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miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sindrome postvacacional, ¿qué es eso?

Para empezar aclarar una cosa: yo de eso de síndrome postvacacional, no lo tengo. Es que fue poner un pie el lunes en la oficina y ser un "no-parar" continuo. Así que no sé si lo padezco o no, lo que seguro no tengo es tiempo para darme cuenta si está ahí o de pensar que la semana pasada estaba en la playa y mucho menos de deprimirme por ello. "The show must go on" y aquí hay que dar el callo, no hay tiempo para lamentos.

Si es que además tengo unos compañeros y amigos que valen su peso en oro. Además de ser muy cariñosos conmigo cuando llegué y decirme que se alegraban mucho de verme, después de tres semanas de ausencia, me tenían preparada una sorpresa. 
Me explico: hay una norma no escrita que dice que aquel que está de cumpleaños lleva una tarta para la hora del café, además de tener que oir cómo se le canta el cumpleaños feliz a voz en grito en la cafetería. Como bien sabéis que lo habéis leído, el mío fue el pasado día 3, pero me reincorporé el lunes por lo que me presenté en la hora del café con dos bizcochos cocinados y horneados por una servidora. Cuál será mi sorpresa que después del "feliz, feliz en tu día..." (por cierto, que me parecía bastante más gracioso cuando yo era la cabecilla y comenzaba el cántico para que el homenajeado se pusiera colorado como un tomate) me sacan un regalo. A mí es difícil dejarme sin palabras, pero ¡vaya si lo consiguieron! me dejaron temblando el pulso y boquiabierta. Por cierto que el regalo fueron unas zapatillas Converse de cuero negras, para que me abriguen los pinrreles en invierno. Acertaron de pleno, he de decir.
Tras recuperarme y tomarme el cafelillo, me fui al curre. Por la tarde, como mi hermana estaba pasando unos días en Ourense me la llevé a las termas a relajarnos dos horitas, que ella nunca había estado y es algo que habia que subsanar de forma inmediata. Por Dios ¡qué gusto y qué relax!

Al acabar, fuimos mi hermana, mi compi de piso y yo a, lo que creía, ver una peli en casa de unos amigos y cuando llego y veo que me tenían preparada una cena sorpresa (con luces apagadas, grito de sorpresa, tarta con velas formando un 26 y todo) y me dan otro regalo (una mochila preciosa para el gimnasio, si es que me conocen a la perfección). Os juro que mi cara fue un poema, no me lo esperaba para nada. Me faltó el canto de un duro para soltar una lagrimilla y todo (con la edad me ablando, que no veas).

Sí es que aquí, en Ourense, me he encontrado una nueva "familia" que no veáis cómo me cuidan. De verdad que no me los merezco. Con gente así a mi alrededor ¿cómo se puede tener síndrome postvacacional? Lo que pienso durante las vacaciones es volver para estar con ellos.

