miércoles, 15 de septiembre de 2010

Sindrome postvacacional, ¿qué es eso?

Para empezar aclarar una cosa: yo de eso de síndrome postvacacional, no lo tengo. Es que fue poner un pie el lunes en la oficina y ser un "no-parar" continuo. Así que no sé si lo padezco o no, lo que seguro no tengo es tiempo para darme cuenta si está ahí o de pensar que la semana pasada estaba en la playa y mucho menos de deprimirme por ello. "The show must go on" y aquí hay que dar el callo, no hay tiempo para lamentos.

Si es que además tengo unos compañeros y amigos que valen su peso en oro. Además de ser muy cariñosos conmigo cuando llegué y decirme que se alegraban mucho de verme, después de tres semanas de ausencia, me tenían preparada una sorpresa. 
Me explico: hay una norma no escrita que dice que aquel que está de cumpleaños lleva una tarta para la hora del café, además de tener que oir cómo se le canta el cumpleaños feliz a voz en grito en la cafetería. Como bien sabéis que lo habéis leído, el mío fue el pasado día 3, pero me reincorporé el lunes por lo que me presenté en la hora del café con dos bizcochos cocinados y horneados por una servidora. Cuál será mi sorpresa que después del "feliz, feliz en tu día..." (por cierto, que me parecía bastante más gracioso cuando yo era la cabecilla y comenzaba el cántico para que el homenajeado se pusiera colorado como un tomate) me sacan un regalo. A mí es difícil dejarme sin palabras, pero ¡vaya si lo consiguieron! me dejaron temblando el pulso y boquiabierta. Por cierto que el regalo fueron unas zapatillas Converse de cuero negras, para que me abriguen los pinrreles en invierno. Acertaron de pleno, he de decir.
Tras recuperarme y tomarme el cafelillo, me fui al curre. Por la tarde, como mi hermana estaba pasando unos días en Ourense me la llevé a las termas a relajarnos dos horitas, que ella nunca había estado y es algo que habia que subsanar de forma inmediata. Por Dios ¡qué gusto y qué relax!

Al acabar, fuimos mi hermana, mi compi de piso y yo a, lo que creía, ver una peli en casa de unos amigos y cuando llego y veo que me tenían preparada una cena sorpresa (con luces apagadas, grito de sorpresa, tarta con velas formando un 26 y todo) y me dan otro regalo (una mochila preciosa para el gimnasio, si es que me conocen a la perfección). Os juro que mi cara fue un poema, no me lo esperaba para nada. Me faltó el canto de un duro para soltar una lagrimilla y todo (con la edad me ablando, que no veas).

Sí es que aquí, en Ourense, me he encontrado una nueva "familia" que no veáis cómo me cuidan. De verdad que no me los merezco. Con gente así a mi alrededor ¿cómo se puede tener síndrome postvacacional? Lo que pienso durante las vacaciones es volver para estar con ellos.

viernes, 10 de septiembre de 2010

Recuperando aficiones: mi retorno como seriéfila.

Mientras estudiaba tanto en el colegio como en el instituto, en mi casa había una norma que, aunque odiaba a muerte, reconozco que fue útil para mi futuro: no se veía la tele por semana. Es decir, de lunes a jueves tanto mi hermana como yo, no podíamos encender siquiera la televisión, el horario era desde el viernes al salir del colegio hasta el domingo cuando acababa la serie (que si no recuerdo mal era "La casa de los líos", luego "Hospital Central" y finalmente "Siete Vidas").
En aquella época, tampoco es que notase un gran vacío en mi vida, tenía colegio por la mañana y por la tarde y al salir a la 17:30, me iba al conservatorio donde pasaba un par de horas entre clases de solfeo, piano, coro, armonía... llegaba a casa con el tiempo justo para hacer los deberes, cenar y meterme en cama. Debo añadir, además, que cenábamos mi hermana y yo solas en la cocina y nos lo pasábamos pipa de tertulia. Todavía no me explico cómo podíamos hablar tanto si íbamos al mismo colegio y ella también estudiaba en el conservatorio, sabíamos todos y cada uno de los cotilleos apenas acabasesn de surgir, supongo que la cena servía de puesta en común de las distintas versiones. 

