jueves, 30 de diciembre de 2010
¿Dónde está la cámara oculta?
martes, 26 de octubre de 2010
Razones por la que no se debe guardar un coche de empresa en el garaje de uno
martes, 5 de octubre de 2010
Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo IV: la mala combinación lluvia+coche.
jueves, 16 de septiembre de 2010
Cambio de look otoñal, propósitos de nuevo curso y demás monsergas
MODULO I: Un pouco de historia
1. Fundamentos das tecnoloxías web
2. Web tradicional contra Web 2.0.
3. A futura rede
MODULO II: Conceptos básicos
1. Licenzas de contido
2. Folksonomia
3. Retroalimentación na rede
MODULO III: Os piares da web 2.0
1. Redes sociais
2. Blogs e NaNoBlog
3. Xestión do coñecemento (wiki)
4. Ferramentas de vídeo
5. Ferramentas de imaxe
6. Ferramentas de son
7. Ferramentas de xeolocalización
8. Sindicación de contidos e podcasting
MODULO IV: Mercadotécnia 2.0
1. Como promocionar un sitio web
2. Os social medias aplicados ao entorno empresarial
3. A reputación on line
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Sindrome postvacacional, ¿qué es eso?
jueves, 20 de mayo de 2010
Crónica de una forastera en Ourense. Capítulo III: Relax Zen/Celta
Y dicho esto, vamos a lo que toca. Ayer miércoles, encontré una opción bastante viable. El plan consistió en salir de trabajar a las tres, ir a casa a por el coche, cambiarnos de ropa (fui con una amiga, una de las personas con las que suelo ver todas las pelis últimamente) e irnos a comer y pasar la tarde a las termas de Outariz.
Las citadas termas (las de la foto), son básicamente un balneario público al aire libre. Las hay gratis y de pago. Yo fui a éstas últimas.
El precio no es excesivo, son 4,95 euros por dos horas. Pero vamos, que yo no me dejo 25 euros semanales en esto, que si me aficiono empezaré a ir a las pozas gratis, aunque son bastante limitadas y, después de la experiencia de ayer, no se yo si me entusiasmarán un par de bañeras gigantes de agua caliente sin chorros y burbujas, como a las que yo fui.
Bueno, llegamos y lo primero que hicimos fue comer. Lo que no recomiendo es hacerlo allí, nosostras fuimos de pringadillas y la relación calidad-precio por un cochino sandwich y un agua no fue para tirar cohetes por decirlo de una forma fina. Además, como el lunes fue festivo , van y nos dicen que no les quedaba lechuga y no se qué más gaitas por lo que imaginaros como era el ágape y, por encima de no estar completo, no nos hicieron precio ni nada. Que sepais, por si a alguien le interesa, que también hay ensaladas y creo que menú del día.
Vamos ya a lo interesante. Hay dos circuitos termales, el zen y el celta, en los que se va combinando pozas de agua caliente templada y fría, sauna templada... Personalmente, me quedo con el celta, hay menos piscinas que recorrer pero son con burbujas y chorros que te golpean en la espalda y dejan a una como nueva. Lo que sí, la próxima vez que vaya, me centraré en único circuito y el resto del tiempo lo emplearé en tomar el sol, que por cierto, también hay tumbonas. Ayer, por querer hacer los dos, acabamos con el tiempo pegado al culo y ,si te pasas de las dos horas, te cobran otra entrada. Que sepais también, que los fines de semana abren por la noche y las vistas son impresionantes.
Resumiendo, me lo pasé pipa de charleta mientras hacíamos el recorrido. Hay carteles por todos lados pidiendo silencio para poder relajarte como Dios manda, pero lo que mola es estar comentando la jugada con alguien o, simplemente, cotillear y marujear. Desde luego que allí la peña pasaba ampliamente de lo del silencio, que quede bien claro que no fuimos las únicas "irrespetuosas" con el ambiente zen. Lo recomiendo a todo aquel que vaya de visita a Ourense. Es una gozada y la relajación de todos y cada uno de los músculos del cuerpo es total y absoluta.
