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lunes, 22 de noviembre de 2010

Sablazo en el hotel.

Lo prometido es deuda y en la entrada anterior dije que iba a contar una anécdota de hotel. Situémonos en el tiempo pues. 
Como ya comenté en la ya mencionada anterior entrada, la semana pasada la empresa me mandó a trabajar tres días a Ponferrada, lo que implicaba dormir dos noches en un hotel. Modestito, nada del otro jueves. Cuatro estrellas para ser exactos (hay que reconocer que ahí se portó).


Tras una primera noche estupenda en la que dormí de coña, probablemente y en gran parte debido a las almohadas tan mullidas que amablemente pusieron a mi disposición (y supongo que a la de todos los huéspedes) y la posterior jornada laboral en la que literalmente nos salimos del planning acabando bastante antes de lo previsto. Me dirijo a mi habitación para dejar el bolso, abrigo y bufanda (sí, hizo frío) y refrescarme antes de bajar a cenar. Y con refrescarme me refiero mayormente a evacuar que me estaba meando desde hacía un buen rato, dicho así, con toda la naturalidad del mundo mundial.

Iba por el pasillo pensando que era una pena que al día siguiente dejase la habitación sin haber hecho uso del minibar, que para más inri era gratuito, y que después de ir al baño y cambiar las botas por unos tenis, me tomaba superagustito una coca light antes de bajar al comedor. Paso la tarjetita, abro la puerta, paso la correa del bolso por encima de la cabeza y en ese momento mi vista se posa en una cestita que hay encima de la cama. ¡Ale! más "regalitos" además de geles, cepillos de dientes, esponja para los zapatos, gorros de ducha, jabones, clinex... que ya reposaban en el fondo de mi neceser a la espera de que repusieran.
¡Qué ilusa soy! no eran "regalos" era una clavada de 19 eurazos por lavarme y plancharme, dos bragas (3,50 euros cada braga ojo al dato), un sujetador, un par de calcetines y dos camisetas. ¿¿¿¿¿¿Para qué coj....(piiiiiiiii) quiero yo que me planchen las bragas?????? Mientras asimilaba lo que había pasado, mis pies cobraron vida propia y, por inercia, se dirijieron a la nevera. Mi subconsciente sabía exactamente lo que tenía que hacer: AMORTIZAR el sablazo. Así que abrí la neverita y a la cocacola que tanto pedía mi cuerpo, le siguieron una tónica y una fanta de limón.

Mientras me tomaba el refrigerio (momento experimental: daros cuenta que aún no fui al baño, los sobresaltos hacen que la vegija aumente su capacidad, sino no me explico que "la rellenase" a lo bestia y siguiera sentada en la silla mirando para la cestita de marras mientras caían una a una todas esas bebidas), hice una recomposición de los hechos. La noche anterior, cogí mi ropa y la metí en la bolsa que dejan los de la lavandería, le quité el papelito donde se anota lo que quieres que te laven (si es que quieres que te laven algo que no era mi caso) y le dejé en la parte de arriba del armario lejos del mundanal ruído y de las miradas indiscretas de los empleados del hotel. Os preguntaréis por qué no la dejé dentro de la maleta. No fue un descuído, lo hice con toda la intención. Si los calcetines desprendieran o desprendiesen olor, no apestarían la ropa que me pondría en días sucesivos.

O sea que los muy mamones, abrieron mi armario, husmearon (porque la bolsa a la vista no estaba que me aseguré y bien sabéis que cuando me aseguro de algo lo hago a conciencia) y decidieron lavarme la ropa y cobrarme semejante salvajada. Debieron pensar que ya puestos en gastos, la planchaban también y así se cobraba oportunamente un plus. ¡La madre que los parió! La de pollos que les tengo montado a mis padres y a mi hermana por abrirme el armario sin mi permiso y vienen estos y no se quedan en abrir sino que, por encima, cotillean. ¡La madre que los parió otra vez! (y otra más, que puestos en gastos yo también hago recargo).

 Tras atender una llamada de mis padres, con los que no escatimé en expresiones malsonantes para dejar patente mi estado de gran cabreo, bajé a cenar. Tras la cena con mis compis, fui a recepción para ajustar cuentas, ya que, aunque por esta vez generosos, en la empresa no me pagaban el planchado de la ropa interior, y le dije en el tono más educado que me salió (estaba totalmente calmada, la cena hizo milagros) que me cobrasen el servicio de lavandería que, para nada, había pedido. Al final resultó que para solventar "el mal entendido" (todavía sigo sin entender qué entendieron mal) me cobraron únicamente los costes que les suponía a ellos. Me siguió doliendo pero algo menos.
¡Ah! y se me olvidaba, con la cena tomé una botella de medio litro de agua y todavía subí y me puse cómoda antes de evacuar. Empíricamente probado: los sobresaltos ensanchan la vejiga.

lunes, 11 de octubre de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo V: La "Pontevedra High Class"

Todos sabemos lo que pasa en las ciudades pequeñas. Queremos dárnolas de importantes, de cosmopolitas, de modernos y demás y en el fondo no llevamos un cartel en la frente que dice "Soy de pueblo" porque no hace falta, se nos ve a leguas.
Hoy quiero hablaros de una especie en peligro de extinción dentro de la sociadad pontevedresa: La "Pontevedra High Class". Digo que está en peligro de extinción porque, aunque tarde, mal y arrastras, mi ciudad poco a poco evoluciona y se va metiendo en el meollo y la vorágine que supone estar en el siglo XXI.
Os voy a poner en antecedentes antes de narraros mi encontronazo con un especímen de dicha raza que, casualidades de la vida, viven en mi ya famoso edificio.

Pontevedra, ciudad costera del noroeste peninsular, es un lugar de tradiciones fuertemente arraigadas que perviven en el tiempo. Todas ellas respetables aunque muchas no compartidas por mí: no tengo nada en contra y no despotrico, simplemente no acudo a este tipo de actos. Es más, no tengo absolutamente nada en contra de dichas tradiciones, lo tengo contra algunas personas que hacen de ellas casi una segregación por clases sociales. Por ejemplo, el baile del Casino. Toda jovencita de la "alta sociedad pontevedresa" es socia del casino y al llegar a los 16 años ha de ser presentada en sociedad en un baile de etiqueta la víspera del día grande de las fiestas patronales. Sí, igualito que en The O.C. o en Gossip Girl. Por si no ha quedado claro: yo NO lo hice. Para empezar porque no somos, ni hemos sido nunca socios del Casino. Cualquiera que pertenezca a la P.H.C. (escribo el nombre en acrónimo que es muy largo), evidentemente pertence a dicha institución.

Otra característica de mi ciudad en general y de la P.H.C. en particular es pensar antes de nada en "el qué dirán" y en la apariencia: lo importante no es lo que uno es, es lo que los demás creen que eres. Esta peculiar filosofía de vida, propicia que se produzcan situaciones totalmente absurdas que no tienen ni pies ni cabeza. El 80% de los miembros de las grande sfamilias de los años 60-70 ahora son ricos venidos a menos pero claro, hay que seguir haciendo alarde de apellido y alta alcurnia y a dónde no llega, se manda recado si hace falta. Por lo tanto, los bisnietos de las grandes familias seguirán yendo a colegios cuya matrícula cuesta un riñón, aunque no se tenga ni para comer. En verano la semanita de vacaciones a todo tren es sagrada, aunque se tenga que pedir un crédito para poder ir. La ropa necesariamente tendrá que ser de marca aunque guardemos las etiquetas y se devuelva una vez haya pasado el superevento al que haya que asisitir. La cuota del casino es el único pago que se lleva religiosamente al día. Los hijos y nietos de "los pobres" no pueden prosperar y si, Dios quiera que no, lo hacen, hay que dejarles bien clarito que no pertenecen a ese exclusivo mundo desde el minuto cero.

Este comportamiento no es, para nada, la tónica general. Estas chorradas únicamente las hacen cuatro muertos de hambre que se creen que esto sigue siendo principios de los 70, cuando había criadas con cofia y la máxima aspiración de las niñas de 18 años era pillar cacho con uno de los marinos de la Escuela Naval Militar y no trabajar (eso es de pobres). Son un puñado de pedantes que se pasean por la ciudad con aires de grandilocuencia y un rictus facial como si oliera mal  a su alrededor. Pero alguno de estos especímenes todavía queda y son lo que denominamos "Pontevedra High Class". Repito que no es lo habitual, gente así la hay en todos lados, yo simplemente me limito a escribir sobre los que pueblan mi ciudad. Como ya dije, están en peligro de extinción.

En mi edificio tengo alguno de estos pardillos, concretamente tres (que son bastantes teniendo en cuenta que no vivo en el centro). De una ya os hablé en una ocasión, (la vecina plasta), con otra hace bastante que no coincido en el ascensor y cuándo tengo "esa suerte" la cosa no va más allá de un "hola/qué tal". Voy a contar mi corto viaje es ascensor con un miembro de la familia a la que pertenecen los terceros en discordia.

Hoy por la mañana, tras salir a hacer algún que otro recado con mi padre, una servidora se encontraba esperando el ascensor, cuando por el rabillo del ojo observé como mi querido vecino al que, con todo el cariño, llamaré Willy Fog (enseguida sabréis porqué) estaba con sus llaves en la mano intentando entrar. Como el tío, además de pedante, es muy educado y agradable (los buenos modales que no falten, por Dios) me dije a mí misma que le iba a ahorrar la maniobra. Bajo los dos escalones que me separaban de la puerta de entrada y le abro. A continuación va una transcripción de la conversación. Por cierto, casualidades de la vida es socio del Casino y estuvo muy bien situado en la directiva del mismo.


Willy Fog: Hola, buenos días.
María_MC: Buenos días. Es un señor mayor, me dije a mi misma, dale conversación que podría ser algo entre tu padre y tu abuelo. Ya refresca ¿eh? y pensar que hace dos semanas estábamos en la playa....
W.F.: La verdad es que sí, que han bajado las temperaturas de una forma...
María_MC: el clásico otoño en Galicia.

Y, ahora, atención con lo que me salió el tío. Redoble de tambores....
W.F: Pues yo este verano estuve dando la vuelta al mundo con unos amigos y en los Emiratos Árabes, había 45ºC.

María_MC: Yo también estuve a 45ºC ¿sabe? es que trabajo en Orense. No hace falta irse tan lejos. (Se abre la puerta del ascensor)
W.F. jajajaja Me alegro de verte
María_MC: jajajaja (Ambas risas falsas)

Hay que reconocerle el paisano la "sutilidad" con que llevó la conversación a su terreno. Tuvo mérito, la verdad sea dicha. Seguro que cuando le salí con lo del tiempo los engranajes de su cerebro se pusieron a trabajar a toda máquina para ver cómo podía meter lo de la escapadita  veraniega en la conversación. El mensaje estaba claro: "da igual que esté jubilado, mi mujer no haya trabajado en su vida, siga viviendo de alquiler y tenga una tortuga asmática por coche: que sepas bonita, que este verano dí la vuelta al mundo".

martes, 5 de octubre de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo IV: la mala combinación lluvia+coche.