Televisivamente hablando, lo que hacíamos era grabar las series y verlas dentro del "horario permitido". Fue en esta época cuando me enganché a Ally McBeal, Felicity, Hospital Central, Siete vidas, Periodistas, Hermanas, Sensación de Vivir, Melrose Place, Mareas Vivas (serie de la televisión de Galicia dónde comenzó el archiconocido y archipremiado Luis Tosar), Médico de familia (como todo español que se precie) y, por supestísimo, la mejor serie de toda la historia a escala mundial: Friends (serie que llegué a seguir incluso en la Rai-2 doblada en italiano, la echaban los domingos después de comer si mal no recuerdo).

En el instituto, la norma persistía pero mis padres eran bastante más permisivos con ella y muchas veces cenábamos con la serie. De esta época detaco  Dawson Crece, Buffy Cazavampiros, Embrujadas (es que se me dio por lo sobrenatural en aquella época), Yo soy Betty la fea (la colombiana, se llegó a retrasar el entreno de atletismo porque estaba todo el equipo enganchado y llegábamos todos tarde). Además de estas, que son "las nuevas",seguí enganchada a las que persistían de mi época colegial (mayormente, Hospital Central y Siete vidas). Debo añadir, que únicamente estuve 2 años en el instituto. En mi colegio se impartía hasta 4º de la E.S.O por lo que fui al "insti" sólamente a cursar los dos años de bachillerato. Ya veís mi promoción (la de los que nacimos en el 84) fue la primera de la E.S.O y no salimos mal del todo.

Llega la universidad y, por encima, comienza el boom de descargarse las series en V.O. y verlas antes de que se emitan en España. En esta época me engancho a Las chicas Gilmore, Mujeres Desesperadas, Anatomía de Grey, Cinco Hermanos, House, Betty (tanto la española como la americana, decir que de la española me desenganché en cuanto la abandonó Ana Milán)  Cámera Café, Motivos Personales, Los Serrano (fueron sólo dos temporadas las que ví, todos tenemos algo del pasado de lo que nos avergonzamos y fue porque era lo que se veía en mi residencia). Seguía enganchada a Friends a pesar de que acabó en estos años y, de hecho, después de terminada, conseguí los DVDs y veía los capítulos una y otra vez.

También seguía y sigo enganchada a Hospital Central. Desde aquí pido que se le de un final digno a la serie. La cosa no da para más y creo que se merece "descansar en paz" de una vez ahora que todavía el barco se mantiene a flote. Aunque sólo sea por los picos de audiencia que Telecinco le debe a esta serie, sería bastante considerado por parte de la cadena de Fuencarral, tratarla mejor y no dilatar más su adios por exprimir hasta el último segundo a la gallina de los huevos de oro. Yo me quiero desenganchar pero seguiré al pie del cañón mientras Teresita esté al frente del mostrador de recepción.

No es por fardar pero en mi época universitaria me convertí en una verdadera gurú televisiva. Mi opinión contaba triple en cualquier discusión de series que pudiera darse en la cafetería de la facultad, vaía series que nadie veía, sabía curiosidades, spoiles, emmys,...era una verdadera enciclopedia andante en lo que a televisión se refiere. Ya no sólo de series, mi campo de acción aumentó con los realities: Gran Hermano (a pesar de que ahora no puedo verlo delante), O.T., Supermodelo, Fama.... Mis últimos tres años en Santiago que coincidieron con los tres primero de mi hermana, fueron un auténtico despiporre en este aspecto, por fín alguien que me seguía el ritmo. Ahora que veo todo esto escrito, no me explico de dónde sacaba tiempo para ir a clase ( no perdía una que me lo pasaba bomba) y estudiar. De hecho, ¿cómo narices acabé la carrera dentro de la media de años que suele llevar?

Desde que acabé la carrera es como si se me hubiera acabado el gusto por la tele y me desengaché de todo (menos de Hospital, curiosamente). Es más, llevo un año y pico en el que apenas veo la tele más allá de dicha serie y los telediarios. Volví a la lectura, afición que había dejado un poco de lado dado que cuando uno acaba de estudiar, lo que menos apetece es coger un libro aunque sea para relajarse. 

