lunes, 22 de noviembre de 2010
Sablazo en el hotel.
lunes, 11 de octubre de 2010
Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo V: La "Pontevedra High Class"
María_MC: Yo también estuve a 45ºC ¿sabe? es que trabajo en Orense. No hace falta irse tan lejos. (Se abre la puerta del ascensor)
martes, 5 de octubre de 2010
Situaciones absurdas de mi vida cotidiana. Capítulo IV: la mala combinación lluvia+coche.
domingo, 3 de octubre de 2010
Segunda edición del amigo invisible bloguero: yo me apunto.
domingo, 26 de septiembre de 2010
Just say yes
I'm running out of ways to make you see
I want you to stay here beside me
I won't be ok and I won't pretend I am
So just tell me today and take my hand
Please take my hand
Please take my hand
Just say yes, just say there's nothing holding you back
It's not a test, nor a trick of the mind
Only love
It's so simple and you know it is
You know it is, yeah
We can't be to and fro like this
All our lives
You're the only way to me
The path is clear
What do I have to say to you
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
For Gods sake, dear
Just say yes, just say there's nothing holding you back
It's not a test, nor a trick of the mind
Only love
Just say yes, coz Im aching and I know you are too
For the touch of your warm skin
As I breathe you in
http://www.elyricsworld.com/just_say_yes_lyrics_snow_patrol.html
I can feel your heart beat through my shirt
This was all I wanted, all I want
Its all I want
Its all I want
Its all I want
Its all I want
Just say yes, just say there's nothing holding you back
It's not a test, nor a trick of the mind
Only love
Just say yes, coz Im aching and I know you are too
For the touch of your warm skin
As I breathe you in
lunes, 6 de septiembre de 2010
Experimento sociológico: tarde de compras.
viernes, 3 de septiembre de 2010
3 de septiembre: 26 aniversario de mi llegada al mundo.
sábado, 20 de marzo de 2010
Momentos de felicidad

Hace tiempo oí en alguna parte, la verdad es que no recuerdo muy bien donde, la siguiente frase: " La felicidad completa no existe, lo que hay son momentos de felicidad". Si he de ser sincera, esta frase me marcó, es más, creía que era verdad al 100%. Y, sin embargo, desde hace un par de años, no puedo estar más en desacuerdo.
Personalmente, me considero una persona afortunada: soy feliz, muy feliz. Y claro que tengo momentos malos, como todo hijo de vecino, pero procuro que no empañan la infinidad de momentos de profunda felicidad que tengo a lo largo del día. Y, ¡ojo! conseguir esto me ha costado, ya digo que hace unos años no era una persona tan optimista y alegre como puedo ser ahora y, lo de optimista, sigo sin serlo del todo, pero vamos mejorando en ese aspecto día a día, que la felicidad hay que currársela y buscarla, no va a venir por ósmosis.
Muchos dirán que es muy fácil decir lo de no dar importancia a los malos momentos o a las malas experiencias que pone la vida en el camino, pero sí se consigue. Hay bastantes casos de gente (no es mi caso) que vista desde fuera, tendría todas las papeletas para ser una persona desgraciada y, sin embargo, se ve perfectamente la felicidad en su cara. ¿El secreto? creo que depende de la capacidad de cada persona de encontrar la felicidad en lo cotidiano, en no necesitar nada extraordinario para ser totalmente feliz. Que las grandes "cosas", los momentazos, vamos a llamarlas así, dan un subidón increíble y ayudan a agrandar, aumentar y multiplicar por mil la sensación de felicidad, pero no la proporcionan.
El otro día, conduciendo, estaba inmersa en mi mundo interior, empecé a divagar con este tema y me pregunté si era feliz. La respuesta fue afirmativa, como ya adelanté antes. Lo siguiente fue pensar en aquellas cosas, en aquellos momentos que me hacían sentir tan bien, estos son algunos:
- El trayecto en coche los viernes, cuando vuelvo a Pontevedra. Realmente disfruto ese momento. Voy todo el camino con una sonrisita tonta. Ese momento en el que estoy en carretera, con mi musica, (ya se ha acabado la semana) estoy totalmente en paz y relajada.
- Tarde de compras con parada para repostar (aclarar que para mí gasolina = café). No es necesario comprar nada, sólo ir de paseo y las tiendas son una excusa.
-El café de mediamañana con los compañeros de trabajo: me encanta mi trabajo, pero en el ratito del café, me lo paso bomba y me río muchísimo.