lunes, 30 de agosto de 2010

¡Qué grande eres Muse!: Crónica del concierto


¿Nunca os ha pasado que os encanta un grupo hasta que los oís en directo? Pues que sepáis que el viernes no pasó eso, sino todo lo contrario. Muse era una de mis bandas de rock favoritas, pero decididamente me gustan diez veces más, después de asistir a hora y media de actuación impresionante de principio a fin.
Empezaré a relatar la noche desde el principio. El macroconcierto tenía una duración de diez horas (se abrían la puestas a las 6 de la tarde), pero L. y yo teníamos claro que íbamos a ver a Muse y a los Pet Shop Boys por lo que con estar en Santiago aparcando el coche a las 9:30 para subir al Monte do Gozo y llegar con el tiempo justo para situarnos y que comenzase el concierto. El trayecto desde el parking a la parada de autobús, fue un cúmulo de recuerdos: el piso en el que viví 3 años con mi hermana (viví en otros dos sitios pero el mejor piso y los mejores años fueron los que compartí con ella), el súper dónde hacía la compra, mi gimnasio, las discotecas y pubs a las que solía ir, la cafetería que frecuentaba, los cines, la esquina donde cogía los periódicos “Metro” y “De luns a Venres” camino de la escuela de ingeniería… me había olvidado de lo mucho que me gustaba vivir en Santiago de Compostela. Es la mejor ciudad universitaria de Galicia sin duda alguna y la segunda de España, después de Salamanca.
En fin, a lo que vamos. Cogimos el autobús y nos plantamos en el Monte do Gozo. Nada más llegar sucedió uno de los momentazos de la noche: había mucha cola para entrar y yo ya estaba mirando el reloj porque disponíamos de algo así como 15 minutos antes de que comenzasen a tocar Muse, cuando levantamos la vista y vimos un cartel que señalaba una cola a parte, en el que se leía perfectamente “Ganadores de Gadis”, L. y yo nos miramos nos dijimos a nosotras mismas “cómo molamos” y allí que nos dirigimos. No voy a negar que me encantara que la peña nos mirase mal, con resquemor y envidia: no sólo no pagamos entrada sino que, por encima, no guardamos cola.
Llegamos a la carpa de recepción de los ganadores y nos dieron una cocacola, un amago de sándwich (era un quiero y no puedo) y una mochila, gorra y camiseta de “vivamos como galegos”. Mención aparte merecen los baños portátiles, pero no diré más para no herir sensibilidades. Vamos hacia la zona del concierto y, una vez más, hay una cola especial para los ganadores (jajajajajaja). Nos situamos y, pasados 10 minutos, comenzó lo que yo ya llamo una de las mejores hora y media de mi vida, musicalmente hablando. IN-CRE-Í-BLE. La música, el juego de luces del escenario, el grupo estuvo grandioso. Desde el minuto cero, tenían al público totalmente entregado y todo el monte rugía sin parar cantando todas y cada una de las estrofas de cada una de las canciones. También es verdad que a la vista del número de camisetas con el nombre del grupo que había por allí, el 95% de la gente (y éramos unos 25.000) fuimos a verlos a ellos. Inolvidable.
El bajón vino con el Dj que pusieron para amenizar la hora de espera para los Pet Shop Boys. La verdad es que no sé porqué me sorprendí, debí imaginármelo ¿qué clase de Dj se hace llamar “Dj cara de niño” o algo así de chungo/hortera? En fin, corramos un tupido velo. Entre el tío este, que salieron a tocar más de media hora tarde y que hacía un frío que pelaba (recordemos que era la 1:35 de la mañana y estábamos en un monte gallego), teníamos un bajón increíble y cabe destacar que debíamos volver cagando leches en coche porque a las 9:15 de la mañana debíamos estar en el puerto de Vigo duchaditas y peinaditas para coger los billetes de barco e ir a pasar el día a las islas Cíes (hecho que relataré mañana, dicho sea de paso).
Decidimos salirnos antes, coger el bus de las 2 y, tras 55 minutos de coche  haciendo un cálculo aproximado, estar como muy tarde a las 3:30 en camita. Podríamos dormir 4 horas. A las 3:10 seguíamos montadas en el bus urbano (estaba parado) que debía bajarnos a Santiago. La parte positiva es que me encontré a una de mis mejores amigas (con la que hice el último viaje a Madrid) y estuvimos recordando nuestra época universitaria en Santiago. La parte negativa era la pérdida de unas muy necesitadas horas de sueño. Tras hora y pico, el autobusero reunió el valor suficiente para comunicarnos que debíamos bajar (previa reposición del importe), porque dijo que estaba averiado, que nos buscásemos la vida en otro bus.