Antes de empezar con el asunto concreto que voy a tratar, una pequeña aclaración. Soy una persona extremadamente responsable al volante. NUNCA hago una maniobra de riesgo y las que no tienen riesgo (como por ejemplo un mero adelantamiento por una carretera de doble sentido) no las hago a menos que las vea 100% seguras. Ahora bien, la velocidad me encanta y si la máxima permitida es 120 km/h las condiciones de la carretera y meteorológicas son óptimas y no hay ningún tipo de peligro, nunca me veréis a 119. Siempre dentro de la ley. De todos modos la cabra tira al monte y yo soy hija de mi padre. Y ahora ya no tanto, pero de joven me consta que no era de los que iban pisando huevos precisamente. La genética me ampara en este asunto. Y ahora a lo que vamos.

Es otoño y estamos en Galicia lo cuál implica que semana sí semana también, estaremos bajo la amenaza de temporal por lluvia y viento. Seguro que habrá algún notas que lo achaque al cambio climático que, haberlo hailo, pero éste no es el caso. Aquí la meteorología otoñal es así de toda la vida.
Este último fin de semana fue uno de esos de los que yo llamo "café y manta" llovía a mares y no se podía salir de casa. Pero claro, llegado el domingo por la tarde a pesar de estar como una reina en casa en Pontevedra y de las inclemencias del tiempo, una servidora debía emprender rumbo hacia Ourense que hoy había que trabajar. Lo peor del viaje de vuelta ¿la lluvia? ¿el viento? ¿un árbol caído en medio de la carretera? NO, la brasa que me dieron mis padres todo el santo fin de semana con la precaución al volante, que incluyó un parte meteorológico detallado cada hora y un par de situaciones absurdas. Como viene siendo habitual en estos casos, de color azul todo aquello que pienso y no digo. Ya sabéis como funciona esto.

Situacion 1:

Llego el viernes por la tarde-noche a casa y se me recibe así:

Padres de María_MC: ¡Hola cariño! (beso) ¿qué tal el viaje? (beso al otro progenitor). 
María_MC: Muy bien, como siempre.
P. M. ¿Viniste por la carretera general o por la autovía? (Beso a mi hermana).
María_MC: ¿Otra vez? Pero si lo saben de sobra que es el mismo cuento cada fin de semana. Tranqui que acabas de llegar, es muy pronto para una discusión bizantina. Por la general, ya sabéis que si no hay curvas, me aburro.
Dirijo mis pasos hacia la habitación del fondo del pasillo para dejar la maleta y no he llegado cuando oigo:
P.M: Pues dan temporal de lluvia y viento para todo el fin de semana, así que el domingo cuando marches ten cuidado y vete despacio.
María_MC: Genial, no he dejado la maleta y ya estamos hablando de cuando me marche. ¡Hogar, dulce hogar! Vale.
P.M. Y ahora está bien pero cuando empiece el frío mejor que no vayas por la general que el Paraño estará helado, vete por la autovía que la tienen más cuidada.
María_MC: Y también por la autovía tengo únicamente 3 sitios para parar en 130 km y por la general hay un bar cada 100 metros (aclaración: en Galicia la población está muy dispersa. Tres casas ya es un núcleo poblacional y cuatro una parroquia. Los pueblos no están delimitados. Nunca deja de haber casas). Vale, papá.

Ya véis. No tuve tiempo de quitarme la cazadora y ya se me esté adoctrinando, no sólo para el viaje de vuelta, sino para dentro de mes y medio más o menos. Y yo aguantando el tipo sin meterme con nadie. He madurado un montón, estoy orgullosa de mí misma.

Situación 2:

Sábado después de comer, la lluvia arrecia. Mi madre está durmiendo la siesta con la radio de fondo y debieron dar el parte meteorológico. Yo estaba viendo Brothers and Sisters en mi ordenador cuando oigo un alarido desde el otro ala de la casa.

Madre María_MC: ¡¡¡¡Maríaaaaaaa!!!!!!!
María_MC: Pues si tú no te levantas y gritas, yo aquí me quedo sentadita en la butaca. Así que a gritar toca. ¿¿¿¿¿¿Quéeeeeee???????
Mami: ¡¡¡¡¡¡Que mañana va a llover mucho y que va a haber mucho viento!!!!!!. ¿Dónde he oído esto yo antes? Estoy teniendo un deja vu brutal.
María_MC ¿Y? ¿Qué pretendes? ¿que me quede aquí y no vaya a trabajar el lunes? Seguro que a mi jefe le encanta eso de que no voy porque hace viento. Voy a hacerme la tonta a ver con qué me sale ahora. La próxima vez que llueva un poco fuerte no vengo el fin de semana, ya verás como empezamos a cambiar el discursito de marras.
Mami: Pues que respetes la distancia de seguridad y que vayas despacio.
María_MC: ¿¿¿¿¿¿¿¿ ???????????? ¿Lo Cualo? Eso hay que hacerlo aunque no llueva y no sople el viento. ¿Por quién me has tomado? Punto, set y partido para mí.

Situación 3:

De ahí a media hora, papi hace su entrada en escena.

Papi: Oye, que dice La Voz de Galicia que además de lluvia, va a haber viento. ¡No fastidies! ¡No estaba previsto! Esto se sale totalmente del guión. ¿Porque nunca nadie me dice nada?
María_MC: (Miro por encima de los cristales de las gafas). Ya, algo había oído, sí. ¿qué le voy a hacer papá?
Papi: Pues que agarres bien el volante que a ver si se te va a ir el coche con el viento. ¡No me lo puedo creer! ¡Tengo una licenciatura, dadme un voto de confianza por el amor del Boss! Sí que he madurado. Tengo la réplica borde en la punta de la lengua y aguanto como una campeona.

Situación 4: la traca final.

 Que conste que hubo alguna más, incluída una clase por teléfono de conducción segura por parte de mi abuela. Esa persona que lo más cerca que ha estado de tocar un volante es cuando va en el asiento del copiloto y se pone el cinturón.

Domingo después de comer. Hago la maleta.

Papi: ¿Ya marchas?
María_MC: Sí.
Papi: Pues es la mejor hora. Márchándote a las cuatro, está todo el mundo de sobremasa. Además, que ahora mismo está amainando. Entra otro frente a última hora de la tarde pero porla costa y tú vas hacia el interior...
María_MC: Ya, bueno es que tengo cosas que hacer allí ¿sabes? la hora es lo de menos. Me iría de buena gana más tarde. Ya he conducido con lluvia a mares, no me agrada pero tampoco me asusta.

Ya en el ascensor.
Papi: ¿Vas así? ¿No tendrás frío? Aclarar que iba con un pantalón de deporte corto, camiseta y sudadera.
María_MC: Pero si voy de garaje a garaje. ¿qué frío voy a tener?
Papi: Bueno mujer, ¿Y si te tienes que bajar del coche por cualquier cosa? (Como evitamos decir "si te pasa cualquier cosa..." ¿Eh?) ¿Vas con esa pinta? Se acabó, esto pide una ironía a gritos:
María_MC: No es para tanto. Además, que si tengo que cambiar una rueda o algo, conseguiré más ayuda si enseño pierna ¿no? Está todo pensado, papá. Estadísticamente es más probable encontrarme a un caballero español en una gasolinera que a una mujer. Todo forma parte de mi plan de S.O.S. No te preocupes, sé cuidar de mí misma. ¿Qué? ¿Me acompañas al garaje y me ayudas a bajar las cosas?

La ceja de mi padre cobró vida propia. Primero se levantó y luego bajó para acabar en ese ceño fruncido que le ha dejado una arruga horrorosa en el entrecejo (dicho sea de paso). Me echó su mirada de: ¿No puedes contestar como una persona normal? Finalmente dijo, deja que te ayude con algo.

Por cierto: ¡menuda carrera de meteorólogo se truncó con mi padre! Ni amainar, ni leches. Una mierda de tiempo hasta 15 km antes de llegar a Ourense. Árbol caído incluído.

domingo, 3 de octubre de 2010

Segunda edición del amigo invisible bloguero: yo me apunto.

En enero del año de este año, cuando únicamente contaba con poco más de un mes de experiencia en esto de los diarios virtuales, vi en el blog de Adicto TV cómo se había organizado un amigo invisible bloguero. Cuando leí el post en el que se desvelaba todo "el pastel" y se colgaban fotos con los regalos, me dije a mí misma que era una pena no haberme enterado de que se organizaba porque me encantó la idea. Cuando comenté dicha entrada ya le dejé bien claro a Adicto mi intención de participar en la siguiente edición. Pues bien, este día ha llegado y, como adelanté el pasado enero, yo me apunto.

Este tipo de actividades siempre me han entusiasmado: en el colegio, en el instituto, en la residencia universitaria.... siempre he participado y me lo he tomado tan en serio hasta el punto de desarrollar un arbol de probabilidades para adivinar quién era el amigo de quién antes de que llegase el día en el que nos sentaríamos e intercambiaríamos regalo. Estar al loro de las entradas y salidas de las habitaciones de la residencia, analizar exhaustivamente la letra de las notas-pista, montar los más disparatados teatrillos para evitar que la persona a la que le regalaba se enterase de que yo era su "amiga invisible" etc. Para mí era una motivación extra, algo con lo que pasármelo todavía mejor. Hay quién me consideraba una Sherlock de pacotilla, pero diré en mi defensa que SIEMPRE acertaba. Me llevaría más o menos tiempo descubrirlo pero en todas las ocasiones supe "quién era quién". Modestia aparte, tengo muy desarrollado el instinto policial.

Este va a ser un amigo invisible diferente. Obviamente y, más que nada por circusntancias geográficas, no voy a poder poner en marcha toda la maquinaria indagatoria que me gasto en estas ocasiones. Además es problable que esté oxidada: soy más vieja y tengo menos tiempo libre. Pero creo que disfrutará enormemente del juego. Me llama poderosamente la atención como, sin ponernos cara, conocemos unos de otros aspectos de nuestra vida. En ocasiones aspectos de lo más personal. El anonimato proporciona una seguridad a la hora de confesar sentimientos que no se consigue con años y años de amistad y demás lazos afectivos. Todo esto de las relaciones a través de redes sociales me produce una enorme curiosidad.

Parafraseando a Mercedes Milá (esto te lo dedico AdictoTv) este amigo invisible es un experimento sociológico. Básicamente porque estoy convencida de que a pesar de no conocernos físicamente se acertarán con los regalos mucho más que con personas de nuestro entorno más próximo, debido a lo que dije antes: el anonimato proporciona seguridad a la hora de confesar sentimientos. Es probable que seamos más sinceros y menos cínicos aquí, en esta plataforma virtual, de lo que somos en la vida real. Y no es cuestionable, hay unas normas de sociedad conforme a las cuales debemos jugar y, seamos honestos, la sinceridad total (aunque venga acompañada de tacto) no es del todo bien recibida.