-En verano, tarde de playa. Pero no me vale cualquier cosa, hay un ritual: lo primero es que tengo que ir sin prisa, tiene que dar exactamente igual a la hora a la que baje y a la hora a la que vuelva a casa. Ir andando hasta allí, por supuesto (es un cuarto de hora, no es algo herniante), una vez allí, caminar por la arena (suele ser una media de cinco veces ida y vuelta, tengo la distancia medida, en total es algo más de 9 kilómetros), me gusta ir acompañada, hablando (la ausencia de acompañante es suplida con iPod, pero para esto, mejor charla que música). Luego bañito relajante nadando una buen rato. Para secarme, una partida de palas y, cuando anochece, de vuelta a casiña, ducha y salir a tomar algo.
-Ir a una librería y salir con botín bajo el brazo.
-Una buena peli, en buena compañía. No tiene porqué ser en cine y pantalla grande, en casa de alguien tirados en el sofá.
-Tertulia y confesiones en torno a una humeante taza de café. Nota: soy perfectamente consciente de que tomo mucho café, es mi único vicio y lo llevo al extremo.
-Planificando actividades que me apetece hacer. Ahora mismo estoy inmersa en la plainificación de una escapada de fin de semana en mayo y lo paso pipa, yo creo que lo paso casi tan bien, como luego en el viaje en sí.
-Cuando estoy con mis amigos y se nos va la pinza de tal forma que empezamos a decir tonterías y nos reímos con cualquier chorrada.
-Cuando me engancho a una serie y encuentro a otra persona que la sigue con la misma devoción que yo: me puedo tirar horas hablando y teorizando sobre ella (por supuesto, con café de por medio).
-Cuando empiezo a tener confianza con la gente a la que acabo de conocer y veo que empeamos a vacilarnos mutuamente.
-Cuando consigo hacer algo que no era capaz y cuando mejoro en algo que ya hacía.
Seguramente, alguna más me he dejado en el tintero, pero aún así, a la vista de todo esto creo que puedo afirmar con total rotundidad dos cosas:
1) Soy una persona muy afortunada.
2) Definitivamente, soy una persona feliz.
Para finalizar, lanzo una pregunta: ¿Qué situaciones de la vida cotidiana contribuyen a vuestra felicidad?
jueves, 11 de marzo de 2010
Cuestión de aspecto (y de tener dos dedos de frente)
sábado, 27 de febrero de 2010
Mi decepción con Rosa Díez
lunes, 22 de febrero de 2010
Antes de morir me gustaría...
- Hacer con mi hermana un viaje que comprenda: Los Ángeles, San Francisco y Las Vegas: todos los años participamos en el sorteo de la revista fotogramas y nunca toca, pero nos gustaría sacarnos esa espinita. ¡Ah! y dentro de ese viaje imprescindible el hacer la visita guiada por los Estudios Universal, la del trenecito, ya sabeis, la de los superguiris.
-Poder decir que me he dado un baño en todos los océanos del planeta: llevo uno, quedan cuatro aunque el caso del Antártico (o Ártico, siempre me equivoco) lo doy por bueno con meter el pie, tampoco es cuestión de morir en el intento.
- No equivocarme entre Ártico y Antártico (este también se llama Austral, lo acabo de comprobar) y entre estalagmitas y estalactitas.
- Correr un Marathon: no hace falta ganarlo, ni quedar entre los 100 primeros, quiero simplemente acabarlo. Soy muy competitiva, sobretodo en lo que a deportes se refiere, pero no idiota, se cuáles son mis limitaciones. Aunque lo que de verdad me gustaría sería emular a Filípides (soldado griego, quien en el año 490 a. C. murió de fatiga tras haber corrido unos 40 km desde Marathon hasta Atenas para anunciar la victoria sobre el ejército persa), podría aprovechar el viaje a Grecia y matar dos pájaros de un tiro.
- Correr un triatlón: me parece una disciplina deportiva durísima, pone el cuerpo humano totalmente a prueba, Debe de molar eso de ponerse delante de alguien y decir: "Es que corro triatlones, ¿sabes?", siento profunda admiración por la gente que lo consigue (por el que hace triatlones, no el que vacila).
- Tener nietos para malcriarlos y llevarlos de excursión.