Este mensaje es para el chófer, por si se diese la remota casualidad de que sea uno de mis lectores: A ver alma de pollo, sé que es difícil hablar para un autobús atestado de gente, dónde alguno que otro está en un estado bastante lamentable y donde, además, había gente vestida de negro y con la cara tan perforada que metía miedo. Pero nos lo habríamos tomado mejor, si no hubieras esperado más de una hora para comunicárnoslo y ver como gente que dejó el concierto bastante más tarde que nosotros, partía para la ciudad antes.
Al final llegamos a Santiago cogimos el coche, le dije a L. que durmiera que yo estaba muy despierta y no necesitaba que me fuese hablando (el cabreo con el autobusero hacía que mis ojos estuvieran muy abiertos y rojos de ira) y vine conduciendo sumida en mis pensamientos y recuerdos de mi vida en Santiago. Llegué a la conclusión de que fue una etapa estupenda pero lo que yo quiero es imposible: lo que yo quiero es volver allí con 18 años recién cumpliditos otra vez y envidié por ello a mi hermana a la que todavía le queda un año estudiando allí.
Tras 54 minutos conduciendo, nos metimos en cama a eso de las 5, lo que implicaba dormir 2 horas y media. En mi caso fue incluso menos, pero esa historia ya os la cuento mañana. ¡Que viva Muse y que viva el Rock!



viernes, 20 de agosto de 2010

Casualidades increíbles: The Muse, allá voy!


Hace cosa de un mes y medio, me enteré de que en el macroconcierto del Xacobeo 2010 iban a tocar, entre otros, uno de mis grupos favoritos: the Muse. Me veo en la obligación de puntualizar que soy fan desde hace bastante tiempo y no a raíz de que formasen parte de la banda sonora de la saga de Crepúsculo. Lo mío viene de lejos.
Mi miedo era gastarme la pasta de la entrada y que luego Muse únicamente tocase 2 o 3 canciones. El caso es que entre que mi amiga R. y yo nos decidíamos a ir o no, se agotaron las entradas (Ooooohhhhhh). Aquí el que no corre, vuela.
Un buen día hace dos semanas, mi amiga L y yo decidimos pegarnos la paliza de casi dos horas de coche para disfrutar de una agradable tarde de playa y de paso visitar a nuestra amiga R (la misma de antes) y pasar la tarde con ella que estaba de vacaciones. Decidimos comer tarde (sobre las 5 de la tarde, téngase en cuenta que salimos de trabajar a las 3 y pico y luego había que volver a Ourense para ir a trabajar al día siguiente) pero hacerlo en la arena y con la brisa marina acariciando nuestra piel. Teníamos pensado llevar la fruta de casa, pero en el último momento decidimos ir a comprarla al Gadis junto con el agua. Dicha cadena de supermercados, sorteaba entradas para ya famoso concierto (supongo que ya sabréis por dónde van los tiros).
La casualidad quiso que en el último momento comprásemos la fruta allí, la casualidad quiso que la señora que iba delante de nosotras en la caja, no quisiera los cupones para participar en el sorteo y la cajera decidiera dárnoslos. Es más, con nuestra compra no llegábamos al valor mínimo para tener derecho a cupones ni de lejos. La casualidad quiso que decidiésemos cubrirlos y echarlos en el buzón dispuesto para la ocasión. Puntualizar que la semana pasada, me acordé de los dichosos cupones y le recordé a L. (que era la tesorera) que teníamos que llevarlos al súper. Y la casualidad y la diosa fortuna quisieron que el miércoles nos llamaran para comunicarnos que habíamos ganado. Bueno llamaron a L. pero habíamos pactado que iríamos juntas, así que el próximo viernes día 27 de agosto una servidora & friend (que va por Pet Shop Boys) se va a Santiago de Compostela al concierto del Xacobeo.
No veáis la ilusión que nos hizo ganar (bailecito en la calle fuera de la oficina incluido). Hubo quién llegó a decir que les hacía más felices vernos así, que si les hubiera tocado a ellos. Lo que no comprendo es como después de este notición fui capaz de estar concentrada las 2 horas que me restaban de la jornada laboral, misterios de la humanidad, supongo.

lunes, 28 de junio de 2010

De mudanza...

Buenas a todos.

No estoy desaparecida, es algo peor: estoy de mudanza, mejor dicho estoy de mudanza y tengo un fortísimo dolor de cabeza como consecuencia de la misma.