Una última recomendación. Cuando os den el papelito con las normas (menudo ladrillo, yo básicamente hice que lo leía pero me cansé enseguida y, por encima, no tenía las gafas puestas), procurad no reiros de alguna de ellas. Conteneros en la medida de lo posible. Os miran mal si lo haceis. Lo experimenté en carne propia y ni siquiera fue una carcajada a mandíbula batiente, fue una media sonrisa con un pequeño suspiro. Bueno , para ser sincera, también señalé el papel y comenté algo por lo bajo, (o no tan bajo por lo visto) con mi amiga. El que avisa no es traidor. Aunque, para ser justos, aún nos lo pasamos bien a costa de la normas y prohibiciones de marras, nos estuvimos cachondeando de algunas las dos horas de circuito.
martes, 9 de febrero de 2010
Crónica de una forastera en Orense. Capítulo II: ¡Dios! qué frío hace en esta ciudad

Dicen que el frío es psicológico. Y una mierda psicológico. Si así fuera, yo desde luego que no lo sentiría, porque mira que me he intentado mentalizar desde que supe que tenía que venir para aquí, he invocado el pensamiento positivo e incluso para creérmelo más, he estado a punto de ir a trabajar en camiseta de tiras, pero nada. Tengo frío y no hay vuelta de hoja. A lo que si he llegado es a la conclusión de que tener una sensación térmica baja, probablemente mezclado con estar recién levantada, hace que tenga pensamientos.... un tanto peculiares, vamos a decir. Delirios no, pero andamos ahí, ahí.
Como se dice en el libro "Alicia en el país de las maravillas", empecemos por el principio y acabemos por el final.
Suena el despertador, saco la mano de debajo de las mantas (para ser concreto, sábanas, manta, edredón, otra manta doblada a la mitad y otra mánta fina más) para apagarlo y ya noto desde el minuto uno de la jornada que estoy en Ourense. Me siento unos segundos para intentar espabilarme y no caerme redonda al ponerme de pie, y mis ojos se dirigen a mis pies, los cuales están cubiertos por las pantuflas a juego con el pijama. Entoces mi mente retrocede al momento en el que fui a Valença do Minho, Portugal, y me compré la susodicha prenda. Allí, recuerdo que pensé: "Estos portugueses desde luego qué faltos de glamour están, dormir con calcetines. Habráse visto". Faltos de glamour no, prácticos, visionarios voy a ir más allá y decir que son genios. Claro, yo vivía muy cómoda en las Rías Bajas con ese clima oceánico, suave y agradable donde los haya, allí era fácil reírse de las ocurrencias de los habitantes del país vecino. No me había parado a pensar en lo afortunada que era climatológicamente hablando, ahora lo aprecio.
miércoles, 3 de febrero de 2010
Crónica de una forastera en Orense. Capítulo I: El primer día en el trabajo
Vale que no es la mejor canción del mundo pero tengo un par de estas de "chunda-chunda" para estos casos de "hay que espabilar de una vez". Al lío que me desvío, allí me planto y me recibe el jefe, me da mi e-mail de la empresa y ya me "traspasa" a la responsable del equipo al que me incorporo, la cual me da una visita guiada por toda la oficina y me presenta a todos los miembros de todos los equipos. Eran un mogollón de gente, sólo me quedé con el nombre de los jefes (son los importantes) y con los del resto del equipo al que pertenezco, el resto me los voy aprendiendo poco a poco, sobretodo en la hora del café. He de decir, que son todos encantadores, se prestan a ayudarte ciempre con una sonrisa, entienden que los primeros días tengas preguntas y contestan siempre de forma muy agradable. Además te integran casi al instante, en grupos de café, de comidas e incluso en salidas al margen del trabajo.
Mola un montón tener mi propia mesa, mi propio ordenador (nuevecito que vi con mis propios ojos cómo me lo instalaban,) mi perfil de usuario y en un mes, con un poco de suerte, mis propios vales de comida. Hasta ahora siempre usaba la mesa y el ordenador que en ese momento no estaban ocupados, nunca había tenido mi propio espacio.
Resumiendo el tema oficina, que tengo un montonazo de expedientes pendientes encima de la mesa que me están esperando pacientemente a que les meta mano mañana por la mañana, que las horas que estoy en la oficina (las que me corresponden y alguna que otra extra) no paro de trabajar pero que me encanta y el tiempo me pasa volando. Es para lo que he estudiado tantos años, y me doy cuenta que aunque prácticamente escogí la carrera no al azar, pero casi , no me equivoqué con ella. Tuve suerte y acerté.
Se que ahora todo es nuevo y tengo la ilusión intacta pero quiero disfrutarlo hasta que empiece a quemarme o hasta que se me acabe el contrato, lo que suceda antes.