Esto sólo es la punta del iceberg, seguro que en algún momento se me ocurre alguna cosilla más. Por lo tanto no es tan descabellado cuando digo que procuro cuidar mi cuerpo porque sólo tengo uno, quiero llegar a los 100 años y el conseguirlo es una carrera de fondo, hay que empezar de joven. No es por coquetería, es porque de verdad necesito el tiempo para hacer tantas cosas.
jueves, 11 de febrero de 2010
Carta del Ministerio de Trabajo e Inmigración
martes, 9 de febrero de 2010
Crónica de una forastera en Orense. Capítulo II: ¡Dios! qué frío hace en esta ciudad

Dicen que el frío es psicológico. Y una mierda psicológico. Si así fuera, yo desde luego que no lo sentiría, porque mira que me he intentado mentalizar desde que supe que tenía que venir para aquí, he invocado el pensamiento positivo e incluso para creérmelo más, he estado a punto de ir a trabajar en camiseta de tiras, pero nada. Tengo frío y no hay vuelta de hoja. A lo que si he llegado es a la conclusión de que tener una sensación térmica baja, probablemente mezclado con estar recién levantada, hace que tenga pensamientos.... un tanto peculiares, vamos a decir. Delirios no, pero andamos ahí, ahí.
Como se dice en el libro "Alicia en el país de las maravillas", empecemos por el principio y acabemos por el final.
Suena el despertador, saco la mano de debajo de las mantas (para ser concreto, sábanas, manta, edredón, otra manta doblada a la mitad y otra mánta fina más) para apagarlo y ya noto desde el minuto uno de la jornada que estoy en Ourense. Me siento unos segundos para intentar espabilarme y no caerme redonda al ponerme de pie, y mis ojos se dirigen a mis pies, los cuales están cubiertos por las pantuflas a juego con el pijama. Entoces mi mente retrocede al momento en el que fui a Valença do Minho, Portugal, y me compré la susodicha prenda. Allí, recuerdo que pensé: "Estos portugueses desde luego qué faltos de glamour están, dormir con calcetines. Habráse visto". Faltos de glamour no, prácticos, visionarios voy a ir más allá y decir que son genios. Claro, yo vivía muy cómoda en las Rías Bajas con ese clima oceánico, suave y agradable donde los haya, allí era fácil reírse de las ocurrencias de los habitantes del país vecino. No me había parado a pensar en lo afortunada que era climatológicamente hablando, ahora lo aprecio.
domingo, 7 de febrero de 2010
Situaciones absurdas de mi vida cotidiana I.
Creo sinceramente que el sonido del silencio puede llegar a ser ensordecedor y que muchas veces una mirada puede decir, incomodar o herir más que una buena retahíla de palabras. Y ¡Vaya si el silencio incomoda! Puede llegar a ser insoportable.
El refranero español, rico y prolífico donde los haya, dice “Eres esclavo de tus palabras y dueño de tus silencios”: una verdad como un templo. Pero tendemos a no apreciar el buen hacer de la sabiduría popular, lo que da lugar a situaciones de lo más absurdas que se evitarían simplemente cerrando el pico de vez en cuando, me explico. Cuando no hay confianza con la persona con la que se está compartiendo espacio, el llenar los temidos silencios puede ser algo realmente agotador y llegar a rayar la ridiculez. Yo personalmente, lo intento una vez, dos como mucho y, si la persona en cuestión no ayuda a reducir el nivel de incomodo, me afeito para arriba y paso, me meto en mi mundo y, una vez allí, ya no hay vuelta atrás, no me sacan ni con agua caliente.
Existe una serie de situaciones estúpidas que suceden a menudo en mi vida y las que de verdad pienso lo de “calladito estás más guapo/a”. Hoy voy a hablar de una de ellas, pero hay más que se comentarán a su debido tiempo.
Nota: las frases en azul es lo que pienso pero no digo, se que soy una borde pero algo de autocontrol tengo escondido por ahí.
Situación 1:
Esta suele suceder con la gente más próxima a ti. Tengo un momento de esos de “quiero-estar-en-silencio-pero-no-me-pasa-nada”, simplemente quiero ver la tele o leer y no quiero decir nada o no tengo nada que decir. Entonces SIEMPRE, aparece alguien a tocarte las narices y se repite siempre la misma historia:
Se sienta a tu lado y te mira, le/la miras pero sólo saludas y no dices nada más, a pesar de conocerme, no coge la indirecta del silencio:
- ¿Te pasa algo?
- No
- ¿De verdad?
- No, de verdad. Voy a mantener la vista fija en el libro o en la tele a ver si capta que no quiero hablar.
- Pues algo te tiene que pasar porque estás muy callada.
- No, de verdad que no. Es que estoy cansada. Voy a dar un motivo aunque sea falso, si doy cierta información lo mismo se sacia su curiosidad y me deja en paz. Al mismo tiempo miro a la persona y le dedico una media sonrisa conciliadora para que vea que estoy de buen rollo.
- Pues hace diez minutos estabas muy habladora, así que te tiene que pasar algo.