Al hecho de tener que cargar cajas, maletas y bolsas de viaje como una mula, hay que añadirle el pequeño detalle de que hay que hacerlo a unos 36 grados de temperatura. Por si esto no fuera suficiente, el miércoles duermo en mi nuevo piso y no tengo sofá, ni grifo en la pileta del baño. Esto último parece que se soluciona mañana pero lo del sofá va a tardar un poco más y me toca las narices un poco/bastante. Y si a eso le sumamos que la casera no deja hablar, no me deja explicarme ni a mi ,ni a mi compañera de piso y se limita a echar su rollo aunque no tenga nada que ver con el tema que se está tratando (aunque estoy convencida de que en su cabeza todo tenía sentido yo, por momentos, creí estar jugando al teléfono escacharrado), tenemos como resultado una jaqueca de las que hacen historia y pensamientos violentos bombardeándome el cerebro.

Soy una persona que odia que le digan lo que tiene que hacer y que la tomen por tonta, cuando detecto cualquier indicio de cualquiera de estas dos cosas, monto en cólera. Imaginaos la bilis que tuve que tragar cuando, entre otras cosas, tuve que aguantar una "master class" sobre como se cierra una puerta. Sí, amigos, habéis leído bien. Por bastante menos les he montado cada pollo a mis padres....

En fin, paso de envenenarme más que pretendo dormir bien (lo que el calor me permita, claro está) y sé que como siga así estaré cabreada toda la noche y parte de la mañana (probablemente hasta que salga a tomar café). Me quedo con lo a gusto y lo tranquilita que, seguro, voy a estar en mi piso superfabuloso (ya me veréis en "Quién vive ahí"). Podría decirse, que es mi primera casa y no voy a permitir que nada empañe este momentazo. Os iré contando pero más espaciadamente (lo mismo que no comentaré en vuestros blogs  tanto como me gustaría) puesto que no tengo, todavía, conexión a internet en el piso, pero no os perderé de vista y no abandonaré este blog. La opción de las cafeterías con wifi, está sobre el tapete.

¡Ah! se me olvidaba contar que la hora que puso la casera para quedar es a las 20:30, sí, la misma que, casualidades de la vida, la del partido de España. Conociendo el percal, calculo que tardaré como dos horas en recibir las llaves de marras. ¡Estupendo! Sin sofá y sin partido.

Nota al margen: para todos aquellos que comentastéis la entrada anterior, deciros que no cometí ninguna imprudencia al volante, siempre al máximo permitido. Que no quería sumar una multa a mis preocupaciones. Ya hice todos los kilómetros que necesitaba para relajarme y que, aunque no está solucionado el motivo de mis preocupaciones, convivo mucho mejor con ello. Por el momento no he necesitado más terapia de velocidad. Muchas gracias a todos por vuestros comentarios de apoyo.



domingo, 13 de junio de 2010

Crónica de una visitilla a la capital del reino. Capítulo II: Momentos Paco Martínez Soria

Lo primero de todo, se que llevo totalmente desaparecida bastantes días. Esta vez no hay excusa, en lo que se refiere a "mi vida blogger", estaba en plan totalmente vago. No me apetecía nada escribir y, teniendo en cuenta que defiendo a muerte que uno debe escribir por devoción y no por obligación, pues no lo hice. El día que empiece a considerar escribir aquí una tarea más y me suponga un agobio el no hacerlo pues será el momento de decir adiós a este chiringuito. Pero ya estoy de vuelta dispuesta a contar tres momentos del viaje a Madrid en los que quedó patente que no somos de la gran ciudad.


Momento 1: ni siquiera habíamos salido de Galicia, fue en el mismo aeropuerto de Santiago. Por favor, no empeceis a reiros ya. Por deferencia a nosotras podíais esperar a acaba de leer la anécdota ¿no?, vamos digo yo. Resulta que pasamos el control y nos dirijimos a la puerta de embarque. Avanzamos hasta que llegamos a una cola muy bien formadita sin nadie que se saliese de la fila ni nada. Paramos, mi amiga se sentó encima de su maleta y nos ponemos de palique. No caímos en la cuenta de que la gente a nuestro alrededor hablaba en inglés, estábamos espesas y no supimos ver las señales que había a nuestro alrededor. Tampoco nos hizo sospechar nada que, además de hablar en inglés, eran todos muy rubitos, muy del norte. Nosotras bla, bla, bla.... En esto oímos en un castellano perfecto: "¡Qué de pueblo somos, vemos una cola y ahí que nos ponemos" Ese grupo de chicos estaba en la misma cola que nosotras, es decir, en la del vuelo de Ryanair a Londres, no a Madrid. Nos miramos, miramos a los chicos que, en ese momento, pasaban a nuestra altura, nos encogimos de hombros y les confesamos que también nos habíamos equivocado. Menudo despiste ¿eh? ¡Uff!