Tras exponer, una vez más, una de mis teorías de la vida, desde aquí os animo a participar. ¿Qué hay que hacer? mejor lo explica el ideólogo de todo esto (pulsad aquí). Y nada más, como diría Joaquín Prat senior ¡A jugar!

domingo, 26 de septiembre de 2010

Just say yes

Llevo una semana sin actualizar y ya tenía mono. Tuve una "semana de rayarme" en el trabajo, es decir, una semana en que pensaba 25.000 veces todos y cada uno de los párrafos de todos y cada uno de los informes que tuve que redactar. Le di tantas vueltas, que llegué al extremo de seguir pensándolo en casa y llegar a la oficina a primera hora y darle otra vuelta y cambiar lo que no consideraba que estuviese suficientemente bien redactado para mi gusto. En mis comeduras de tarro no estuve sola, incordié a R., la otra R., T. y E. en busca de su punto de vista (¿os queda bien claro que tal cosa es la que quiero expresar? y cosas similares). Así que, como comprenderéis, aunque el lenguaje administrativo es totalmente diferente al que me gasto escribiendo este, mi blog, lo que me apetecía "cuando arrivo a casa" era un capuccino y no pensar en cómo podía escribir tal o cuál párrafo para que estuviese mejor.

Después de las excusas (y no baratas precisamente) aquí va el tema del que quiero hablar en esta ocasión. Preparaos que va un momento "rememoremos viejos tiempos".

Corría el año 2006 y yo era una jovencísima (aunque sobradamente preparada) estudiante de ingeniería química. Vivía en Santiago, iba a clase, estudiaba, salía con mis amigos etc, etc, etc. Un día tuve la feliz idea de empezar a ver "Anatonía de Grey" (de la que por cierto hablaré en breves de forma minuciosa). La satisfacción fue doble: me enganché a una de las que, hasta la fecha, es una de mis series favoritas y descubrí un montón de grupos de música nuevos gracias a que me bajaba de forma casi compulsiva todas las canciones de los capítulos. De entre todos ese grupos, hubo dos que tuvieron un especial calado en mi vida musical: The Fray y Snow Patrol. Hay que decir, además, que ambos consiguieron reconocimiento entre el gran público después de que varias de sus canciones salieran en algún que otro episodio (sobretodo en el caso de Snow Patrol).

Los dos grupos pasaron a ser dos de mis bandas de cabecera, me explico:

Grupos de cabecera de María_MC: "Dícese de aquellos cantantes, grupos y demás gente del mundo de la música cuyos discos y canciones atronan el entorno de esta chica tan maja y simpática tales como: habitación para tener acompañamiento musical en la realización de acciones de diversa índole, baño mientras se ducha, coche mientras conduce, iPod mientras camina, corre, trabaja, estudia...."

En esta ocasión, la canción que está metida en mi cabeza y oigo una y otra vez (está sonando en este preciso instante ayudándome con mi inspiración literaria) es "Just say yes" de Snow Patrol (sí, la del título del post, habéis hilado fino ¿eh?). Teniendo en cuenta que mis pensamientos, acciones y demás acciones que me mantienen viva (como respirar) están siendo llevadas a cabo al ritmo de esta canción del grupo escocés, he decidido compartirla con vosotros, tanto la canción como la letra, para aquellos a los que, como yo, les gusta saber qué dice lo que escuchan. Espero que la disfrutéis tanto como lo estoy haciendo yo. Otro día escribo, a fondo sobre este grupo tan total y maravilloso.





I'm running out of ways to make you see
I want you to stay here beside me
I won't be ok and I won't pretend I am
So just tell me today and take my hand
Please take my hand
Please take my hand

Just say yes, just say there's nothing holding you back
It's not a test, nor a trick of the mind
Only love

It's so simple and you know it is
You know it is, yeah
We can't be to and fro like this
All our lives
You're the only way to me
The path is clear
What do I have to say to you
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear

Just say yes, just say there's nothing holding you back
It's not a test, nor a trick of the mind
Only love

Just say yes, coz Im aching and I know you are too
For the touch of your warm skin
As I breathe you in
http://www.elyricsworld.com/just_say_yes_lyrics_snow_patrol.html

I can feel your heart beat through my shirt
This was all I wanted, all I want
Its all I want
Its all I want
Its all I want
Its all I want

Just say yes, just say there's nothing holding you back
It's not a test, nor a trick of the mind
Only love

Just say yes, coz Im aching and I know you are too
For the touch of your warm skin
As I breathe you in




lunes, 6 de septiembre de 2010

Experimento sociológico: tarde de compras.

Primer día de septiembre en el que no está tiempo de playa ¿qué hacer? pues ir de compras con vistas a preparar la próxima llegada del otoño. Aunque me cueste admitirlo, tengo que reconocer que, aunque Pontevedra tiene muy buen comercio, en lo que a grandes superficies o marcas habituales se refiere, se encuentra más variedad en Vigo. Los que me concen, saben el gran esfuerzo que acabo de hacer escribiendo esta última frase, pero presumo de tener una visión bastante objetiva de lo que ocurre a mi alrededor, así que ¡ale! lo escrito, escrito está. No le demos más vueltas al asunto y, sobretodo, no me hagáis repetirlo.

En fin Pilarín, a Vigo que nos dirigimos. Quise tomarme la tarde cono algo más que comprarme trapitos de cara al otoño/invierno 2010-2011, que también ¿a quién pretendo engañar?. El objetivo era observar los hábitos de conducta en los comercios de la peña y particularmente los míos. Me explico: todos hemos leído en alguna ocasión alguna entrevista con el famoso o famosa de turno en el que confiesa alguna prenda fectiche, con la que pierde el autocontrol a la hora de comprar. ¿Cuál es la mía? ¿A dónde se dirije mi vista inconscientemente cuando pongo medio pie en una tienda? Lo de observar a la concurrencia no era, en principio, parte del experimento sociológico. Es uno de mis hobbies cuando me encuentro en medio de una multitud más o menos grande, pero hoy sirvió para que formulase un par de mis famosas "teorías de la vida". 

Dicho esto, ahí van las conclusiones. Primeramente las que a mí se refieren:

- Entre prendas que únicamente difieren entre sí en el color, mis ojos se posarán de forma inmediata en la de color azul. A no ser que se trate de jerseys o chaquetas en cuyo caso será gris (casi siemrpre claro). Y lo mismo con complementos, ya sean relojes, pañuelos...azul que te quiero azul (en cualquiera de sus tonalidades a excepción del fosforito, odio cualquier cosa fluorescente).

- Me van más los vaqueros de tonalidades oscuras que claras, aunque hoy a la tarde la cosa en empate a uno entre claros y oscuros.

- No puedo ver delante unos pantalones acampanados: o rectos, o pitillo.

- Tengo un verdadero problema de autocontrol con las camisetas, tenis y las pashminas. Sobretodo con las camisetas. Lo de comprar camisetas está resultando un verdadero reto últimamente puesto que no las quiero ni con tachuelas, ni purpurina, ni flores. Eso que me ahorro.

- Siento verdadera debilidad por los pantalones cortos de correr.

- Es una suerte tener tan clara mi talla de sujetador, sufro con la sóla idea de tener que probarme varios. ¡Menudo coñazo, por Dios!

- Es curioso que piense en comprarme unas manoplas cuando voy en manga corta y tengo un grado de moreno muy considerable. Hasta lo reconoció mi madre, bueno sus palabras exactas fueron algo así: "Hija, este año estás morenísima. Tienes la cara negra a pesar del factor 50 de protección. Es una pena que dentro de dos meses estés blanca cadavérica. Deberías invertir en algo de maquillaje". A continuación, anuncio momento irónico (wait for it...): "Es justo en lo que estaba pensando, mamá". Como diría la abuela "Xa o decían as leiteiras por ahí abaixo"

Y hasta aquí, lo que se refiere a mis hábitos personales de compra, ahí va lo que observé en la gente que me rodeaba.

- A la peña le molesta la ropa en el armario, o está desesperada por lucir las nuevas adquisiciones. Estábamos como a  25 ºC, o sea, un temperatura de lo más veraniega. Pero como estaba nublado y es septiembre, pues nada a sacar del armario chupas, botines, pashminas. Pues no iba a ser tan descabellado lo de las manoplas.... Yo por ahí no paso, de hecho el año pasado tenía para estrenar un abrigo y la chupa de cuero y no lo hice hasta finales de octubre porque no hacía frío. Creo que fue la primera vez en mi vida que recé para que bajasen las temperaturas. Si no hace frío, no hace frío y punto pelota.

- Se va de compras y entre medias se para comprar gofres o un heladito en el McDonals y claro, luego a hacer verdaderos malabares entre bolsas, ropa a probarse, bolso, el piscolabis de turno y venga a pasarse cosas entre las 6 personas que conforman el shopping group.

- Si en algún comercio hay muestrario de colonias, se prueban ABSOLUTAMENTE TODAS, (incluso alguna de hombre, ya que están ahí a disposición del consumidor, pues se aprovecha) da igual que la mezcla sea tan empalagosa que den arcadas.

- Todo comercio que se precie tiene que poner en algún momento " Sick of Love". Era una canción que, personalmente ni fu ni fa. Estaba bien para echar unos "dances". Después de esta tarde, la odio profundamente. Es que por lo menos la escuché 15 veces.

Y, hasta aquí, seguro que cuando vuelva a salir de compras se me ocurre alguna que otra más. ¡Ah! se me olvidaba. en el parking de "El Corte Inglés" tuve una alegría. Mirad lo que había escrito en una columna:






En el mismísimo Corte Inglés, en el corazón de Vigo. Como seguidora incondicional de Dépor y Pontevedra C.F. (que por cierto ganó ayer), no quepo en mi de gozo. Los turcos llegamos a todos lados.



P.D. Muchísimas gracias por todas vuestras felicitaciones de cumpleaños, hicieron que el hecho de hacerse mayor fuese un poco menos terrible.

viernes, 3 de septiembre de 2010

3 de septiembre: 26 aniversario de mi llegada al mundo.

Hoy cumplo años. Según mi partida de nacimiento, son 26 pero que sepáis que diré que cumplo 25, que es la edad ideal. Y en el 2011 y en el 2012 también. Básicamente mientras pueda mantener  la mentira con dignidad y la gente suele decir que aparento menos de los que tengo, por lo que tengo para rato.