-¿Qué parte de “no” es la que no has entendido? Ya, bueno hace diez minutos era hace diez minutos.
- ¿Sabes que si te pasa algo puedes contármelo verdad?
- El vaso se está colmando, el vaso se está colmando… Ya se que puedo contar contigo pero de verdad que no pasa nada, sólo me apetece estar en silencio.
-Si no me lo quieres decir, no me lo digas pero a ti te pasa algo. Se colmó.
- NO ME PASA NADA, SIMPLEMENTE ME APETECE LEER TRANQUILA UN RATO Y CON TUS PREGUNTITAS NO ME DEJAS. AHORA MISMO EL ÚNICO PROBLEMA QUE TENGO ERES TÚ.
- Eres una borde! Tampoco hacía falta ponerse así, por encima de que me intereso por ti vas y así me lo pagas.
La persona se levanta echa un basilisco y se marcha con una gran teatralidad, puede que incluso de un portazo para dar más dramatismo a la situación. Se podría pensar que ahora puedes disfrutar del silencio, pero no. Ya se ha fastidiado tu plan de tranquilidad absoluta.
sábado, 30 de enero de 2010
I love Pontevedra
Hoy iba paseando por el paseo marítimo, (que está cerquísima de mi casa), y me encontré el siguiente graffitti:

lunes, 25 de enero de 2010
De Pontevedra, de Galicia y de España.
Me pone del hígado todas las polémicas idiomáticas que se sacan los políticos de turno con fines electoralistas. Si de verdad estuvieran en contacto con la calle, se darían cuenta de que entre el “pueblo llano” no existe problema alguno. Tengo amigos gallego parlantes, mi abuela sin ir más lejos, lo es. Y cuando hablamos, ellos lo hacen en gallego y yo respondo en castellano y viceversa. Nos entendemos y, ni ellos ni yo, nos sentimos ofendidos por no cambiar el idioma para hablar con los demás.
Durante el franquismo, el gallego estuvo prácticamente prohibido y a los que lo hablaban los tachaban de pueblerinos y paletos, parece mentira que Franco fuera del mismo Ferrol. Esto hizo mella, aún a día de hoy veo como mi abuela cambia al castellano cuando va al médico. Estuvo muy mal, claro que si, pero lo que no se puede hacer ahora es intentar eliminar el castellano de todos los organismos oficiales, como pretendió hacer, dando lugar a multitud de situaciones absurdas. Por ejemplo, para acceder a cualquier empleo público tengo que hacer un examen de gallego o demostrar que se hablarlo, leerlo y escribirlo. Esto es increíble, debería bastar mi partida de nacimiento, soy gallega. ¿Acaso si voy a trabajar a Toledo, pongamos por caso, tengo que hacer un examen de castellano? Si se piensa fríamente se pretendía hacer con el castellano lo mismo que se hizo antes con el gallego durante la época de Franco. Y para muestra, os voy a contar dos situaciones separadas 65 años aproximadamente entre si y ya me diréis si es lo mismo o no:
La situación 1, la contaba mi abuelo, le ocurrió a un compañero suyo de escuela.
Resulta que el maestro le preguntó al amiguito de mi abuelo: ¿Cuántos años tienes?. En gallego “año” significa cordero.
En la aldea de mi abuelo sólo se hablaba el gallego y no se conocía el castellano, así que el niño contestó: “Teño sete años e dez pitos” (Traducción: Tengo siete corderos y diez pollos). El profesor en lugar de enseñarle al chaval cómo se decía en castellano, con paciencia y entendiendo su situación, le castigó.
La situación 2, me ocurrió a mi en tercero de carrera (para los que no lo sepan, estudié en la Universidad de Santiago de Compostela).
La asignatura de electrotecnia, la impartía un tío de estos de “qué hippie y enrrollado soy”. Explicar, explicaba bien, las cosas como son. El primer día, entra por clase y se quita su jersey super hippie, (me apuesto una mano que lo compró en una feria de artesanía) que no se apeó en todo el cuatrimestre (o eso o tenía varios) y tenía una camiseta que ponía “Algum dìa Galiza será ceibe” (Traducción: “Algún día Galicia será libre”). Una compañera y yo nos miramos y pensamos que al carajo la cooficialidad de idiomas, vamos a tener que hablar en gallego para congratularnos con este tío (mis principios a la mierda cuando está en juego el estudiar en verano). Por encima esa frase no está en gallego, está en portugués. El paisano era de estos ultranacionalistas, que llaman Galiza a Galicia y creen que Galicia debería pertenecer a Portugal y no a España y tener su uso horario y no se cuantas gaitas más. Obviamente el tío hablaba en gallego lusista (que no es gallego normativo).