Momento 2: no dio tiempo ni a reirnos a gusto de la situación 1, cuando la 2 ya estaba asomando. Llegamos a Madrid, dejamos las maletas y cogemos el metro. Hay carteles enormes y avisos por megafonía de que hay que hacer un transbordo en la propia línea porque hay un trozo de trayecto en obras. Pero a M. C. A. y a mí, no nos entró del todo en el disco duro. Creo que en ese momento no nos daríamos cuenta aunque lo anunciara una banda de música con mayorettes incluídas llevando un cartel con neones para comunicar a los alegres transeúntes el dichoso transbordo.
Nos montamos en el metro y otra vez a darle a la sin hueso. El hecho de que la gente se bajase del vagón y nos quedásemos solas, no nos dijo nada. No supuso ningún tipo de pista que hiciese que se nos encendiese la bombilla. Nosotras a lo nuestro. En esto, oigo por megafonía que se anuncia la parada de la que habíamos partido y se lo comento a mi compi: "M. que estamos otra vez aquí" Ella no se fía de mi oído y me dice que imposible, que no nos hemos bajado del vagón en ningún momento, que seguro que lo oí mal. Y en ese preciso instante, sin dejar que M. acabase su frase (un momento muy de sitcom americana) aparece ante nosotras el enorme cartel que indica que, efectivamente, nos encontrábamos de nuevo en el punto de partida. Esas somos nosotras, aunque llevásemos una camiseta con la frase "Somos de provincias", seguro que no se notaba tanto.

Cuando ya nos confiamos y nos dijimos a nosotras mismas que nos habíamos mimetizado totalmente con los madrileños. Incluso una camarera pensó que éramos de allí (decir que ella era andaluza, lo mismo ella también apestaba a provincias y no nos reconoció). El último día de estancia en la gran ciudad nos encontramos inmersas en la situación 3. Otra de metro, es que somos así de originales ¡ qué se le va a hacer!.

Vamos hacia el ratro, bajamos en la parada de La Latina. Todo el mundo debía de haber tenído la misma idea que este par de dos que somos nosotras y se dirigían hacia el rastro. No sabíamos que esta parada estaba más cerca del infierno que de la superficie terrestre y cuando bajamos y vemos la cola que se forma en las escaleras mecánicas, nos miramos con cierto aire de superioridad, sacudimos la cabeza en plan "paso-de-hacer-cola-que-parecemos-borregos" y nos ponemos a subir por las escaleras de toda la vida a la antigua usanza. Modernidades a nosotras ¡ja! Cuando íbamos por el tercer bloque de escaleras y nos dimos cuenta que nos faltaba el aire, no nos pareció tan mala idea lo de hacer una cola kilométrica para subir sin despeinarnos por las esaleras mecánicas, esa gente sabía lo que hacía, desde luego que sí. Entre jadeos (intentaré simular lo acabada que estaba con unas sencillas onomatopeyas) intentaba decir: "Estoy en forma, ¡ah! subo mogollón de escaleras en el gimnasio ¡ah! y no me canso ¡ah!, fijo que es porque estamos en ayunas ¡ah!, nos acostamos tarde ¡ah! y nos levantamos temprano ¡ah! es cansancio puro y duro !uff!. Ahora lo pienso y me pregunto porqué narices no me callaba y ahorraba energía que buena falta me hacía. Respuesta: mi orgullo de deportista estaba sumamente herido. Como castigo el lunes estuve una hora en el step.
Cuando llegamos a la calle hicimos un barrido visual rápido buscando una cafetería donde tomar algo. Todo vehículo necesita gasolina y nosotras estábamos en el límite, llevábamos bastante tiempo en la reserva.