Aunque claro, si la gente se lo traga, cuando consiga mi objetivo de llegar a 100, nadie se lo va a creer y no va a venir el alcalde de turno a traerme un ramo de flores nin nada. No habrá foto multitudinaria con hijos, nietos y bisnietos, ni artículo a toda página en el periódico (a ser posible en La Voz de Galicia, que es el que leo siempre y estaría de más que premiaran mi fidelidad, digo yo). Es un tema peliagudo. ¿Qué hacer? Soy una quinceañera vocacional con el sueño de ser una abuelita deportista y rockera chupa incluída, of course. Que también tengo el objetivo de que me dure la que tengo hasta entonces, será una chupa con historia que pasará de generación en generación (se la regalaré a mi hija y esta a la suya ... ).

Se que soy joven para tener paranoias con la edad, pero las tengo. Nunca he negado mis rarezas (que las tengo, como todo hijo de vecino) y no voy a empezar ahora, ¡a mis años!. Aunque me hace ilusión este día (este año especialmente, dicho sea de paso), que el día anterior siempre me pongo nerviosa y tengo hormigueo en el estómago, y que es uno de los motivos por los que me encanta el mes de septiembre, no me gusta nada lo que representa: paso del tiempo y que se escapa la juventud. Además, no me gustan los números pares y este año toca. Me hago mayor y no puedo hacer nada al respecto más que adaptarme.

En fin, que un añito más y que lo 26 sean tan increíbles como han sido los 25: ¡virgencita, virgencita que me quede como estoy!

Por cierto, aprovecho y felicito a AdictoTv, que su blog está de cumpleaños precisamente hoy. ¡Muchas felicidades!

sábado, 20 de marzo de 2010

Momentos de felicidad


Hace tiempo oí en alguna parte, la verdad es que no recuerdo muy bien donde, la siguiente frase: " La felicidad completa no existe, lo que hay son momentos de felicidad". Si he de ser sincera, esta frase me marcó, es más, creía que era verdad al 100%. Y, sin embargo, desde hace un par de años, no puedo estar más en desacuerdo.
En mi opinión, la felicidad no es un estado transitorio: o se es, o no se es, pero no vale decir "fui feliz hasta las 6 de la tarde y luego se torció el día y ya no". Creo que el autor de esa cita confundió felicidad con alegría. A lo largo del día una persona puede pasar por todos los estados de ánimo habidos y por haber, e incluso, tener alguno repe. Y quién dice un día, dice una semana o un mes. A la hora de valorar si se es feliz o no, unas personas darán más peso a lo negativo y dirán que no son felices y habrá personas, que a pesar de los malos momentos, darán más importancia a lo positivo y, si se les pregunta, contestarán que son felices.

Personalmente, me considero una persona afortunada: soy feliz, muy feliz. Y claro que tengo momentos malos, como todo hijo de vecino, pero procuro que no empañan la infinidad de momentos de profunda felicidad que tengo a lo largo del día. Y, ¡ojo! conseguir esto me ha costado, ya digo que hace unos años no era una persona tan optimista y alegre como puedo ser ahora y, lo de optimista, sigo sin serlo del todo, pero vamos mejorando en ese aspecto día a día, que la felicidad hay que currársela y buscarla, no va a venir por ósmosis.

Muchos dirán que es muy fácil decir lo de no dar importancia a los malos momentos o a las malas experiencias que pone la vida en el camino, pero sí se consigue. Hay bastantes casos de gente (no es mi caso) que vista desde fuera, tendría todas las papeletas para ser una persona desgraciada y, sin embargo, se ve perfectamente la felicidad en su cara. ¿El secreto? creo que depende de la capacidad de cada persona de encontrar la felicidad en lo cotidiano, en no necesitar nada extraordinario para ser totalmente feliz. Que las grandes "cosas", los momentazos, vamos a llamarlas así, dan un subidón increíble y ayudan a agrandar, aumentar y multiplicar por mil la sensación de felicidad, pero no la proporcionan.

El otro día, conduciendo, estaba inmersa en mi mundo interior, empecé a divagar con este tema y me pregunté si era feliz. La respuesta fue afirmativa, como ya adelanté antes. Lo siguiente fue pensar en aquellas cosas, en aquellos momentos que me hacían sentir tan bien, estos son algunos:

- El trayecto en coche los viernes, cuando vuelvo a Pontevedra. Realmente disfruto ese momento. Voy todo el camino con una sonrisita tonta. Ese momento en el que estoy en carretera, con mi musica, (ya se ha acabado la semana) estoy totalmente en paz y relajada.

- Tarde de compras con parada para repostar (aclarar que para mí gasolina = café). No es necesario comprar nada, sólo ir de paseo y las tiendas son una excusa.

-El café de mediamañana con los compañeros de trabajo: me encanta mi trabajo, pero en el ratito del café, me lo paso bomba y me río muchísimo.

-En verano, tarde de playa. Pero no me vale cualquier cosa, hay un ritual: lo primero es que tengo que ir sin prisa, tiene que dar exactamente igual a la hora a la que baje y a la hora a la que vuelva a casa. Ir andando hasta allí, por supuesto (es un cuarto de hora, no es algo herniante), una vez allí, caminar por la arena (suele ser una media de cinco veces ida y vuelta, tengo la distancia medida, en total es algo más de 9 kilómetros), me gusta ir acompañada, hablando (la ausencia de acompañante es suplida con iPod, pero para esto, mejor charla que música). Luego bañito relajante nadando una buen rato. Para secarme, una partida de palas y, cuando anochece, de vuelta a casiña, ducha y salir a tomar algo.

-Ir a una librería y salir con botín bajo el brazo.

-Una buena peli, en buena compañía. No tiene porqué ser en cine y pantalla grande, en casa de alguien tirados en el sofá.

-Tertulia y confesiones en torno a una humeante taza de café. Nota: soy perfectamente consciente de que tomo mucho café, es mi único vicio y lo llevo al extremo.

-Planificando actividades que me apetece hacer. Ahora mismo estoy inmersa en la plainificación de una escapada de fin de semana en mayo y lo paso pipa, yo creo que lo paso casi tan bien, como luego en el viaje en sí.

-Cuando estoy con mis amigos y se nos va la pinza de tal forma que empezamos a decir tonterías y nos reímos con cualquier chorrada.

-Cuando me engancho a una serie y encuentro a otra persona que la sigue con la misma devoción que yo: me puedo tirar horas hablando y teorizando sobre ella (por supuesto, con café de por medio).

-Cuando empiezo a tener confianza con la gente a la que acabo de conocer y veo que empeamos a vacilarnos mutuamente.

-Cuando consigo hacer algo que no era capaz y cuando mejoro en algo que ya hacía.

Seguramente, alguna más me he dejado en el tintero, pero aún así, a la vista de todo esto creo que puedo afirmar con total rotundidad dos cosas:

1) Soy una persona muy afortunada.
2) Definitivamente, soy una persona feliz.

Para finalizar, lanzo una pregunta: ¿Qué situaciones de la vida cotidiana contribuyen a vuestra felicidad?

jueves, 11 de marzo de 2010

Cuestión de aspecto (y de tener dos dedos de frente)

Hay algo que me pone mala y es ver a una modelo, cantante y demás gente de la farándula, de estas de físico espectacular en la tele diciendo eso de : "Es todo genética, no me cuido nada" o bien "No hago nada especial, sólo beber mucha agua y dormir 8 horas". Cuando esto lo hacen chicas de veintitantos, pues te lo puedes creer o no, pero probabilidades de que sea cierto, haberlas hailas. Ahora bien, cuando eso lo suelta una ex-modelo cuarentona o cuarentañera como más rabia os de decirlo, suena a cuento chino por una simple y llana razón: a esa edad la gravedad empieza a hacer estragos y si no se hace un poco de ejercicio las carnes caen, es el temido momento en el que hay que elegir entre el culo y la cara.


Por herencia vía abuela paterna, tiendo a valorar mucho más aquellas cosas que requiere mucho esfuerzo el conseguirlas. Soy así, ¿qué le voy a hacer? Por ello, no soy modelo ni de refilón, pero con mucho orgullo digo que si estoy en forma es porque soy una persona asidua al gimnasio y, una vez allí, me machaco y porque cuido mi alimentación. Y es también por ello, por lo que valoro mucho el que una supermodelo como Marisa Miller (la chiquilla de la foto), diga en una entrevista que se leerá a escala mundial y se traducirá a multitud de idiomas, que hace dos horas de ejercicio físico diarias: le gusta comer y, dado que vive de su cuerpo y pasa de tener que estar contando calorías el resto de su vida, tiene que quemarlas.





Sí, este cuerpazo, es en parte (no vamos a negar el componente genético, no sería realista el hacerlo, la materia prima es buena), fruto del esfuerzo. Esfuerzo que ha encontrado recompensa puesto es una de las modelos más cotizadas y ángel de Victorias´s Secret (y todos sabemos que serlo es condición imprescindible para estar en el olimpo de las supermodelos). Es que además, esta confesión es muy positiva. En estos tiempos donde la imagen lo es casi todo y en los que hay una obsesión por alcanzar la perfección marcada por los cánones de belleza modernos, el que un pivón así te diga que lo consigue a base de ejercicio físico y dieta equilibrada y sin pasar hambre, proporciona un mensaje alentador al resto de los mortales, el mensaje de: si quiero, puedo. El caso es querer, claro está, pero se abre una ventana a la esperanza.

Esta chica, podría tirarse el rollo y decir las frasecitas con las que comencé el post, o ir más allá, que se le fuera la pinza y negarse a comer en público como hace Victoria Beckham, pero no. Llamadme rara, si quereis, pero si tengo algún día una hija y me dice que quiere ser modelo, me tranquiliza pensar que hay alternativas a Kate Moss como modelo de conducta dentro del gremio de las maniquíes.

sábado, 27 de febrero de 2010

Mi decepción con Rosa Díez

Tenía a Rosa Díez por una persona sensata, íntegra, de principios. Una persona que no estaba de acuerdo con los líderes de su partido y se fue fundando el suyo propio, cuando lo más fácil hubiera sido callarse y seguir chupando del bote dado que estaba bastante bien posicionada en el seno de dicho partido. Una persona que cuando hablaba, merecía enormemente la pena escuchar. Se la tacha de demagoga pero, ¿qué político no lo es?
Y va la tía y suelta la perla de "gallego en el sentido peyorativo del término" para referirse al presidente del Gobierno, vale que acertada no estuvo precisamente. Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos hablado sin pensar en las consecuencias de nuestras palabras y nos hemos equivocado. Yo la primera. Por lo que, aunque poco afortunada, la situación era de fácil subsanación, con una simple rectificación o aclaración. Personalmente, me lo hubiera tomado como una mera anécdota si hubiera salido al día siguiente diciendo algo así como: "No pretendía ofender a nadie, fue una broma, pido disculpas a quién se haya sentido mal por mis palabras". Pero la mujer no sólo no se baja de la burra y no rectifica, sino que su partido, UPyD, atribuye a un complejo de inferioridad la protesta por el uso que Rosa Díez hizo de la palabra "gallego", para más exactitud, dicen que "es una muestra de intolerancia, complejo de inferioridad o perturbación nacionalista".
¿Que se está haciendo una montaña de un grano de arena? Puede ser. ¿Que se está saliendo todo de madre? Probablemente. ¿Que hay quién está a provechando la situación para hacer demagogia con el tema? Rotundamente sí. Pero esta señora y su partido, con su actitud, no están ayudando a aplacar los ánimos sino que están echando más leña al fuego. Repito que para mi, no hubiera dejado de ser algo anecdótico, un "alegre chascarrillo", si me apurais, PERO para que fuera así, tendría que haber rectificado. La habría honrado mucho más.
¿Intolerante? Pienso que no lo soy, ¿Complejo de inferioridad? nunca lo he tenido y mucho menos por ser gallega, de eso estoy más que orgullosa. ¿Nacionalista? Para nada, no es ningún secreto el que no lo soy. Y sin embargo, aunque en un principio no me sentí ofendida en demasía por la frasecita de marras, si que me siento así cuando pienso en el giro que están tomando los acontecimientos, por esa falta de sensibilidad por parte de esta gente, hacia los que sí se molestaron por sus palabras. En este tema, le voy a dar la razón al presidente de la Xunta de Galicia, Alberto Núñez Feijoo, y voy a hacer mías las palabras que usó para contestarle: "No ofende el que quiere, sino el que puede".

lunes, 22 de febrero de 2010

Antes de morir me gustaría...