El caso es que un día en prácticas le hice una pregunta y el tío me hizo gestos como de que no se enteraba, se la repetí (lo mismo había hablado muy bajo), obtuve como repuesta el mismo gesto y así una tercera (inocente de mi). Se me encendió la bombilla y la hice en gallego y hablando muy bajito (esto lo hice aposta). ¡Amigo!, la cosa cambió y de repente el tío se enteró.
A mi no me castigaron, pero tuve que soportar lo que quedó de curso las burlas de mis compis por inocente y no darme cuenta de que el tío se estaba quedando conmigo. Es que estaba tan concentrada en el ordenador…. Por cierto, que aprobé a la primera, ahora bien, el examen lo hice en gallego que estaba en juego el estudiar en verano.
Tengo noticias para aquellos que son como mi profesor: amigos míos, hay vida más allá de Los Ancares y, aunque parezca difícil de creer, también hay vida más allá de los Pirineos, y en esos sitios no se habla gallego. Debemos estar preparados, porque nunca se sabe dónde puede acabar uno trabajando y no estaría de más competir en igualdad de condiciones que el resto de los españoles.
martes, 19 de enero de 2010
Fauna de gimnasio II

Después una primera incursión en el universo de los gimnasios con las señoritas yo-eso-no-lo-hago-que-marco-músculo, vuelvo a sumergirme en las profundidades de ese mundo aparte.
En esta ocasión les ha tocado a las señoritas me-sobra-la-pasta-y-una-ONG-no-me-motiva. Básicamente se trata de gente (muy a mi pesar el 99,99% son chicas), que va al gimnasio a dar un paseíto y ducharse. Y, francamente, con los tiempos que corren me parece que 30 euros mensuales (en el mejor de los casos) es un alto precio para tan poca actividad. Para eso casi vas al trabajo andando, que es gratis, y te duchas en casa, que tienes el baño para ti solita.
A simple vista se podría pensar que son personas que, estéticamente hablando, no necesitan gimnasio, chicas guapísimas, delgadísimas y un larga lista de –ísimas más. Pero claro, aunque escondidos, hay mucho amante del deporte suelto por ahí, por lo que, perfectamente el ir al gimnasio puede ser por salud, por devoción al ejercicio físico etc, por lo que hay nada de raro en que vayan. Yo misma voy por hobby.
Lo primero que llama la atención es el despliegue de medios que se gastan. Cuando las ves cambiándose en el vestuario sacan unos modelazos que ni Marbelys Zamora ensayando en Fama, que si mallas a juego con la camiseta y el sujetador deportivo (todo de marca y supertranspirable, por supuesto), zapatillas con cámara de aire, muñequeras, calentadores, y un iPod del tamaño de mi puño que llevan sujeto en el brazo con un brazalete especial (también transpirable, no podía ser de otro modo). A ojímetro y tirando por lo bajo, puede que lleven 350 euros encima en ropa y complementos. Las miras a ellas y te miras a ti con una pantalón de deporte, una camiseta de paso de ecuador vieja y unos tenis del Decathlon y, como quieres pensar bien, te dices a ti misma que fijo que es porque son profesionales del deporte, es su medio de vida y una buena equipación es fundamental.
Claro, después de tanto dinero gastado, no queda para ir a los chinos y comprarse una goma para el pelo. Ese es uno de las características fundamentales de este grupo, el pelo Pantene va SIEMPRE suelto, como mucho una horquilla para retirarse el flequillo (de no hacerlo, corres el peligro de que te echen de la pandi). Y no suele ser cosa de media melenita, el largo del pelo es considerable. No estoy muy segura, pero creo que una coleta son 5 puntos menos en la escala del glamour y un moño son 7.
Otra peculiaridad, es una buena capa de maquillaje. Primero piensas “Pobres, ahora cuando empiecen a sudar se les va a correr todo”, pero no hay fallo posible porque lo de sudar no va con ellas (tercera característica), me explico. Salen del vestuario, van a la cinta 5 minutos a trote cochinero (que en su caso es andar, no todo el mundo tiene el mismo ritmo), de ahí van a la zona de pesas donde cogen el papelito con su rutina de entrenamiento. La miran, la remiran, dan una vuelta mirándola por la zona donde están los cachas que tienen moto con un fingido aire distraído, de vuelta vuelven a pasar delante de los cachas (¿porqué no haces que te estampen en la camiseta transpirable la frase “A que estoy buena”?, sería menos sutil pero se ahorra una barbaridad de tiempo). Deben de creer que si miran fijamente la tabla de ejercicios, las abdominales se hacen solas, aunque bien mirado, levantar el susodicho papel a la altura de los ojos una y otra vez podría considerarse como ejercicio de bíceps. Hacen un par de ejercicios, pero sin forzar, no vaya a ser que se sude, parando entre medias para colocarse el pelo y en una de estas miran el reloj (otra contracción de bíceps, esto es un no parar ¿eh?) y se dicen que ya está bien por hoy, cogen la toalla, se secan ¿el sudor?, vuelven a dar una vuelta por la zona de los cachas y para el vestuario. Allí se tiran más tiempo que en el gimnasio en sí, ya se sabe, hay que ducharse pero también colocarse esos pelos de loca consecuencia del esfuerzo físico.
