sábado, 4 de diciembre de 2010
No-soy-una-alarma-de-móvil
sábado, 27 de febrero de 2010
Mi decepción con Rosa Díez
domingo, 7 de febrero de 2010
Situaciones absurdas de mi vida cotidiana I.
Creo sinceramente que el sonido del silencio puede llegar a ser ensordecedor y que muchas veces una mirada puede decir, incomodar o herir más que una buena retahíla de palabras. Y ¡Vaya si el silencio incomoda! Puede llegar a ser insoportable.
El refranero español, rico y prolífico donde los haya, dice “Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”: una verdad como un templo. Pero tendemos a no apreciar el buen hacer de la sabiduría popular, lo que da lugar a situaciones de lo más absurdas que se evitarían simplemente cerrando el pico de vez en cuando, me explico. Cuando no hay confianza con la persona con la que se está compartiendo espacio, el llenar los temidos silencios puede ser algo realmente agotador y llegar a rayar la ridiculez. Yo personalmente, lo intento una vez, dos como mucho y, si la persona en cuestión no ayuda a reducir el nivel de incomodo, me afeito para arriba y paso, me meto en mi mundo y, una vez allí, ya no hay vuelta atrás, no me sacan ni con agua caliente.
Existe una serie de situaciones estúpidas que suceden a menudo en mi vida y las que de verdad pienso lo de “calladito estás más guapo/a”. Hoy voy a hablar de una de ellas, pero hay más que se comentarán a su debido tiempo.
Nota: las frases en azul es lo que pienso pero no digo, se que soy una borde pero algo de autocontrol tengo escondido por ahí.
Situación 1:
Esta suele suceder con la gente más próxima a ti. Tengo un momento de esos de “quiero-estar-en-silencio-pero-no-me-pasa-nada”, simplemente quiero ver la tele o leer y no quiero decir nada o no tengo nada que decir. Entonces SIEMPRE, aparece alguien a tocarte las narices y se repite siempre la misma historia:
Se sienta a tu lado y te mira, le/la miras pero sólo saludas y no dices nada más, a pesar de conocerme, no coge la indirecta del silencio:
- ¿Te pasa algo?
- No
- ¿De verdad?
- No, de verdad. Voy a mantener la vista fija en el libro o en la tele a ver si capta que no quiero hablar.
- Pues algo te tiene que pasar porque estás muy callada.
- No, de verdad que no. Es que estoy cansada. Voy a dar un motivo aunque sea falso, si doy cierta información lo mismo se sacia su curiosidad y me deja en paz. Al mismo tiempo miro a la persona y le dedico una media sonrisa conciliadora para que vea que estoy de buen rollo.
- Pues hace diez minutos estabas muy habladora, así que te tiene que pasar algo.
-¿Qué parte de “no” es la que no has entendido? Ya, bueno hace diez minutos era hace diez minutos.
- ¿Sabes que si te pasa algo puedes contármelo verdad?
- El vaso se está colmando, el vaso se está colmando… Ya se que puedo contar contigo pero de verdad que no pasa nada, sólo me apetece estar en silencio.
-Si no me lo quieres decir, no me lo digas pero a ti te pasa algo. Se colmó.
- NO ME PASA NADA, SIMPLEMENTE ME APETECE LEER TRANQUILA UN RATO Y CON TUS PREGUNTITAS NO ME DEJAS. AHORA MISMO EL ÚNICO PROBLEMA QUE TENGO ERES TÚ.
- Eres una borde! Tampoco hacía falta ponerse así, por encima de que me intereso por ti vas y así me lo pagas.
La persona se levanta echa un basilisco y se marcha con una gran teatralidad, puede que incluso de un portazo para dar más dramatismo a la situación. Se podría pensar que ahora puedes disfrutar del silencio, pero no. Ya se ha fastidiado tu plan de tranquilidad absoluta.
jueves, 14 de enero de 2010
Hoy no soy la alegría de la huerta.