A raiz de independizarme y toda la parafernalia que eso conlleva, mucha gente me dijo algo que yo ya había pensado por mi misma: "ahora empieza tu vida". Es casi totalmente cierto, mi vida ya había empezado, obviamente, lo que pasa es que a partir de ahora llevo yo las riendas al 100%. Con esto, veo cumplido uno de mis sueños que tengo desde mi más tierna infancia, el ser independiente, depender exclusivamente de mi.
El otro día, iba por la calle totalmente absorta en mis pensamientos; ya sabeis qué clase de paranoias me vienen por la cabeza cuando estoy metida en mi mundo interior, por lo que seguro a nadie extrañará, que lo que me rondaba era que si me moría hoy me quedarían muchiiiiiiiisimas cosas por hacer. Llegaría al cielo (no es por vacilar pero, si muero hoy, voy fijo al cielo, mañana no lo se, pero hoy por hoy al paraíso de cabeza, si es que soy un cachito de pan), me recibiría San Pedro y le diría: "¿ Ya está?, ¿Esto es todo?". Lo siguiente que haría sería pedir el libro de reclamaciones. Seguro que hay por ahí algún asesino/violador/atracador de bancos etc que lo merecía más que yo.
Un pensamiento llevó al otro (no me pidais que lo que hay dentro de mi cabeciña, tenga una relación lógica, pero en este caso creo que estareis de acuerdo conmigo en que algo de sentido tiene la cosa) y empecé a enumerar lo que me gustaría hacer antes de morirme.
Habrá quién piense que son cosas razonables y habrá quién crea que son chorradas del tamaño del continente africano de grandes, pero es mi lista. Cada cuál que haga la suya, desde luego que no pienso juzgar las de los demás, faltaría más. En fin, que ahí va:
Nota: el orden en que escribo no es de prioridad, es a medida que se me iban ocurriendo.
- Viajar a Grecia: siempre he tenido debilidad por la mitología y la historia de la antigua Grecia. Pero no un crucero, llegar en avión, alquilar un coche y recorrerla enterita. Sería un viaje a mi medida, planeado exclusivamente por mi e ir como mucho con dos o tres personas escogidas, que se apuntasen, pero no más. No es un viaje planeado para grandes masas de gente.
- Tener hijos: me encantan los niños y conecto muy bien con ellos (puede que por que en el fondo sea uno de ellos) y creo sinceramente, que en un futuro, sería una buena madre. Si pudiera elegir, ahora mismo, me encantaría que uno de ellos fuera una niñita que se pareciese a mi, que a simple vista se la identificase conmigo. No por egocentrismo ni nada, a mi me llena de orgullo cada vez que me dicen que en algo me parezco a mi madre o a mi padre ( y no sólo físicamente), me hace ilusión ser tan buena como lo son mis padres, de modo que mi hija sienta lo mismo cuando se lo digan. Sería una forma de saber que lo estoy haciendo bien. Quiero ser mamá-taxi, entonces será cuando me compre un Passat (Volkswagen forever).
- Ir a Nueva York: este deseo tiene, a su vez, múltiples subdeseos, a saber. Ir al empire State Building y subirlo enterito a pie, ver en Brodway "El fantasma de la Ópera", jugar una pachanga de fútbol en el Central Park después de hacer un picnic allí. Comer un croissant delante del escaparate de Tiffaniys a modo de desayuno después de una noche de juerga, ir en ferry, hacerme una foto delante de la casa de Carrie Bradshaw y de los edificios donde se supone que vivían los chicos de Friends, ir de tiendas por la quinta avenida, pasear por el Soho.
- Conseguir leer "La Regenta": la he empezado en múltiples ocasiones y otras tantas la he dejado. Mira que soy constante, cabezota, tengo fuerza de voluntad y me encanta leer, pero no hay manera. ¡Es mi Everest!
- Ver un amanecer y un atardecer en Stonehenge:





- Hacer con mi hermana un viaje que comprenda: Los Ángeles, San Francisco y Las Vegas: todos los años participamos en el sorteo de la revista fotogramas y nunca toca, pero nos gustaría sacarnos esa espinita. ¡Ah! y dentro de ese viaje imprescindible el hacer la visita guiada por los Estudios Universal, la del trenecito, ya sabeis, la de los superguiris.

-Poder decir que me he dado un baño en todos los océanos del planeta: llevo uno, quedan cuatro aunque el caso del Antártico (o Ártico, siempre me equivoco) lo doy por bueno con meter el pie, tampoco es cuestión de morir en el intento.

- No equivocarme entre Ártico y Antártico (este también se llama Austral, lo acabo de comprobar) y entre estalagmitas y estalactitas.

- Correr un Marathon: no hace falta ganarlo, ni quedar entre los 100 primeros, quiero simplemente acabarlo. Soy muy competitiva, sobretodo en lo que a deportes se refiere, pero no idiota, se cuáles son mis limitaciones. Aunque lo que de verdad me gustaría sería emular a Filípides (soldado griego, quien en el año 490 a. C. murió de fatiga tras haber corrido unos 40 km desde Marathon hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa), podría aprovechar el viaje a Grecia y matar dos pájaros de un tiro.

- Correr un triatlón: me parece una disciplina deportiva durísima, pone el cuerpo humano totalmente a prueba, Debe de molar eso de ponerse delante de alguien y decir: "Es que corro triatlones, ¿sabes?", siento profunda admiración por la gente que lo consigue (por el que hace triatlones, no el que vacila).

- Tener nietos para malcriarlos y llevarlos de excursión.

Esto sólo es la punta del iceberg, seguro que en algún momento se me ocurre alguna cosilla más. Por lo tanto no es tan descabellado cuando digo que procuro cuidar mi cuerpo porque sólo tengo uno, quiero llegar a los 100 años y el conseguirlo es una carrera de fondo, hay que empezar de joven. No es por coquetería, es porque de verdad necesito el tiempo para hacer tantas cosas.

jueves, 11 de febrero de 2010

Carta del Ministerio de Trabajo e Inmigración

El viernes de la semana pasada, cuando llegué a Pontevedra a pasar el fin de semana y ya llevaba un rato pululando a lo largo y ancho por casa, va mi padre y me dice: "Te ha llegado una carta del Ministerio de Trabajo, la abrimos por si era algo importante, te la dejé encima de tu mesa".
A mi se me paró el marcapasos directamente, me quedé como un pasmarote clavada en el sitio, "firmé un contrato, soy una trabajadora totalmente legal", recuerdo que pensé. Algo de sangre al cerebro me llegó a pesar de que se me heló después de la intervención paterna, y acerté a preguntar que qué decía. Mi padre ni se giró para hablar me dijo, "mejor léela tú misma". Pues a mi mesa que me fui y me encontré con una carta firmada por el mismísimo Celestino Corbacho Chaves (firma impresa, ¿eh? no nos vayamos a flipar), flamante ministro de Trabajo dándome la bienvenida a la Seguridad Social y recordándome que ésta es una pieza fundamental en el funcionamiento nuestro Estado del bienestar y que en mi condición de afiliada tengo una serie de derechos y obligaciones y bla, bla, bla.
Lo primero de todo, fue sentir un enorme ridículo por las cosas que se me pasaron por la cabeza en el trayecto cocina-dormitorio que me niego a reproducir aquí, porque son chorradas demasiado grandes hasta para mi. En segundo lugar, el Ministro, se dirigió a mi (y supongo que a todos, era una carta modelo) como "querida amiga". Como diría mi abuela: "¿En qué taberna cominos ti e mais eu xuntos?", Celestino (tú has abierto la veda, tengo todo el derecho a dirigirme a ti así), ¿acaso me conoces de algo? ¿somos colegas? ¿me has visto la cara alguna vez en tu vida? ninguna respuesta afirmativa así que si no te importa para ti, soy"Estimada Señorita", que ya tenemos una edad y hay que aprender a mantener las formas y usar eso que se llama fórmulas de cortesía.
Y para acabar, en tiempos de crisis y de austeridad, ¿gastamos tiempo, esfuerzo, papel (que no era reciclado, por cierto), sobres y tinta en semejante chorrada? De verdad que me pregunto si del dinero público , se le está pagando a alguien por este tipo de funciones. Dinero que sale, entre otras cosas, de mis impuestos. Si, ese dinerete tan majo que me vais a sacar de mi nómina todos los meses como condición de afiliada a la Seguridad Social pieza fundamental de nuestro Estado de bienestar (es que me encantó esa frase de la carta, ahora la repito con bastante frecuencia).
Tras un discurso cargado de demagogia barata similar a este que escribo ahora, y que di allí mismo, en mi habitación, va mi única espectadora, mi hermana, esa persona que siempre mantiene los pies en la tierra, la voz de la razón y me dice: "¿Tú has visto los datos del paro? ¿Cuántas cartas como esta crees que envían al día?, tampoco es tanto dinero". Touché, tocada y hundida.
Con qué sencillez y economía de palabras, mi hermanita pequeña me abrió los ojos y me dejó planchada, dicho sea de paso. Soy una persona afortunada por tener a alguién como ella, hace que vea las cosas con perspectiva y mantenga los pies en la tierra.
Por cierto que aún no cambiaron el modelo de carta y me venía que tengo derecho a pensión de jubilación a partir de los 65 y no de los 67: Hay que actualizar Tinín (ya que por lo visto somos amigos me voy a tomar la licencia de darte un apelativo cariñoso), que a ver si se me da por guardar la cartita y luego a mi flores, reclamo jubilación a los 65, que lo tengo por escrito.

martes, 9 de febrero de 2010

Crónica de una forastera en Orense. Capítulo II: ¡Dios! qué frío hace en esta ciudad



Dicen que el frío es psicológico. Y una mierda psicológico. Si así fuera, yo desde luego que no lo sentiría, porque mira que me he intentado mentalizar desde que supe que tenía que venir para aquí, he invocado el pensamiento positivo e incluso para creérmelo más, he estado a punto de ir a trabajar en camiseta de tiras, pero nada. Tengo frío y no hay vuelta de hoja. A lo que si he llegado es a la conclusión de que tener una sensación térmica baja, probablemente mezclado con estar recién levantada, hace que tenga pensamientos.... un tanto peculiares, vamos a decir. Delirios no, pero andamos ahí, ahí.
Como se dice en el libro "Alicia en el país de las maravillas", empecemos por el principio y acabemos por el final.