Cuando en el rastro vimos unas chapas con la jeta de Paco Martínez Soria y la frase "la ciudad no es para mí" la tentación de comprárnoslas fue grande, pero el bochorno estaba cercano. Quizás la próxima vez.
En fin parroquia, sería un detallazo que intentaseis que me sintiese mejor, así que os propongo que me conteis alguna situación similar en la que os viesis inmersos. Sed buenos, y contádmela. Consideradlo la buena acción del día.

lunes, 7 de junio de 2010

Crónica de una visitilla a la capital del Reino. Capítulo I: El resumen de lo que hicimos.

Nuestra aventura comenzó el sábado de carnaval. De forma totalmente espontánea, a mi amiga M.C.A. y a mí se nos ocurrió ir a pasar un fin de semana a Madrid, sin ningún motivo especial ni nada, simplemente un viaje de desconexión y compras. Tras cambiar la fecha numerosas veces por intentar compatibilizar vidas y trabajos (hubo un momento en el que pensé que no lograríamos encontrar un fin de semana en el que ambas pudiésemos), planear, apañar días y demás monsergas llegó el gran día, viernes 4 de junio.
Pues nada, de buena mañana nos plantamos en el aeropuerto de Santiago de Compostela para tomar el avión que nos llevaría al tan ansiado destino. Una vez allí, fuimos a dejar nuestras maletas para comenzar cuanto antes a patear el centro, que tres días tampoco dan para tanto. El campamento base lo teníamos bastante a las afueras de Madrid, sólo diré que estábamos a media hora de metro de la Plaza del Sol, lo que implicaba algo fundamental que marcó el discurrir del viaje: una vez saliésemos de casa, para que compensase el día habría que tardar bastante en volver.
Tras poneros en antecedentes y, sin más dilación, ahí va lo que hicimos los tres días:

El viernes, una vez dejadas la maletas nos fuimos a Sol, donde comimos y estuvimos por los alrededores de paseo. Luego fuimos a la feria del libro, ante la pregunta de qué me compré, os contestaré que me autocastigué hace un mes a no comprarma más libros hasta que no les todo lo que me compré y que tengo pendiente, es decir, un total de 9 libros. A pesar de cumplir el castigo a raja tabla, me encantó el ambiente y disfruté como una enana del paseo entre tanto libro. Al acabar (me imaginaba que sería veces más grande que la de Pontevedra, pero mi imaginación se quedó totalmente corta), nos tiramos un rato a charlar en el césped del Retiro. Madre mía que paz, que gozada poder parar media hora de tu vida para sentarse a la sombra.
Cuando decidimos que era suficiente reposo nos dirigimos al Prado para justificar la parte cultural del viaje y justo en ese momento cerraban las puertas. Nosotras lo intentamos. De allí fuimos a tomar algo y cenar a la Plaza de Santa Ana y para casiña que estábamos algo cansadas.

El sábado fue el día grande de compras, entre pitos y gaitas estuvimos algo más de 16 horas en la calle. Tras la media horita de metro de rigor, nos dimos un buen homenaje en el desayuno y estuvimos por Gran Vía. Después de comer, Fuencarral y alrededores con parada obligada entre medias para tomar un cafecito en la terraza del Starbucks. Cuando empezamos a notar el cansancio a eso de las 9, nos sentamos a tomar algo y a hablar: que si te acuerdas de aquel jueves por la noche, aquella tarde en la biblioteca de la facultad de farmacia en la que no paramos de reir y gastarnos bromas, batallitas de residencia universitaria, que si cuál podría ser el destino del próximo viaje, que si deberíamos de hacer de este fin de semana algo anual, que si deberías ver tal serie, escuchar este grupo o leer aquel libro. Y, sobretodo, carcajadas a mandíbula batiente por doquier. El caso es que llegamos a casa pasadas las 3 de la mañana. Todavía estábamos riendo y cargadas de bolsas.
El domingo, como no podría ser de otra forma, fuimos al rastro. Era algo incuestionable: 2+2 = 4, la tierra es una esfera achatada por los polos y un domingo por la mañana en Madrid, se va al rastro y no hay discusión posible.
Comimos y, como le pillamos gustillo a eso de tirarnos al sol en el campito, pues ¡ale! a los jardines del palacio real. Aeropuerto, retraso de una hora en barajas y de vuelta a la vida real.