Cada cual que haga con su dinero lo que quiera, y no seré yo quién le diga a nadie lo que tenga que hacer, simplemente voy a dejar caer que se puede pasear gratis y existen un montón de asociaciones para apadrinar niños, con la mensualidad de un gimnasio se apadrinan 10.
P.D. A aquellos que estabais preocupados por mi salud mental, deciros que ayer volvió a abrir mi gimnasio, estaba allí a las 9:10 de la mañana. Se recobra el orden en el universo.
viernes, 15 de enero de 2010
La máquina perfecta
Me fascina el cuerpo humano, es una máquina perfecta y el conocer y comprender su funcionamiento es algo que me produce una enorme curiosidad que intento satisfacer siempre que me surge cualquier tipo de duda al respecto.
Lo más lógico sería pensar que este tipo de inquietudes me llevarían por el camino de la medicina, pero no, para disgusto en su día de mi madre y alguno de mis tíos que me dieron el coñazo hasta prácticamente entregar el formulario con la solicitud de las carreras. Incluso hubo quién me siguió insistiendo cuando ya llevaba 2 años estudiando Ingeniería Química!!
No todos podemos ser médicos y yo, desde luego que no. A mi la medicina o el estudio del cuerpo humano me gusta, pero en el papel. Me mareo con la sangre, tengo fobia a las agujas, las fotos demasiado explícitas de los libros de medicina me dan arcadas teniendo que volver la cara y, como broche de oro, soy hipocondríaca. Una vez iba de paseo con mi madre, me estaba contando que a un compañero suyo le tuvieron que poner unos tornillos en la rodilla como consecuencia de un accidente, y me tuve que apoyar en la pared porque me mareaba con sólo pensarlo. No me veo ejerciendo esa profesión y admiro profundamente a aquellos que tienen esa vocación. Es más, después de todo lo que he escrito, ¿realmente alguien me ve de médico? Ya me estoy imaginando la escena:
- Doctora, la necesitan en el box 1.
Dirijo mis pasos hacia allí y me encuentro con alguien al que han estampado un vaso en la cara y tiene el ojo colgando. Entonces me doy la vuelta rápidamente con un giro de 180 grados que ni Fred Astaire exclamando:
- ¡Qué ascazo, por Dios! ¡Apártate de mi vista, tío! – En ese momento me caigo redonda desmayada, pero todavía alcanzo a escuchar como una enfermera se descojona de mi mientras pide un médico para la médico.
A pesar de todo esto, me encanta que mi hermana (que para regocijo de algunos, sí sintió la llamada de la vocación médica) me cuente lo que hace en el hospital durante sus prácticas, explicándome los diagnósticos “en mi idioma”, como ella dice. Le pido que me aclare lo no entiendo cuando veo series de hospitales (que me encantan), o cuando leo libros que tienen la temática médica como trasfondo. Una vez la vi enfrascada estudiando los electrocardiogramas y le pedí que me diera unas nociones básicas (súperbásicas) para interpretarlos. Cuando voy al médico, que afortunadamente es en contadas ocasiones, atiendo a la explicación técnica cuando me enseña los resultados de las pruebas. A mi lo que me gusta es el diagnóstico en sí, y entender los parámetros y razonamientos que hicieron llegar a esa conclusión. Y todo esto simplemente por satisfacer mi curiosidad, gracias a lo cuál he adquirido con los años un argot bastante aceptable para alguien profano en la materia, dejando flipado en alguna ocasión a gente del gremio, modestia a parte. Y también a los que no son del gremio. Me acuerdo de la cara de mi madre una vez que estábamos viendo Hospital Central, y lo que le llevó todo el capítulo diagnosticar a la Cerezuela, yo lo hice en la primera escena en la que salió la paciente. No era nada complicado, la niña tenía un TOC y el Síndrome de Tourette. No tuvo mérito ninguno, teniendo en cuenta que artículos sobre TOCs los hay a mansalva en los dominicales y lo del Síndrome de Tourette fue porque me acordaba del personaje de Anne Hache en Ally McBeal. De todos modos no pude resistir la tentación de vacilar a mi madre con falsa indignación, diciéndole que era cultura general y cómo era posible que ella no lo hubiera acertado.