Suena el despertador, saco la mano de debajo de las mantas (para ser concreto, sábanas, manta, edredón, otra manta doblada a la mitad y otra mánta fina más) para apagarlo y ya noto desde el minuto uno de la jornada que estoy en Ourense. Me siento unos segundos para intentar espabilarme y no caerme redonda al ponerme de pie, y mis ojos se dirigen a mis pies, los cuales están cubiertos por las pantuflas a juego con el pijama. Entoces mi mente retrocede al momento en el que fui a Valença do Minho, Portugal, y me compré la susodicha prenda. Allí, recuerdo que pensé: "Estos portugueses desde luego qué faltos de glamour están, dormir con calcetines. Habráse visto". Faltos de glamour no, prácticos, visionarios voy a ir más allá y decir que son genios. Claro, yo vivía muy cómoda en las Rías Bajas con ese clima oceánico, suave y agradable donde los haya, allí era fácil reírse de las ocurrencias de los habitantes del país vecino. No me había parado a pensar en lo afortunada que era climatológicamente hablando, ahora lo aprecio.
Me calzo mis zapatillas de andar por casa (con borreguillo por dentro), salgo al pasillo y me dirijo al baño, por el camino voy pensando que no me ducho, que lo hice ayer en el gimnasio. Con desodorante me apaño, ni de coña me desnudo yo ahora y espero pacientemente a que se regule el agua caliente. Afortunadamente el pasillo es largo y cuando llego al baño estoy un poco más lúcida y me digo a mi misma que me he bañado en la playa en marzo, y en agosto a las 8 y media de la mañana y a las 10 y pico de la noche, cuando ya ha oscurecido, soy toda una chicarrona del norte así que derechita a ducharse y sin rechistar.
Una vez duchada, vestida y habiendo desayunado, salgo a la calle, el frío me golpea en la cara. Pensamiento positivo, me digo, esto va fenomenal para la piel. Los 900 metros que separan mi casa del trabajo son una sucesión de pensamientos totalmente absurdos, pero no lo puedo evitar, es lo que se me viene a la cabeza en esos momentos, algunos ejemplos son los que siguen:
- Madre del amor hermoso! qué dolor tengo en los dedos de las manos, yo creo que van a tener que amputar. Pues menuda gracia, sin dedos no puedo teclear en el ordenador. ¿Me darán una baja permanente por esto? Buff, acabo de empezar no va a caer nada bien una baja y menos de ese tipo.
- La peña de los países nórdicos o Rusia, beben Vodka como si fuera agua sólo para entrar en calor. Lo mismo si me tomo un lingotazo o un carajillo, ahorro tiempo y esfuerzo. Aunque claro, no bebo nunca ni gota de alcohol. Mi cuerpo no está acostumbrado, me emborracho fijo y tampoco es plan de llegar haciendo "eses" y vomitando a trabajar.
-No paro de temblar, me voy a tener que estampar una camiseta que diga: "Tengo frío, no Parkinson".
Sí, se que son estupideces como un piano de grandes, pero es lo que me viene a la cabeza cuando tengo frío y estoy recién levantada. Además, a todo el mundo le vienen en algún momento del día a la cabeza chorradas de este tipo, lo que pasa es que no dejan constancia por escrito como estoy haciendo yo. Quien esté libre de pecado que tire la primera piedra.
Como hay que verle el lado positivo a todo (yo desde luego que no lo suelo hacer, pero voy a intentar cambiar), le he encontrado dos:
1) El frío va genial para la piel. Ramoncín se lava la cara todos los días con agua helada y Sofía Mazagatos metía la cabeza en el congelador cinco minutos (obviamente, lo de Ramoncín no se debe sólo al frío, alguna ayuda quirúrgica hay). Pues gracias a vivir aquí, voy a tener frío en la cara sin necesidad de hacer el gilipollas como la Mazagatos.
2) El estar tiritando continuamente hace el mismo efecto que las cosas esas que anuncian en la teletienda que dan descargas, contraes los músculos y es como si hiciera abdominales. Voy a conseguir la tableta de chocolate antes de lo que había calculado.
Para los que no lo sepan, Ourense es tierra de contrastes climatológicos y, en verano, se convierte en la sartén de Galicia y el calor se vuelve insoportable, por lo que no será de extrañar si en junio edito una entrada que sea: Crónica de una forastera en Orense. Capítulo xxx: ¡Dios! que calor hace en esta ciudad.

domingo, 7 de febrero de 2010

Situaciones absurdas de mi vida cotidiana I.

El silencio está infravalorado. Esto es una máxima que me viene a la cabeza un par de veces por semana, por lo menos. El que lo diga yo, puede sonar absurdo teniendo en cuenta que soy una persona muy habladora. Pero, también es verdad que soy mujer de contrastes y paso rápidamente de la conversación más fluida, al más absoluto de los silencios, y no es que me pase nada, simplemente no tengo nada que decir, me gusta disfrutar de la calma.
Creo sinceramente que el sonido del silencio puede llegar a ser ensordecedor y que muchas veces una mirada puede decir, incomodar o herir más que una buena retahíla de palabras. Y ¡Vaya si el silencio incomoda! Puede llegar a ser insoportable.

El refranero español, rico y prolífico donde los haya, dice “Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”: una verdad como un templo. Pero tendemos a no apreciar el buen hacer de la sabiduría popular, lo que da lugar a situaciones de lo más absurdas que se evitarían simplemente cerrando el pico de vez en cuando, me explico. Cuando no hay confianza con la persona con la que se está compartiendo espacio, el llenar los temidos silencios puede ser algo realmente agotador y llegar a rayar la ridiculez. Yo personalmente, lo intento una vez, dos como mucho y, si la persona en cuestión no ayuda a reducir el nivel de incomodo, me afeito para arriba y paso, me meto en mi mundo y, una vez allí, ya no hay vuelta atrás, no me sacan ni con agua caliente.

Existe una serie de situaciones estúpidas que suceden a menudo en mi vida y las que de verdad pienso lo de “calladito estás más guapo/a”. Hoy voy a hablar de una de ellas, pero hay más que se comentarán a su debido tiempo.

Nota: las frases en azul es lo que pienso pero no digo, se que soy una borde pero algo de autocontrol tengo escondido por ahí.

Situación 1:

Esta suele suceder con la gente más próxima a ti. Tengo un momento de esos de “quiero-estar-en-silencio-pero-no-me-pasa-nada”, simplemente quiero ver la tele o leer y no quiero decir nada o no tengo nada que decir. Entonces SIEMPRE, aparece alguien a tocarte las narices y se repite siempre la misma historia:

Se sienta a tu lado y te mira, le/la miras pero sólo saludas y no dices nada más, a pesar de conocerme, no coge la indirecta del silencio:

- ¿Te pasa algo?
- No
- ¿De verdad?
- No, de verdad. Voy a mantener la vista fija en el libro o en la tele a ver si capta que no quiero hablar.
- Pues algo te tiene que pasar porque estás muy callada.
- No, de verdad que no. Es que estoy cansada. Voy a dar un motivo aunque sea falso, si doy cierta información lo mismo se sacia su curiosidad y me deja en paz. Al mismo tiempo miro a la persona y le dedico una media sonrisa conciliadora para que vea que estoy de buen rollo.
- Pues hace diez minutos estabas muy habladora, así que te tiene que pasar algo.
-¿Qué parte de “no” es la que no has entendido? Ya, bueno hace diez minutos era hace diez minutos.
- ¿Sabes que si te pasa algo puedes contármelo verdad?
- El vaso se está colmando, el vaso se está colmando… Ya se que puedo contar contigo pero de verdad que no pasa nada, sólo me apetece estar en silencio.
-Si no me lo quieres decir, no me lo digas pero a ti te pasa algo. Se colmó.

- NO ME PASA NADA, SIMPLEMENTE ME APETECE LEER TRANQUILA UN RATO Y CON TUS PREGUNTITAS NO ME DEJAS. AHORA MISMO EL ÚNICO PROBLEMA QUE TENGO ERES TÚ.
- Eres una borde! Tampoco hacía falta ponerse así, por encima de que me intereso por ti vas y así me lo pagas.

La persona se levanta echa un basilisco y se marcha con una gran teatralidad, puede que incluso de un portazo para dar más dramatismo a la situación. Se podría pensar que ahora puedes disfrutar del silencio, pero no. Ya se ha fastidiado tu plan de tranquilidad absoluta.


sábado, 30 de enero de 2010

I love Pontevedra

Me he pasado todo el día empaquetando mis cosas, mañana es el gran día, el "día T" de traslado, me marcho a Ourense. Está relativamente cerca de Pontevedra y vendré muy (pero que muy) a menudo, pero no es lo mismo que vivir aquí.
Se que venía necesitando este cambio de aires desde hacía más de medio año, que es lo que quiero y que iba siendo hora de tener mi propia vida, pero no dejo de sentir cierto vértigo y algo de nostalgia por dejar este sitio. Amo mi ciudad, aunque me pase media vida diciendo lo que cambiaría de ella ¿qué queréis? buscamos la perfección de aquello y aquellos a los que queremos.

Hoy iba paseando por el paseo marítimo, (que está cerquísima de mi casa), y me encontré el siguiente graffitti:


He pasado un trillón de veces por delante, he recorrido ese paseo hasta la saciedad, paseando, en mis sesiones de running, con el coche etc y nunca me había fijado. Y sin embargo hoy, precisamente hoy, mis ojos se han posado en esa pared. No creo en eso de las señales, pero ¿no da la sensación de que mi amada ciudad me dice algo? Cuando me paré lo primero que se me vino a la cabeza fue: "Es como si supiera que me marcho".Da la sensación de que no sabes lo que tienes delante hasta que vas a dejar de verlo tan a menudo.
Para mi, hoy y siempre, Pontevedra, capital del mundo.

lunes, 25 de enero de 2010

De Pontevedra, de Galicia y de España.