Continuará en próximos capítulos...
martes, 2 de febrero de 2010
Molida pero contenta como unas castañuelas
miércoles, 27 de enero de 2010
Estado de mi desembarco en Ourense.
Tras la alegría, el alboroto y la euforia desatada el viernes cuando me dijeron que me daban el trabajo, llega el momento de enfrentarse a la realidad: tengo nueve días para organizarme la vida en una ciudad totalmente nueva para mí y cuatro de ellos son fin de semana.
Alguno pensará que no me queda tan lejos y que más o menos conoceré algo de la ciudad: error, pero qué queréis que os diga, siempre he sido más de costa que de interior.
Por encima, soy una persona que no deja nada a la improvisación, en lo que a cosas importantes de la vida se refiere, soy de las que lo tienen todo atado y más que atado. Así que el sábado me puse manos a la obra, con la ilusión, y también la presión, de ser la primera vez que estaba totalmente a los mandos de la nave: YO tomo todas las decisiones. Y he de decir que me encanta!!
Lo primero, buscar dónde dormir. No conozco a prácticamente a nadie (sólo a una persona y tampoco es cuestión de comprometerla) y, a pesar de que el puente romano es una joya arquitectónica, no terminaba de convencerme el vivir debajo, así que vamos a San Internet para que me saque del apuro. La oficina está en el centro y a mi me gusta moverme andando por lo que la decisión de la zona no es difícil, cerca del chollo para poder ir a pata. Mejor compartir, podría ir sola pero casi que lo dejo más adelante cuando ya conozca gente. Es algo que estoy segura que haré en el futuro, si la cosa sale bien y voy enganchando contratos.
Imprescindible, un gimnasio cerca. Se que mucha gente pensará: “ya salió el tema gimnasio, ya tardaba la niña”. A esas personas sólo les voy a decir que sí, que tienen razón, que soy adicta. En mi defensa, comentar que soy una persona muy nerviosa, un auténtico culo inquieto y mi cabecita no para de pensar y darle vueltas a las cosas en las 24 horas que tiene el día y es algo agotador. Pero cuando me subo a una cinta y me pongo a correr, consigo dejar mi mente en blanco, consigo no pensar en absolutamente nada y cuando termino de entrenar estoy en un estado de completa relajación. Ha habido veces de llegar casi llorando del estrés (como en exámenes) y salir como una auténtica balsa de aceite. Debería pagármelo la empresa, una hora y media de ejercicio físico aumenta mi rendimiento hasta límites insospechados.
Después de una búsqueda exhaustiva, situando todo con la ayuda de Google maps, objetivo cumplido: tengo piso en pleno centro, a diez minutos andando del trabajo, los tres compañeros que tienen pinta de ser muy majetes, tengo conexión a Internet y ocho gimnasios cerca. La cosa está entre dos, y en ambos la peña se gasta un postureo increíble, ya me veo comprando ropa nueva para que parezca que salgo de un catálogo de ropa deportiva y no desentonar.
Ya tengo portátil nuevo, las primeras semanas habrá que hacer un esfuerzo extra para integrarme lo antes posible y no ser una rémora, por lo que lo mismo tendré que trabajar en casa, es lo que hay. Pues se hace y punto pelota.
El día de la entrevista me fijé en la ropa de la gente, no por frivolidad sino por si había algún tipo de código de indumentaria o algo: negativo, la ropa que tengo me sirve perfectamente para este trabajo, aunque me pinta que mis adorados tenis y demás calzado deportivo se quedarán para los fines de semana. Pues nada, botas, zapatos y bailarinas, se ha dicho.
Ya sólo falta cambiar de coche y buscarle plaza de aparcamiento. Estamos en ello, pero es que comprar un coche no es una decisión para tomar a la ligera y no tengo ni idea de cuál es mejor o peor. Lo único que se decir es si es bonito o no y si el cuero de la tapicería es de verdad o polipiel, pero nada más. Para ello cuento con la colaboración de mi padre. Y mientras tanto, autobús que te crió para venir a casiña de vez en cuando (los fines de semana mientras que no tenga nada que rascar por allí)
Bueno, teniendo en cuenta que estamos a miércoles y no me marcho hasta el domingo, creo que puedo decir que no lo he hecho nada mal, me he organizado bastante bien (me voy a dar un aplauso a mi misma: plas!). Y ahora, lo más importante: procurar no meter la pata en el trabajo, por eso de que me interesa y quiero mantenerlo.