Muchas personas conocen a la perfección el funcionamiento de móviles, televisores, microondas etc porque son artilugios que emplean en su vida cotidiana y no se molestan por saber cómo funcionan ellos mismos y el porqué de dicho funcionamiento. Llamadme rara si queréis, pero a mi me choca ver cómo hay gente que se preocupa por saber cómo funciona un DVD y no su propio cuerpo y, creedme cundo digo, que soy la primera que es consciente de que muchas veces las imágenes no son agradables de ver.
jueves, 7 de enero de 2010
La locura de las rebajas
Normalmente, el 7 de enero por la mañana lo dedico a ir de tiendas, ya sabéis empiezan las rebajas y hay que buscar alguna ganga. Nunca he sido de las que pisotean, empujan y pelean por una prenda de ropa. Aunque en la mayoría de los aspectos de mi vida soy bastante nerviosa, este tipo de actividades me las tomo con la pachorra que me falta en otras cosas. Este año además, no tenía pensado ir, no me hace falta ropa (más presupuesto para libros y pelis, si no hay mal que por bien no venga) y hacer colas kilométricas no está entre mis hobbies favoritos.
Llevaba un tiempo buscando unos tenis porque los míos ya están para el arrastre, no es como ir descalza pero poco le faltaba. Aunque para el resto de la ropa no soy para nada tiquismiquis, con el calzado si que tengo que reconocer que soy bastante especialita, no me vale cualquier cosa. El caso es que el día 5, mientras mi madrina y yo estábamos de paseo, encontré unos que me encantaron en Pull and Bear y sólo quedaba un par del número 42. Me dije: “Nada, como voy a tiro fijo, me pego el madrugón el día 7, estoy de primerita, compro los tenis, me vuelvo para casa y aquí paz y después gloria”. Y así lo hice, os cuento.
En Pontevedra, hay lo que se conoce coloquialmente como “la avenida Amancio Ortega” por la colonización (no tiene otro nombre posible) del grupo Inditex en la zona, cosa que si vas con prisa, es bastante cómodo porque todas las tiendas están muy próximas entre sí. Allí me dirigí y, a medida que me acercaba, lo único que veía eran grupos de gente arremolinada en la puerta de las tiendas a la espera de que abriesen y cámaras de televisión de Localia, Televisión de Galicia (esta con entrevistadora con alcachofa incorporada) y de otra cadena que no logré identificar. ¿Nos hemos vuelto locos? Esto es Pontevedra, ciudad pequeña donde las haya, como para tanto despliegue de medios. Pues mira que hay tiendas y todas cerca las unas de las otras y los tres cámaras de televisión grabando la puerta de Pull and Bear. Me faltó el canto de un duro para mandar los tenis a la mierda, que esto es pequeño y nos conocemos todos. Me coloqué de forma que era imposible que me sacasen.
Abre la tienda y el cámara de Localia me mira como diciéndome “¿No vas a entrar, bonita?” y yo le devolví la mirada en plan “Con el frío que hace ya te cansarás y te largarás, macho”. Y así fue, entré, cogí los dichosos tenis y apenas tuve que guardar cola. De vuelta al campamento base con la satisfacción del deber cumplido.
Todas las tiendas están tan cerca, que me dije que podía echar un vistazo que podía encontrar alguna camiseta chula o algún vaquero (mi fondo de armario) que son cosas que no necesito probar y me ahorro una cola. Así que entro en Stradivarius y me pongo a mirar entre las camisetas, cuando una paisana que debía de doblarme la edad o más, me pega un empujón por adelantarse para coger una. Yo no le dije nada, me niego a ponerme a su altura y, además, como ya dije, aquí nos conocemos todos y nunca sabes con quién estás siendo borde, pero lo que me pedía el cuerpo era soltarle dos frescas:
1) Tía, esta camiseta que ahora cuesta 4,95 euros antes de ayer costaba 5,95 ¿Cómo puedes ponerte así por un cochino euro? Vale que hay crisis pero tampoco hay que perder la dignidad.
2) A donde vas con esa camiseta, alma de pollo que ya tienes una edad. Ana Obregón solo hay una.