Se podría pensar que no hacía falta irnos a 600 km de Pontevedra para hacer lo que hicimos, que no fue nada fuera de lo habitual y, sin embargo, fue una pasada de fin de semana en el que de las 72 horas, tranquilamente 50 me las pasé riendo. Decía mi abuela que la buena conversación es el mejor alimento del alma. Mi alma ha engordado por lo menos 10 kilos en los últimos días.

Y en el próximo capítulo...... Momentazos Paco Martínez Soria del viaje. Esas situaciones en las que nos miramos y nos dimos cuenta de que apestábamos a provincias.

lunes, 15 de febrero de 2010

La importancia de la estética sobre cuatro ruedas

Tengo a "alguien" muy importante que presentar. "Alguien" con el que espero compartir muchos momentos en los próximos años de mi vida: mi nuevo y flamante coche. Voilá, este es mi pequeño.



Apenas tengo recuerdos de mi abuelo paterno, es lógico teniendo en cuenta que murió cuando yo tenía cinco añitos, ahora bien, los que tengo son muy nítidos. Recuerdo que los viernes siempre íbamos todos a cenar a casa de mis abuelos, yo salía del colegio, mis padres me dejaban en su oficina y ya se encargaba él de llevarme. Jugaba por allí mientras no cerraba, me llevaba al estanco de al lado y me compraba caramelos. A pesar de lo pequeña que era, siempre pedía los mismos que él, unos mentolados que picaban un montón, pero me daba igual: si eran buenos para él, lo eran para mi y no había vuelta de hoja.
Una vez cerraba, me montaba con él en el coche (delante y sin sillita adaptada, eran otros tiempos y no estaba prohibido) y nunca íbamos directamente a su casa: siempre había una pequeña excursión previa. Durante todo el trayecto, yo llevaba apoyada mi manito en la palanca de marchas y él, para cambiarlas, lo hacía poniendo su mano sobre la mía. Cuando llegábamos a casa, decía a todos que le había ayudado a llevar el coche y que metía muy bien las marchas, en ese momento yo creo que crecía dos palmos del orgullo. Yo lo achaco a esos momentos, pero desde que tengo uso de razón, siempre he querido conducir y desde que lo puedo hacer es algo que me encanta y me relaja. El día que me saqué el carnet, fue uno de los más importantes de mi vida, el día que conduje sola por primera vez también, y ahora que tengo mi primer coche para mi solita, no quepo en mi de gozo.
Por su escasez, guardo como oro en paño todo lo que mi memoria alcanza a recordar de mi abuelo. Algo tan cotidiano como el hecho de llevar mi propio coche, tiene para mi una especial relevancia, y no puedo evitar pensar en que me habría gustado que los papeles se intercambiasen y ser yo la que le llevase de excursión a él. Eso si, ni siquiera a él le dejaría fumar dentro.
El caso es que aunque me gusta todo lo relacionado con el manejo del coche, no tengo ni idea sobre ellos. No se cuál es mejor o peor, sólo se decir cuál me gusta y cual no, estéticamente hablando. Por lo que para decidirme entre uno u otro, solicité la inestimable colaboración de mi padre, de modo que él se encargaría de la parte mecánica y yo, de la parte estética. Es decir, se puede llevar un cochazo, pero hay tener en cuenta cómo te ves tú dentro de él.
Para explicarlo, un ejemplo. En California donde todo es sol radiante y calor, un descapotable puede tener sentido. Pero en Galicia donde la lluvia no da tregua (muchas veces ni en verano) y, por lo tanto no es una compra práctica, si ves a alguien que podría ser tu padre conduciendo uno con un sólo brazo y el otro apoyado en la ventanilla, no piensas "cómo mola ese tío", automáticamente te vienen cuatro palabras a la mente: crisis de los cincuenta. Y soy consciente de que habrá quién me tache de frívola, pero esto es así. Cuando la mayoría de la gente ve un coche, no piensa en los caballos que pueda o no tener, piensa "qué bonito" o "qué feo". Del mismo modo que nos probamos 10 pantalones, camisetas, americanas... diferentes, todas ellas de la misma calidad para ver cuál nos sienta mejor, el coche podría considerarse "un complemento más". Ya de tener que comprarlo, lo primero es que sea bueno y duradero, por supuesto, pero tampoco está de más que "nos quede bien".
De este modo, aunque me gustan los coches en plan monovolumen, soy consciente de que soy una chica de 25 años soltera. Ese tipo de vehículo lo dejo para cuando sea mamá-taxi y tenga que meter sillitas adaptadas.
Mido 1,85 por lo que un Ford Ka o un Twingo, aunque también me gustan, no es una opción si pretendo en algún momento llevar a gente, echaría el asiento hacia detrás de tal forma que no sería factible llevar a nadie en el asiento tras el conductor. Os aseguro que con el mío, hice la prueba usando a mi padre que sólo mide tres dedos menos que yo, así que la di por válida.
El vehículo elegido, un Volkswagen Polo United, es un buen coche (esto me lo dijeron y me fío, repito que no tengo ni idea de coches), que espero que me dure (no es un movil, no pretendo cambiarlo cada dos años) y, creo sinceramente, que es un coche "que me pega". A nadie le extrañará ver bajar de él a alguien como yo.
Ya le he hecho algo así como 150 kilómetros en día y medio y una tarrina de 10 CDs recién grabados ya descansa en la guantera (no hay como conducir con música). He de decir, que se conduce sólo, una auténtica gozada.
El único "pero" para que mi felicidad, en cuanto al coche se refiere, fuera completa, es que me habría encantado llevar a mi abuelo a dar una vuelta, antes de ir a cenar a su casa los viernes.