Soy de Pontevedra, (creo que ya no es un secreto para nadie), situación que implica dos hechos impepinables: soy gallega Y soy española (no es una errata, la Y mayúscula y bien grande). Soy las dos cosas, no soy ni me siento menos gallega por el hecho de sentirme española, estoy muy orgullosa de ambas cosas. Esto, además, implica que conozco a la perfección tanto el castellano como el gallego: soy bilingüe. Tengo la suerte de vivir en una comunidad que tiene idioma propio, lo conozco, lo he estudiado, lo uso cuando quiero, pero en mi vida diaria soy castellano parlante. Nadie me ha obligado, lo he elegido yo, como ciudadana libre que soy. En eso consiste la cooficialidad de idiomas.

Me pone del hígado todas las polémicas idiomáticas que se sacan los políticos de turno con fines electoralistas. Si de verdad estuvieran en contacto con la calle, se darían cuenta de que entre el “pueblo llano” no existe problema alguno. Tengo amigos gallego parlantes, mi abuela sin ir más lejos, lo es. Y cuando hablamos, ellos lo hacen en gallego y yo respondo en castellano y viceversa. Nos entendemos y, ni ellos ni yo, nos sentimos ofendidos por no cambiar el idioma para hablar con los demás.

Durante el franquismo, el gallego estuvo prácticamente prohibido y a los que lo hablaban los tachaban de pueblerinos y paletos, parece mentira que Franco fuera del mismo Ferrol. Esto hizo mella, aún a día de hoy veo como mi abuela cambia al castellano cuando va al médico. Estuvo muy mal, claro que si, pero lo que no se puede hacer ahora es intentar eliminar el castellano de todos los organismos oficiales, como pretendió hacer, dando lugar a multitud de situaciones absurdas. Por ejemplo, para acceder a cualquier empleo público tengo que hacer un examen de gallego o demostrar que se hablarlo, leerlo y escribirlo. Esto es increíble, debería bastar mi partida de nacimiento, soy gallega. ¿Acaso si voy a trabajar a Toledo, pongamos por caso, tengo que hacer un examen de castellano? Si se piensa fríamente se pretendía hacer con el castellano lo mismo que se hizo antes con el gallego durante la época de Franco. Y para muestra, os voy a contar dos situaciones separadas 65 años aproximadamente entre si y ya me diréis si es lo mismo o no:

La situación 1, la contaba mi abuelo, le ocurrió a un compañero suyo de escuela.

Resulta que el maestro le preguntó al amiguito de mi abuelo: ¿Cuántos años tienes?. En gallego “año” significa cordero.
En la aldea de mi abuelo sólo se hablaba el gallego y no se conocía el castellano, así que el niño contestó: “Teño sete años e dez pitos” (Traducción: Tengo siete corderos y diez pollos). El profesor en lugar de enseñarle al chaval cómo se decía en castellano, con paciencia y entendiendo su situación, le castigó.

La situación 2, me ocurrió a mi en tercero de carrera (para los que no lo sepan, estudié en la Universidad de Santiago de Compostela).
La asignatura de electrotecnia, la impartía un tío de estos de “qué hippie y enrrollado soy”. Explicar, explicaba bien, las cosas como son. El primer día, entra por clase y se quita su jersey super hippie, (me apuesto una mano que lo compró en una feria de artesanía) que no se apeó en todo el cuatrimestre (o eso o tenía varios) y tenía una camiseta que ponía “Algum dìa Galiza será ceibe” (Traducción: “Algún día Galicia será libre”). Una compañera y yo nos miramos y pensamos que al carajo la cooficialidad de idiomas, vamos a tener que hablar en gallego para congratularnos con este tío (mis principios a la mierda cuando está en juego el estudiar en verano). Por encima esa frase no está en gallego, está en portugués. El paisano era de estos ultranacionalistas, que llaman Galiza a Galicia y creen que Galicia debería pertenecer a Portugal y no a España y tener su uso horario y no se cuantas gaitas más. Obviamente el tío hablaba en gallego lusista (que no es gallego normativo).
El caso es que un día en prácticas le hice una pregunta y el tío me hizo gestos como de que no se enteraba, se la repetí (lo mismo había hablado muy bajo), obtuve como repuesta el mismo gesto y así una tercera (inocente de mi). Se me encendió la bombilla y la hice en gallego y hablando muy bajito (esto lo hice aposta). ¡Amigo!, la cosa cambió y de repente el tío se enteró.
A mi no me castigaron, pero tuve que soportar lo que quedó de curso las burlas de mis compis por inocente y no darme cuenta de que el tío se estaba quedando conmigo. Es que estaba tan concentrada en el ordenador…. Por cierto, que aprobé a la primera, ahora bien, el examen lo hice en gallego que estaba en juego el estudiar en verano.

Tengo noticias para aquellos que son como mi profesor: amigos míos, hay vida más allá de Los Ancares y, aunque parezca difícil de creer, también hay vida más allá de los Pirineos, y en esos sitios no se habla gallego. Debemos estar preparados, porque nunca se sabe dónde puede acabar uno trabajando y no estaría de más competir en igualdad de condiciones que el resto de los españoles.

martes, 19 de enero de 2010

Fauna de gimnasio II


Después una primera incursión en el universo de los gimnasios con las señoritas yo-eso-no-lo-hago-que-marco-músculo, vuelvo a sumergirme en las profundidades de ese mundo aparte.
En esta ocasión les ha tocado a las señoritas me-sobra-la-pasta-y-una-ONG-no-me-motiva. Básicamente se trata de gente (muy a mi pesar el 99,99% son chicas), que va al gimnasio a dar un paseíto y ducharse. Y, francamente, con los tiempos que corren me parece que 30 euros mensuales (en el mejor de los casos) es un alto precio para tan poca actividad. Para eso casi vas al trabajo andando, que es gratis, y te duchas en casa, que tienes el baño para ti solita.

A simple vista se podría pensar que son personas que, estéticamente hablando, no necesitan gimnasio, chicas guapísimas, delgadísimas y un larga lista de –ísimas más. Pero claro, aunque escondidos, hay mucho amante del deporte suelto por ahí, por lo que, perfectamente el ir al gimnasio puede ser por salud, por devoción al ejercicio físico etc, por lo que hay nada de raro en que vayan. Yo misma voy por hobby.

Lo primero que llama la atención es el despliegue de medios que se gastan. Cuando las ves cambiándose en el vestuario sacan unos modelazos que ni Marbelys Zamora ensayando en Fama, que si mallas a juego con la camiseta y el sujetador deportivo (todo de marca y supertranspirable, por supuesto), zapatillas con cámara de aire, muñequeras, calentadores, y un iPod del tamaño de mi puño que llevan sujeto en el brazo con un brazalete especial (también transpirable, no podía ser de otro modo). A ojímetro y tirando por lo bajo, puede que lleven 350 euros encima en ropa y complementos. Las miras a ellas y te miras a ti con una pantalón de deporte, una camiseta de paso de ecuador vieja y unos tenis del Decathlon y, como quieres pensar bien, te dices a ti misma que fijo que es porque son profesionales del deporte, es su medio de vida y una buena equipación es fundamental.

Claro, después de tanto dinero gastado, no queda para ir a los chinos y comprarse una goma para el pelo. Ese es uno de las características fundamentales de este grupo, el pelo Pantene va SIEMPRE suelto, como mucho una horquilla para retirarse el flequillo (de no hacerlo, corres el peligro de que te echen de la pandi). Y no suele ser cosa de media melenita, el largo del pelo es considerable. No estoy muy segura, pero creo que una coleta son 5 puntos menos en la escala del glamour y un moño son 7.

Otra peculiaridad, es una buena capa de maquillaje. Primero piensas “Pobres, ahora cuando empiecen a sudar se les va a correr todo”, pero no hay fallo posible porque lo de sudar no va con ellas (tercera característica), me explico. Salen del vestuario, van a la cinta 5 minutos a trote cochinero (que en su caso es andar, no todo el mundo tiene el mismo ritmo), de ahí van a la zona de pesas donde cogen el papelito con su rutina de entrenamiento. La miran, la remiran, dan una vuelta mirándola por la zona donde están los cachas que tienen moto con un fingido aire distraído, de vuelta vuelven a pasar delante de los cachas (¿porqué no haces que te estampen en la camiseta transpirable la frase “A que estoy buena”?, sería menos sutil pero se ahorra una barbaridad de tiempo). Deben de creer que si miran fijamente la tabla de ejercicios, las abdominales se hacen solas, aunque bien mirado, levantar el susodicho papel a la altura de los ojos una y otra vez podría considerarse como ejercicio de bíceps. Hacen un par de ejercicios, pero sin forzar, no vaya a ser que se sude, parando entre medias para colocarse el pelo y en una de estas miran el reloj (otra contracción de bíceps, esto es un no parar ¿eh?) y se dicen que ya está bien por hoy, cogen la toalla, se secan ¿el sudor?, vuelven a dar una vuelta por la zona de los cachas y para el vestuario. Allí se tiran más tiempo que en el gimnasio en sí, ya se sabe, hay que ducharse pero también colocarse esos pelos de loca consecuencia del esfuerzo físico.

Cada cual que haga con su dinero lo que quiera, y no seré yo quién le diga a nadie lo que tenga que hacer, simplemente voy a dejar caer que se puede pasear gratis y existen un montón de asociaciones para apadrinar niños, con la mensualidad de un gimnasio se apadrinan 10.

P.D. A aquellos que estabais preocupados por mi salud mental, deciros que ayer volvió a abrir mi gimnasio, estaba allí a las 9:10 de la mañana. Se recobra el orden en el universo.

viernes, 15 de enero de 2010

La máquina perfecta


Me fascina el cuerpo humano, es una máquina perfecta y el conocer y comprender su funcionamiento es algo que me produce una enorme curiosidad que intento satisfacer siempre que me surge cualquier tipo de duda al respecto.

Lo más lógico sería pensar que este tipo de inquietudes me llevarían por el camino de la medicina, pero no, para disgusto en su día de mi madre y alguno de mis tíos que me dieron el coñazo hasta prácticamente entregar el formulario con la solicitud de las carreras. Incluso hubo quién me siguió insistiendo cuando ya llevaba 2 años estudiando Ingeniería Química!!
No todos podemos ser médicos y yo, desde luego que no. A mi la medicina o el estudio del cuerpo humano me gusta, pero en el papel. Me mareo con la sangre, tengo fobia a las agujas, las fotos demasiado explícitas de los libros de medicina me dan arcadas teniendo que volver la cara y, como broche de oro, soy hipocondríaca. Una vez iba de paseo con mi madre, me estaba contando que a un compañero suyo le tuvieron que poner unos tornillos en la rodilla como consecuencia de un accidente, y me tuve que apoyar en la pared porque me mareaba con sólo pensarlo. No me veo ejerciendo esa profesión y admiro profundamente a aquellos que tienen esa vocación. Es más, después de todo lo que he escrito, ¿realmente alguien me ve de médico? Ya me estoy imaginando la escena:

- Doctora, la necesitan en el box 1.