Después de esto me fui derechita para casa, previo paso por mi refugio (mi librería favorita), allí la gente no te pega por conseguir un ejemplar. Si es que la peña ve una cartel del 50% de descuento y pierde completamente los papeles. Conseguí mis tenis y eso es lo que realmente importa.
viernes, 1 de enero de 2010
Propósitos de año nuevo.

Día uno de enero, después de hacer balance del año anterior, hoy toca plantearse los famosos propósitos de año nuevo.
Definitivamente fracasé con los del 2009, sólo tenía uno y no lo cumplí (ni siquiera hice el amago de intentarlo) con lo que, con un porcentaje de fracaso del 100%, creo que no hace falta que se diga nada más, los números hablan por si solos.
Dicho propósito era “aprender a andar con tacones”, como ya dije, ni lo intenté. Es que ni siquiera me calcé unos en los 365 días del año 2009. Parecerá un propósito ridículo pero, para aquellos que no me han visto andar con ellos, haré una pequeña pero ilustrativa descripción: andando con zapatos de tacón parezco Chiquito de la Calzada intentando ser sigiloso y, a la vez, aguantándose las ganas de mear, ya está, ya lo he dicho. Espero haber colaborado con vuestra imaginación y hayáis sido capaces de ponerle imagen en vuestra cabeza a semejante estampa.
En mi defensa, alegaré que la naturaleza ha sido generosa conmigo dotándome con 1,85 metros de estatura, por lo que encaramarse en esas “cosas” no supone para mí una imperiosa necesidad. Para nada me planteo subirme a unos zancos como los de Letizia, pero, no sé, un taconcito normal podría ser. O por lo menos tener la satisfacción personal de que si no lo hago es porque no quiero, no porque no sepa. No me importa confesar que soy muy (pero que muy) cabezota, por lo que este propósito queda anotado para este 2010. De todos modos, el 1 de enero de 2011, no quiero tener una estadística tan penosa, por lo que me voy a buscar otro propósito para asegurarme un 50% más benévolo con mi ego.
Hojeando el nº 559 de la revista “Mujer Hoy”, vi un artículo titulado: “Al año nuevo le pido…” una lista de propósitos en la que, además, te dan las claves para hacerlos realidad. Estupendo- me dije- escoge uno. La cosa fue así:
- Aprender a relajarme: estoy en el paro, lo que le pido al año nuevo es precisamente estrés laboral. No me sirve.
- Aprovechar más mi tiempo libre: me sobra tiempo libre, no se qué hacer con él. Siguiente.
- Dejar de fumar para siempre: nunca he fumado. Siguiente.
- Mantenerme en forma: entreno 5 días a la semana en el gimnasio, adoro el deporte. Siguiente.
- Estar más atenta a mi salud: no fumo, no bebo, dieta mediterránea, duermo bien, hago ejercicio. Me están empezando a entrar ganas de empezar a fumar, para tener algo que dejar.
- No medicarme por mi cuenta: ¿Qué clase de propósito es este?, es lo mismo que proponerte no tirarte encima de los coches para cobrar del seguro. ¿Cómo conseguir no automedicarme? Creo que es simple: no haciéndolo. Pues en la revista le dedican un señor párrafo. Siguiente. Empiezo a pensar que voy a tener que pensar mi propósito yo solita.
- Dormir todo lo que necesito: se acabó. Cierro inmediatamente la revista. Pensaré por mi misma.
Seguí tirada en el sofá viendo los saltos de esquí (para quien le interese, ganó un austriaco no se el nombre, a tanto no llego), llevaba un buen rato cuando me acordé: volver a patinar.
Siempre me encantó patinar, los primeros patines me los regalaron con 3 años, los famosos Fisher Price. Lo dejé con 13 porque un día, jugando al fútbol sobre patines (si habéis leído bien, fútbol sobre patines, con lo miedosa que soy ahora, no me lo creo ni yo), me puse a patinar hacia atrás para darle a la pelota de tacón, me caí y me di un golpe en la rodilla izquierda tan fuerte, que parecía que tenía una pelota de golf dentro, de lo hinchada que la tuve. Y justo cuando me recuperé, ese mismo verano, en una pachanga de fútbol, me hicieron una entrada un poco durilla, consecuencia: brecha muy grande en la rodilla izquierda. Tengo una cicatriz enorme. El caso es que le cogí algo de miedo, así que lo fui dejando y ahora estamos en 2010 y sigo sin patinar. Llevo unos meses pensándolo, así que no se hable más. Adjudicado el propósito de año nuevo. Eso si, antes me compraré unas rodilleras y coderas, que con 13 años las cicatrices me daban igual pero ahora no tanto.
Ya contaré mis progresos en ambos.

