eso que a mí se me nota que tengo un mal día a leguas porque paso de ser una persona muy habladora a un mutismo y hermetismo total), te tiran la pulla sin pestañear aunque lleves toda la mañana en silencio trabajando sin molestar a nadie o les da igual aunque hayan entonado previamente el mea culpa y pedirte disculpas por no haber recordado un cumpleaños (sí, un cumpleaños), lo vuelven a hacer quince días después y al carajo. Y si das una mala contestación o, mejor dicho, una contestación con cara seria y cargada de sarcasmo, te miran como diciendo "tampoco es para que te lo tomes así". Es que no doy abasto con mis propios asuntos y, por encima, tengo que estar pendiente de los de los demás. ¡Manda cojones! (con perdón)

Total, como María nunca se toma las cosas mal y es una persona muy dispuesta... pues sí señores que no esté constantemente quejándome no significa que las cosas no me molesten, que no dé malas contestaciones porque soy una persona educada, no significa que no me afecten los dardos envenenados. Que tengo mi independencia como mi bien más preciado y que me guste hacer las cosas por mí misma, no significa que, de vez en cuando, se pueda tener un detalle para conmigo sin que lo tenga que pedir o insinuar. Que me guste mucho relacionarme y organizar salidas, cenas y demás, no significa que esté obligada de por vida a organizarlas en sí, invitar a todo el mundo, estar pendiente de que se asista o no, de que todo esté a gusto de todo el mundo y de que nadie se sienta mal o excluído. NO-ES-MI-OBLIGACIÓN. NO-LO-ES.
Claro, es muchísimo más cómodo esperar a que te propongan los planes y únicamente decidir si se participa o no, dónde va a parar. Es mucho más cómodo esperar a que te avisen de las cosas que estar pendiente de los asuntos de uno mismo. ¿Para qué? Si siempre hay algún idiota como María que lo hace por tí.
Hay que moverse, señores y espabilar. Que no todo el mundo es como yo, y está dispuesto a darse contra un muro una y otra vez con la mejor de las sonrisas. 

Pero la paciencia tiene un límite y la mía duró exactamente hasta ayer. Concretamente, 26 años y 92 días. No fue por un motivo o por una persona en concreto, ayer fue simplemente la gota que colmó un vaso que lleva casi lleno mucho tiempo, años diría yo.
Así que se acabó, lo siento pero se acabó. A partir de hoy seré una persona que seguiré desviviéndome por el bienestar de los demás, pero únicamente de aquellos que den ciertas muestras de reciprocidad. Se acabó eso de que yo de el 150% de mí misma y que, con suerte y en el mejor de los casos, obtenga a cambio un 30%. Creo que me he ganado con creces el derecho a pensar en mí misma antes que en los demás.
De todo hay que sacar una conclusión positiva y a mí esto me ha servido para no tener que devanarme los sesos pensando en los regalos de cumpleaños de el próximo año: agendas para todo el mundo porque, desde hoy, que cada uno se preocupe de sus propios asuntos.

sábado, 27 de febrero de 2010

Mi decepción con Rosa Díez

Tenía a Rosa Díez por una persona sensata, íntegra, de principios. Una persona que no estaba de acuerdo con los líderes de su partido y se fue fundando el suyo propio, cuando lo más fácil hubiera sido callarse y seguir chupando del bote dado que estaba bastante bien posicionada en el seno de dicho partido. Una persona que cuando hablaba, merecía enormemente la pena escuchar. Se la tacha de demagoga pero, ¿qué político no lo es?
Y va la tía y suelta la perla de "gallego en el sentido peyorativo del término" para referirse al presidente del Gobierno, vale que acertada no estuvo precisamente. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos hablado sin pensar en las consecuencias de nuestras palabras y nos hemos equivocado. Yo la primera. Por lo que, aunque poco afortunada, la situación era de fácil subsanación, con una simple rectificación o aclaración. Personalmente, me lo hubiera tomado como una mera anécdota si hubiera salido al día siguiente diciendo algo así como: "No pretendía ofender a nadie, fue una broma, pido disculpas a quién se haya sentido mal por mis palabras". Pero la mujer no sólo no se baja de la burra y no rectifica, sino que su partido, UPyD, atribuye a un complejo de inferioridad la protesta por el uso que Rosa Díez hizo de la palabra "gallego", para más exactitud, dicen que "es una muestra de intolerancia, complejo de inferioridad o perturbación nacionalista".
¿Que se está haciendo una montaña de un grano de arena? Puede ser. ¿Que se está saliendo todo de madre? Probablemente. ¿Que hay quién está a provechando la situación para hacer demagogia con el tema? Rotundamente sí. Pero esta señora y su partido, con su actitud, no están ayudando a aplacar los ánimos sino que están echando más leña al fuego. Repito que para mi, no hubiera dejado de ser algo anecdótico, un "alegre chascarrillo", si me apurais, PERO para que fuera así, tendría que haber rectificado. La habría honrado mucho más.
¿Intolerante? Pienso que no lo soy, ¿Complejo de inferioridad? nunca lo he tenido y mucho menos por ser gallega, de eso estoy más que orgullosa. ¿Nacionalista? Para nada, no es ningún secreto el que no lo soy. Y sin embargo, aunque en un principio no me sentí ofendida en demasía por la frasecita de marras, si que me siento así cuando pienso en el giro que están tomando los acontecimientos, por esa falta de sensibilidad por parte de esta gente, hacia los que sí se molestaron por sus palabras. En este tema, le voy a dar la razón al presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, y voy a hacer mías las palabras que usó para contestarle: "No ofende el que quiere, sino el que puede".