viernes, 22 de enero de 2010

Hay una parada menos en este país: una servidora.


Hoy voy a ser muy breve y probablemente la redacción sea una auténtica chapuza, pero creo que la excusa es buena. Estoy como una moto, no soy capaz de estar sentada en ningún sitio más de tres minutos seguidos, si para escribir esto estoy haciendo un esfuerzo de autocontrol brutal.

Lo mejor: el trabajo es de lo mío, de la especialidad que yo quiero y es en Ourense, es decir, a hora y media en coche de mi familia. Y sobre todo, que me independizo. Nunca tuve vocación de nada, de ninguna profesión en concreto, pero no levantaba un palmo del suelo y ya decía que lo que yo quería es ser independiente. Así que hoy se cumple uno de mis sueños. Dios! es una sensación estupenda!. Tengo la sensación de que mi vida empieza hoy, que me he estado preparando toda mi vida para este momento.

Y sobre todo siento un profundo agradecimiento. Para mis padres, porque me lo han dado todo, mi hermana porque es mi mejor amiga y es la persona con la que mejor me entiendo del Universo y la que mejor me entiende y me sabe llevar. Y para aquellos que siempre se han preocupado por mí y me han dado ánimos, sobretodo desde que en septiembre presenté el proyecto fin de carrera y me quedé sin nada que hacer. Yo, no soporto el estar tanto tiempo ociosa, soy un culo inquieto y hay gente que me ha aguantado muchas neuras en torno a una taza de café desde entonces, que me ha aconsejado, que ha tenido una paciencia infinita conmigo, que me hizo esto muy llevadero. A todas esas personas muchas, muchísimas gracias que sepáis que esto queda todo en el disco duro y yo no olvido nunca nada (ya me conocéis).

Así que a partir de febrero, tendré un horario como todo el mundo (no sabéis lo que echaba de menos esto).

Intentaré leer vuestros blogs y comentaros a lo largo del finde, pero no prometo nada. No se si conseguiré estar sentada tanto tiempo.