Me levanto como todos los días a las 8 menos cuarto para desayunar con mi madre. Mi humor es de perros y no se por qué. Tengo una mezcla de tristeza y cabreo con el mundo en general, no se cuál de los dos sentimientos es el que predomina, pero mi estado de ánimo no es el mejor desde luego.
“María, don´t worry-me digo a mi misma- esto ya te ha ocurrido otras veces, sabes exactamente lo que tienes qué hacer: te vistes, te pones la canción para subir el ánimo, te vas al gimnasio, descargas todo tu mal humor con abdominales extra, duchita reparadora, vuelves a casa te preparas tu cafecito y aquí no ha pasado nada. A las doce del mediodía estás como nueva”.
Pues allá que me voy, preparo la mochila, me despido de mi padre enciendo el iPod y busco la canción para empezar mi ritual de purificación de alma.
¡Qué bien que apenas llueve, un chirimiri de nada con la nochecita de temporal que hubo!
I´m gonna party, it´s a celebration
´Cause anyboby just won´t do
Let´s get this started, no more hesitation
´Cause every body wants to party with you… lalalala
Esto marcha bien, un agradable paseo tempranito, la gente camina al son de mi música y ahora una horita y media de ejercicio, te vas a quedar relajadita, relajadita.
Llego al gimnasio y cuando iba a entrar me encuentro a uno de los dueños y me dice que hoy no van a abrir (¡mierda! Precisamente hoy lo necesitaba como agua de mayo). Pocas cosas consiguen dejarme sin palabras, acabo de descubrir otra más. Ante mi expresión de total horror, me explica que el temporal de anoche hizo que el tejado de la casa de al lado se cayese y ahora tenían la zona de las cintas con agua (¡mierda!). No saben cuándo volverán a abrir (¡mierda!), ¿empiezo a llorar? Ahora no, hay que mantener el tipo.
¿Por qué, Señor?, ¿Por qué a mi? No te llegaba con dejarme sin entrenar hasta sabe Dios cuando, descargando tu furia en forma de temporal que, por encima, te ensañas con las cintas. Justo tenían que ser las cintas, el mejor antiestrés. ¿Por qué no afectó a la zona donde se ponen los culturistas? Tenía que ser en mis dominios.
Hombre, hoy tampoco me tocaba ejercicio aeróbico, no iba a usar la cinta tenía pierna, bíceps, tríceps y abdominales, pero mañana si. Mañana me tocaba cardio, y una carrera es algo fundamental para mí. Ahora tendré que salir a correr bajo la lluvia, de puta madre!!
Ale, para casa. Lo primero de todo, cambio de canción, esto ya no es “a celebration”.
Por el camino me encuentro a mi tío y me invita a tomar un café acompañado por un interesante debate sobre que el libro en papel ha muerto y el futuro es el e-book (será lo primero que me compre una vez consiga un sueldo fijo, aunque nunca renunciaré al placer de pasar las páginas).
Llego a casa y mi padre me comunica que la cafetera se ha estropeado. Vale, ahora sí que toca llorar. Me quedo sin mi único vicio, el oro negro!!! Me he quedado clavada en la puerta, no soy capaz de moverme. Definitivamente me ha mirado un tuerto. Me dice que sin café no me voy a quedar que ya tiene solución. En lugar de respirar aliviada, me entran unos impulsos violentos contra mi progenitor por no haber empezado por ahí y haber tardado en decirme que estaba solucionado el tema café. En silencio, para no soltar una bordería de las mías, me encamino a la habitación y comienzo a leer el tema de tributación que me toca para hoy. ¡Con lo que necesitaba hoy mi ritual para levantar el ánimo! Mi cabreo contra el mundo, no ha disminuido precisamente. Miro el reloj y veo que son las 10 de la mañana, quedan 14 horas para meterme en cama, me acuerdo del refrán de marras y no se si echarme a temblar.