domingo, 7 de febrero de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana I.

El silencio está infravalorado. Esto es una máxima que me viene a la cabeza un par de veces por semana, por lo menos. El que lo diga yo, puede sonar absurdo teniendo en cuenta que soy una persona muy habladora. Pero, también es verdad que soy mujer de contrastes y paso rápidamente de la conversación más fluida, al más absoluto de los silencios, y no es que me pase nada, simplemente no tengo nada que decir, me gusta disfrutar de la calma.
Creo sinceramente que el sonido del silencio puede llegar a ser ensordecedor y que muchas veces una mirada puede decir, incomodar o herir más que una buena retahíla de palabras. Y ¡Vaya si el silencio incomoda! Puede llegar a ser insoportable.

El refranero español, rico y prolífico donde los haya, dice “Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”: una verdad como un templo. Pero tendemos a no apreciar el buen hacer de la sabiduría popular, lo que da lugar a situaciones de lo más absurdas que se evitarían simplemente cerrando el pico de vez en cuando, me explico. Cuando no hay confianza con la persona con la que se está compartiendo espacio, el llenar los temidos silencios puede ser algo realmente agotador y llegar a rayar la ridiculez. Yo personalmente, lo intento una vez, dos como mucho y, si la persona en cuestión no ayuda a reducir el nivel de incomodo, me afeito para arriba y paso, me meto en mi mundo y, una vez allí, ya no hay vuelta atrás, no me sacan ni con agua caliente.

Existe una serie de situaciones estúpidas que suceden a menudo en mi vida y las que de verdad pienso lo de “calladito estás más guapo/a”. Hoy voy a hablar de una de ellas, pero hay más que se comentarán a su debido tiempo.

Nota: las frases en azul es lo que pienso pero no digo, se que soy una borde pero algo de autocontrol tengo escondido por ahí.

Situación 1:

Esta suele suceder con la gente más próxima a ti. Tengo un momento de esos de “quiero-estar-en-silencio-pero-no-me-pasa-nada”, simplemente quiero ver la tele o leer y no quiero decir nada o no tengo nada que decir. Entonces SIEMPRE, aparece alguien a tocarte las narices y se repite siempre la misma historia:

Se sienta a tu lado y te mira, le/la miras pero sólo saludas y no dices nada más, a pesar de conocerme, no coge la indirecta del silencio:

- ¿Te pasa algo?
- No
- ¿De verdad?
- No, de verdad. Voy a mantener la vista fija en el libro o en la tele a ver si capta que no quiero hablar.
- Pues algo te tiene que pasar porque estás muy callada.
- No, de verdad que no. Es que estoy cansada. Voy a dar un motivo aunque sea falso, si doy cierta información lo mismo se sacia su curiosidad y me deja en paz. Al mismo tiempo miro a la persona y le dedico una media sonrisa conciliadora para que vea que estoy de buen rollo.
- Pues hace diez minutos estabas muy habladora, así que te tiene que pasar algo.
-¿Qué parte de “no” es la que no has entendido? Ya, bueno hace diez minutos era hace diez minutos.
- ¿Sabes que si te pasa algo puedes contármelo verdad?
- El vaso se está colmando, el vaso se está colmando… Ya se que puedo contar contigo pero de verdad que no pasa nada, sólo me apetece estar en silencio.
-Si no me lo quieres decir, no me lo digas pero a ti te pasa algo. Se colmó.