Dirijo mis pasos hacia allí y me encuentro con alguien al que han estampado un vaso en la cara y tiene el ojo colgando. Entonces me doy la vuelta rápidamente con un giro de 180 grados que ni Fred Astaire exclamando:

- ¡Qué ascazo, por Dios! ¡Apártate de mi vista, tío! – En ese momento me caigo redonda desmayada, pero todavía alcanzo a escuchar como una enfermera se descojona de mi mientras pide un médico para la médico.

A pesar de todo esto, me encanta que mi hermana (que para regocijo de algunos, sí sintió la llamada de la vocación médica) me cuente lo que hace en el hospital durante sus prácticas, explicándome los diagnósticos “en mi idioma”, como ella dice. Le pido que me aclare lo no entiendo cuando veo series de hospitales (que me encantan), o cuando leo libros que tienen la temática médica como trasfondo. Una vez la vi enfrascada estudiando los electrocardiogramas y le pedí que me diera unas nociones básicas (súperbásicas) para interpretarlos. Cuando voy al médico, que afortunadamente es en contadas ocasiones, atiendo a la explicación técnica cuando me enseña los resultados de las pruebas. A mi lo que me gusta es el diagnóstico en sí, y entender los parámetros y razonamientos que hicieron llegar a esa conclusión. Y todo esto simplemente por satisfacer mi curiosidad, gracias a lo cuál he adquirido con los años un argot bastante aceptable para alguien profano en la materia, dejando flipado en alguna ocasión a gente del gremio, modestia a parte. Y también a los que no son del gremio. Me acuerdo de la cara de mi madre una vez que estábamos viendo Hospital Central, y lo que le llevó todo el capítulo diagnosticar a la Cerezuela, yo lo hice en la primera escena en la que salió la paciente. No era nada complicado, la niña tenía un TOC y el Síndrome de Tourette. No tuvo mérito ninguno, teniendo en cuenta que artículos sobre TOCs los hay a mansalva en los dominicales y lo del Síndrome de Tourette fue porque me acordaba del personaje de Anne Hache en Ally McBeal. De todos modos no pude resistir la tentación de vacilar a mi madre con falsa indignación, diciéndole que era cultura general y cómo era posible que ella no lo hubiera acertado.

Muchas personas conocen a la perfección el funcionamiento de móviles, televisores, microondas etc porque son artilugios que emplean en su vida cotidiana y no se molestan por saber cómo funcionan ellos mismos y el porqué de dicho funcionamiento. Llamadme rara si queréis, pero a mi me choca ver cómo hay gente que se preocupa por saber cómo funciona un DVD y no su propio cuerpo y, creedme cundo digo, que soy la primera que es consciente de que muchas veces las imágenes no son agradables de ver.

jueves, 7 de enero de 2010

La locura de las rebajas



Normalmente, el 7 de enero por la mañana lo dedico a ir de tiendas, ya sabéis empiezan las rebajas y hay que buscar alguna ganga. Nunca he sido de las que pisotean, empujan y pelean por una prenda de ropa. Aunque en la mayoría de los aspectos de mi vida soy bastante nerviosa, este tipo de actividades me las tomo con la pachorra que me falta en otras cosas. Este año además, no tenía pensado ir, no me hace falta ropa (más presupuesto para libros y pelis, si no hay mal que por bien no venga) y hacer colas kilométricas no está entre mis hobbies favoritos.
Llevaba un tiempo buscando unos tenis porque los míos ya están para el arrastre, no es como ir descalza pero poco le faltaba. Aunque para el resto de la ropa no soy para nada tiquismiquis, con el calzado si que tengo que reconocer que soy bastante especialita, no me vale cualquier cosa. El caso es que el día 5, mientras mi madrina y yo estábamos de paseo, encontré unos que me encantaron en Pull and Bear y sólo quedaba un par del número 42. Me dije: “Nada, como voy a tiro fijo, me pego el madrugón el día 7, estoy de primerita, compro los tenis, me vuelvo para casa y aquí paz y después gloria”. Y así lo hice, os cuento.
En Pontevedra, hay lo que se conoce coloquialmente como “la avenida Amancio Ortega” por la colonización (no tiene otro nombre posible) del grupo Inditex en la zona, cosa que si vas con prisa, es bastante cómodo porque todas las tiendas están muy próximas entre sí. Allí me dirigí y, a medida que me acercaba, lo único que veía eran grupos de gente arremolinada en la puerta de las tiendas a la espera de que abriesen y cámaras de televisión de Localia, Televisión de Galicia (esta con entrevistadora con alcachofa incorporada) y de otra cadena que no logré identificar. ¿Nos hemos vuelto locos? Esto es Pontevedra, ciudad pequeña donde las haya, como para tanto despliegue de medios. Pues mira que hay tiendas y todas cerca las unas de las otras y los tres cámaras de televisión grabando la puerta de Pull and Bear. Me faltó el canto de un duro para mandar los tenis a la mierda, que esto es pequeño y nos conocemos todos. Me coloqué de forma que era imposible que me sacasen.
Abre la tienda y el cámara de Localia me mira como diciéndome “¿No vas a entrar, bonita?” y yo le devolví la mirada en plan “Con el frío que hace ya te cansarás y te largarás, macho”. Y así fue, entré, cogí los dichosos tenis y apenas tuve que guardar cola. De vuelta al campamento base con la satisfacción del deber cumplido.
Todas las tiendas están tan cerca, que me dije que podía echar un vistazo que podía encontrar alguna camiseta chula o algún vaquero (mi fondo de armario) que son cosas que no necesito probar y me ahorro una cola. Así que entro en Stradivarius y me pongo a mirar entre las camisetas, cuando una paisana que debía de doblarme la edad o más, me pega un empujón por adelantarse para coger una. Yo no le dije nada, me niego a ponerme a su altura y, además, como ya dije, aquí nos conocemos todos y nunca sabes con quién estás siendo borde, pero lo que me pedía el cuerpo era soltarle dos frescas:

1) Tía, esta camiseta que ahora cuesta 4,95 euros antes de ayer costaba 5,95 ¿Cómo puedes ponerte así por un cochino euro? Vale que hay crisis pero tampoco hay que perder la dignidad.
2) A donde vas con esa camiseta, alma de pollo que ya tienes una edad. Ana Obregón solo hay una.

Después de esto me fui derechita para casa, previo paso por mi refugio (mi librería favorita), allí la gente no te pega por conseguir un ejemplar. Si es que la peña ve una cartel del 50% de descuento y pierde completamente los papeles. Conseguí mis tenis y eso es lo que realmente importa.

viernes, 1 de enero de 2010

Propósitos de año nuevo.




Día uno de enero, después de hacer balance del año anterior, hoy toca plantearse los famosos propósitos de año nuevo.
Definitivamente fracasé con los del 2009, sólo tenía uno y no lo cumplí (ni siquiera hice el amago de intentarlo) con lo que, con un porcentaje de fracaso del 100%, creo que no hace falta que se diga nada más, los números hablan por si solos.

Dicho propósito era “aprender a andar con tacones”, como ya dije, ni lo intenté. Es que ni siquiera me calcé unos en los 365 días del año 2009. Parecerá un propósito ridículo pero, para aquellos que no me han visto andar con ellos, haré una pequeña pero ilustrativa descripción: andando con zapatos de tacón parezco Chiquito de la Calzada intentando ser sigiloso y, a la vez, aguantándose las ganas de mear, ya está, ya lo he dicho. Espero haber colaborado con vuestra imaginación y hayáis sido capaces de ponerle imagen en vuestra cabeza a semejante estampa.
En mi defensa, alegaré que la naturaleza ha sido generosa conmigo dotándome con 1,85 metros de estatura, por lo que encaramarse en esas “cosas” no supone para mí una imperiosa necesidad. Para nada me planteo subirme a unos zancos como los de Letizia, pero, no sé, un taconcito normal podría ser. O por lo menos tener la satisfacción personal de que si no lo hago es porque no quiero, no porque no sepa. No me importa confesar que soy muy (pero que muy) cabezota, por lo que este propósito queda anotado para este 2010. De todos modos, el 1 de enero de 2011, no quiero tener una estadística tan penosa, por lo que me voy a buscar otro propósito para asegurarme un 50% más benévolo con mi ego.

Hojeando el nº 559 de la revista “Mujer Hoy”, vi un artículo titulado: “Al año nuevo le pido…” una lista de propósitos en la que, además, te dan las claves para hacerlos realidad. Estupendo- me dije- escoge uno. La cosa fue así:

- Aprender a relajarme: estoy en el paro, lo que le pido al año nuevo es precisamente estrés laboral. No me sirve.
- Aprovechar más mi tiempo libre: me sobra tiempo libre, no se qué hacer con él. Siguiente.
- Dejar de fumar para siempre: nunca he fumado. Siguiente.
- Mantenerme en forma: entreno 5 días a la semana en el gimnasio, adoro el deporte. Siguiente.
- Estar más atenta a mi salud: no fumo, no bebo, dieta mediterránea, duermo bien, hago ejercicio. Me están empezando a entrar ganas de empezar a fumar, para tener algo que dejar.
- No medicarme por mi cuenta: ¿Qué clase de propósito es este?, es lo mismo que proponerte no tirarte encima de los coches para cobrar del seguro. ¿Cómo conseguir no automedicarme? Creo que es simple: no haciéndolo. Pues en la revista le dedican un señor párrafo. Siguiente. Empiezo a pensar que voy a tener que pensar mi propósito yo solita.
- Dormir todo lo que necesito: se acabó. Cierro inmediatamente la revista. Pensaré por mi misma.




Seguí tirada en el sofá viendo los saltos de esquí (para quien le interese, ganó un austriaco no se el nombre, a tanto no llego), llevaba un buen rato cuando me acordé: volver a patinar.
Siempre me encantó patinar, los primeros patines me los regalaron con 3 años, los famosos Fisher Price. Lo dejé con 13 porque un día, jugando al fútbol sobre patines (si habéis leído bien, fútbol sobre patines, con lo miedosa que soy ahora, no me lo creo ni yo), me puse a patinar hacia atrás para darle a la pelota de tacón, me caí y me di un golpe en la rodilla izquierda tan fuerte, que parecía que tenía una pelota de golf dentro, de lo hinchada que la tuve. Y justo cuando me recuperé, ese mismo verano, en una pachanga de fútbol, me hicieron una entrada un poco durilla, consecuencia: brecha muy grande en la rodilla izquierda. Tengo una cicatriz enorme. El caso es que le cogí algo de miedo, así que lo fui dejando y ahora estamos en 2010 y sigo sin patinar. Llevo unos meses pensándolo, así que no se hable más. Adjudicado el propósito de año nuevo. Eso si, antes me compraré unas rodilleras y coderas, que con 13 años las cicatrices me daban igual pero ahora no tanto.

Ya contaré mis progresos en ambos.