Estas tres semanas de vacaciones han servido para que me vuelva a picar el gusanillo televisivo. Ya no soporto los realities, los veo de refilón y me he hartado de los programas de corazón, pero las series son las series. Buscando evasión llegó a mí How I met your mother y me ha encantado. Digna sucesora de Friends en el mundo de las sitcom aunque, en mi opición, nunca superará a los seis amigos. 
Me queda mucho para ponerme al día, con viejas series que persisten (ahora estoy con Anatomía de Grey) y con otras que han surgido y, aunque me avergüence reconocerlo, no me había enterado de que existían.
Esto merece una nueva sección de mi blog: Activa, pasiva y perifrastica TV. En ella, analizaré mis series favoritas de ayer y de hoy. He vuelto para quedarme, aunque mi hermana me ha dicho que nunca me había ido, estaba descansando.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Experimento sociológico: tarde de compras.

Primer día de septiembre en el que no está tiempo de playa ¿qué hacer? pues ir de compras con vistas a preparar la próxima llegada del otoño. Aunque me cueste admitirlo, tengo que reconocer que, aunque Pontevedra tiene muy buen comercio, en lo que a grandes superficies o marcas habituales se refiere, se encuentra más variedad en Vigo. Los que me concen, saben el gran esfuerzo que acabo de hacer escribiendo esta última frase, pero presumo de tener una visión bastante objetiva de lo que ocurre a mi alrededor, así que ¡ale! lo escrito, escrito está. No le demos más vueltas al asunto y, sobretodo, no me hagáis repetirlo.

En fin Pilarín, a Vigo que nos dirigimos. Quise tomarme la tarde cono algo más que comprarme trapitos de cara al otoño/invierno 2010-2011, que también ¿a quién pretendo engañar?. El objetivo era observar los hábitos de conducta en los comercios de la peña y particularmente los míos. Me explico: todos hemos leído en alguna ocasión alguna entrevista con el famoso o famosa de turno en el que confiesa alguna prenda fectiche, con la que pierde el autocontrol a la hora de comprar. ¿Cuál es la mía? ¿A dónde se dirije mi vista inconscientemente cuando pongo medio pie en una tienda? Lo de observar a la concurrencia no era, en principio, parte del experimento sociológico. Es uno de mis hobbies cuando me encuentro en medio de una multitud más o menos grande, pero hoy sirvió para que formulase un par de mis famosas "teorías de la vida". 

Dicho esto, ahí van las conclusiones. Primeramente las que a mí se refieren:

- Entre prendas que únicamente difieren entre sí en el color, mis ojos se posarán de forma inmediata en la de color azul. A no ser que se trate de jerseys o chaquetas en cuyo caso será gris (casi siemrpre claro). Y lo mismo con complementos, ya sean relojes, pañuelos...azul que te quiero azul (en cualquiera de sus tonalidades a excepción del fosforito, odio cualquier cosa fluorescente).

- Me van más los vaqueros de tonalidades oscuras que claras, aunque hoy a la tarde la cosa en empate a uno entre claros y oscuros.

- No puedo ver delante unos pantalones acampanados: o rectos, o pitillo.

- Tengo un verdadero problema de autocontrol con las camisetas, tenis y las pashminas. Sobretodo con las camisetas. Lo de comprar camisetas está resultando un verdadero reto últimamente puesto que no las quiero ni con tachuelas, ni purpurina, ni flores. Eso que me ahorro.

- Siento verdadera debilidad por los pantalones cortos de correr.

- Es una suerte tener tan clara mi talla de sujetador, sufro con la sóla idea de tener que probarme varios. ¡Menudo coñazo, por Dios!

- Es curioso que piense en comprarme unas manoplas cuando voy en manga corta y tengo un grado de moreno muy considerable. Hasta lo reconoció mi madre, bueno sus palabras exactas fueron algo así: "Hija, este año estás morenísima. Tienes la cara negra a pesar del factor 50 de protección. Es una pena que dentro de dos meses estés blanca cadavérica. Deberías invertir en algo de maquillaje". A continuación, anuncio momento irónico (wait for it...): "Es justo en lo que estaba pensando, mamá". Como diría la abuela "Xa o decían as leiteiras por ahí abaixo"

Y hasta aquí, lo que se refiere a mis hábitos personales de compra, ahí va lo que observé en la gente que me rodeaba.