- NO ME PASA NADA, SIMPLEMENTE ME APETECE LEER TRANQUILA UN RATO Y CON TUS PREGUNTITAS NO ME DEJAS. AHORA MISMO EL ÚNICO PROBLEMA QUE TENGO ERES TÚ.
- Eres una borde! Tampoco hacía falta ponerse así, por encima de que me intereso por ti vas y así me lo pagas.

La persona se levanta echa un basilisco y se marcha con una gran teatralidad, puede que incluso de un portazo para dar más dramatismo a la situación. Se podría pensar que ahora puedes disfrutar del silencio, pero no. Ya se ha fastidiado tu plan de tranquilidad absoluta.


jueves, 14 de enero de 2010

Hoy no soy la alegría de la huerta.


El refranero español es sabio y rico donde los haya y dice que “Lo que mal empieza, mal acaba”. No me quiero imaginar el resto del día que me espera.

Me levanto como todos los días a las 8 menos cuarto para desayunar con mi madre. Mi humor es de perros y no se por qué. Tengo una mezcla de tristeza y cabreo con el mundo en general, no se cuál de los dos sentimientos es el que predomina, pero mi estado de ánimo no es el mejor desde luego.

“María, don´t worry-me digo a mi misma- esto ya te ha ocurrido otras veces, sabes exactamente lo que tienes qué hacer: te vistes, te pones la canción para subir el ánimo, te vas al gimnasio, descargas todo tu mal humor con abdominales extra, duchita reparadora, vuelves a casa te preparas tu cafecito y aquí no ha pasado nada. A las doce del mediodía estás como nueva”.

Pues allá que me voy, preparo la mochila, me despido de mi padre enciendo el iPod y busco la canción para empezar mi ritual de purificación de alma.



¡Qué bien que apenas llueve, un chirimiri de nada con la nochecita de temporal que hubo!

I´m gonna party, it´s a celebration
´Cause anyboby just won´t do
Let´s get this started, no more hesitation
´Cause every body wants to party with you… lalalala

Esto marcha bien, un agradable paseo tempranito, la gente camina al son de mi música y ahora una horita y media de ejercicio, te vas a quedar relajadita, relajadita.
Llego al gimnasio y cuando iba a entrar me encuentro a uno de los dueños y me dice que hoy no van a abrir (¡mierda! Precisamente hoy lo necesitaba como agua de mayo). Pocas cosas consiguen dejarme sin palabras, acabo de descubrir otra más. Ante mi expresión de total horror, me explica que el temporal de anoche hizo que el tejado de la casa de al lado se cayese y ahora tenían la zona de las cintas con agua (¡mierda!). No saben cuándo volverán a abrir (¡mierda!), ¿empiezo a llorar? Ahora no, hay que mantener el tipo.
¿Por qué, Señor?, ¿Por qué a mi? No te llegaba con dejarme sin entrenar hasta sabe Dios cuando, descargando tu furia en forma de temporal que, por encima, te ensañas con las cintas. Justo tenían que ser las cintas, el mejor antiestrés. ¿Por qué no afectó a la zona donde se ponen los culturistas? Tenía que ser en mis dominios.
Hombre, hoy tampoco me tocaba ejercicio aeróbico, no iba a usar la cinta tenía pierna, bíceps, tríceps y abdominales, pero mañana si. Mañana me tocaba cardio, y una carrera es algo fundamental para mí. Ahora tendré que salir a correr bajo la lluvia, de puta madre!!

Ale, para casa. Lo primero de todo, cambio de canción, esto ya no es “a celebration”.




Por el camino me encuentro a mi tío y me invita a tomar un café acompañado por un interesante debate sobre que el libro en papel ha muerto y el futuro es el e-book (será lo primero que me compre una vez consiga un sueldo fijo, aunque nunca renunciaré al placer de pasar las páginas).

Llego a casa y mi padre me comunica que la cafetera se ha estropeado. Vale, ahora sí que toca llorar. Me quedo sin mi único vicio, el oro negro!!! Me he quedado clavada en la puerta, no soy capaz de moverme. Definitivamente me ha mirado un tuerto. Me dice que sin café no me voy a quedar que ya tiene solución. En lugar de respirar aliviada, me entran unos impulsos violentos contra mi progenitor por no haber empezado por ahí y haber tardado en decirme que estaba solucionado el tema café. En silencio, para no soltar una bordería de las mías, me encamino a la habitación y comienzo a leer el tema de tributación que me toca para hoy. ¡Con lo que necesitaba hoy mi ritual para levantar el ánimo! Mi cabreo contra el mundo, no ha disminuido precisamente. Miro el reloj y veo que son las 10 de la mañana, quedan 14 horas para meterme en cama, me acuerdo del refrán de marras y no se si echarme a temblar.