Para empezar aclarar una cosa: yo de eso de síndrome postvacacional, no lo tengo. Es que fue poner un pie el lunes en la oficina y ser un "no-parar" continuo. Así que no sé si lo padezco o no, lo que seguro no tengo es tiempo para darme cuenta si está ahí o de pensar que la semana pasada estaba en la playa y mucho menos de deprimirme por ello. "The show must go on" y aquí hay que dar el callo, no hay tiempo para lamentos.
Si es que además tengo unos compañeros y amigos que valen su peso en oro. Además de ser muy cariñosos conmigo cuando llegué y decirme que se alegraban mucho de verme, después de tres semanas de ausencia, me tenían preparada una sorpresa.
Me explico: hay una norma no escrita que dice que aquel que está de cumpleaños lleva una tarta para la hora del café, además de tener que oir cómo se le canta el cumpleaños feliz a voz en grito en la cafetería. Como bien sabéis que lo habéis leído, el mío fue el pasado día 3, pero me reincorporé el lunes por lo que me presenté en la hora del café con dos bizcochos cocinados y horneados por una servidora. Cuál será mi sorpresa que después del "feliz, feliz en tu día..." (por cierto, que me parecía bastante más gracioso cuando yo era la cabecilla y comenzaba el cántico para que el homenajeado se pusiera colorado como un tomate) me sacan un regalo. A mí es difícil dejarme sin palabras, pero ¡vaya si lo consiguieron! me dejaron temblando el pulso y boquiabierta. Por cierto que el regalo fueron unas zapatillas Converse de cuero negras, para que me abriguen los pinrreles en invierno. Acertaron de pleno, he de decir.
Tras recuperarme y tomarme el cafelillo, me fui al curre. Por la tarde, como mi hermana estaba pasando unos días en Ourense me la llevé a las termas a relajarnos dos horitas, que ella nunca había estado y es algo que habia que subsanar de forma inmediata. Por Dios ¡qué gusto y qué relax!
Al acabar, fuimos mi hermana, mi compi de piso y yo a, lo que creía, ver una peli en casa de unos amigos y cuando llego y veo que me tenían preparada una cena sorpresa (con luces apagadas, grito de sorpresa, tarta con velas formando un 26 y todo) y me dan otro regalo (una mochila preciosa para el gimnasio, si es que me conocen a la perfección). Os juro que mi cara fue un poema, no me lo esperaba para nada. Me faltó el canto de un duro para soltar una lagrimilla y todo (con la edad me ablando, que no veas).
Sí es que aquí, en Ourense, me he encontrado una nueva "familia" que no veáis cómo me cuidan. De verdad que no me los merezco. Con gente así a mi alrededor ¿cómo se puede tener síndrome postvacacional? Lo que pienso durante las vacaciones es volver para estar con ellos.