- A la peña le molesta la ropa en el armario, o está desesperada por lucir las nuevas adquisiciones. Estábamos como a  25 ºC, o sea, un temperatura de lo más veraniega. Pero como estaba nublado y es septiembre, pues nada a sacar del armario chupas, botines, pashminas. Pues no iba a ser tan descabellado lo de las manoplas.... Yo por ahí no paso, de hecho el año pasado tenía para estrenar un abrigo y la chupa de cuero y no lo hice hasta finales de octubre porque no hacía frío. Creo que fue la primera vez en mi vida que recé para que bajasen las temperaturas. Si no hace frío, no hace frío y punto pelota.

- Se va de compras y entre medias se para comprar gofres o un heladito en el McDonals y claro, luego a hacer verdaderos malabares entre bolsas, ropa a probarse, bolso, el piscolabis de turno y venga a pasarse cosas entre las 6 personas que conforman el shopping group.

- Si en algún comercio hay muestrario de colonias, se prueban ABSOLUTAMENTE TODAS, (incluso alguna de hombre, ya que están ahí a disposición del consumidor, pues se aprovecha) da igual que la mezcla sea tan empalagosa que den arcadas.

- Todo comercio que se precie tiene que poner en algún momento " Sick of Love". Era una canción que, personalmente ni fu ni fa. Estaba bien para echar unos "dances". Después de esta tarde, la odio profundamente. Es que por lo menos la escuché 15 veces.

Y, hasta aquí, seguro que cuando vuelva a salir de compras se me ocurre alguna que otra más. ¡Ah! se me olvidaba. en el parking de "El Corte Inglés" tuve una alegría. Mirad lo que había escrito en una columna:






En el mismísimo Corte Inglés, en el corazón de Vigo. Como seguidora incondicional de Dépor y Pontevedra C.F. (que por cierto ganó ayer), no quepo en mi de gozo. Los turcos llegamos a todos lados.



P.D. Muchísimas gracias por todas vuestras felicitaciones de cumpleaños, hicieron que el hecho de hacerse mayor fuese un poco menos terrible.

viernes, 3 de septiembre de 2010

3 de septiembre: 26 aniversario de mi llegada al mundo.

Hoy cumplo años. Según mi partida de nacimiento, son 26 pero que sepáis que diré que cumplo 25, que es la edad ideal. Y en el 2011 y en el 2012 también. Básicamente mientras pueda mantener  la mentira con dignidad y la gente suele decir que aparento menos de los que tengo, por lo que tengo para rato.


Aunque claro, si la gente se lo traga, cuando consiga mi objetivo de llegar a 100, nadie se lo va a creer y no va a venir el alcalde de turno a traerme un ramo de flores nin nada. No habrá foto multitudinaria con hijos, nietos y bisnietos, ni artículo a toda página en el periódico (a ser posible en La Voz de Galicia, que es el que leo siempre y estaría de más que premiaran mi fidelidad, digo yo). Es un tema peliagudo. ¿Qué hacer? Soy una quinceañera vocacional con el sueño de ser una abuelita deportista y rockera chupa incluída, of course. Que también tengo el objetivo de que me dure la que tengo hasta entonces, será una chupa con historia que pasará de generación en generación (se la regalaré a mi hija y esta a la suya ... ).

Se que soy joven para tener paranoias con la edad, pero las tengo. Nunca he negado mis rarezas (que las tengo, como todo hijo de vecino) y no voy a empezar ahora, ¡a mis años!. Aunque me hace ilusión este día (este año especialmente, dicho sea de paso), que el día anterior siempre me pongo nerviosa y tengo hormigueo en el estómago, y que es uno de los motivos por los que me encanta el mes de septiembre, no me gusta nada lo que representa: paso del tiempo y que se escapa la juventud. Además, no me gustan los números pares y este año toca. Me hago mayor y no puedo hacer nada al respecto más que adaptarme.

En fin, que un añito más y que lo 26 sean tan increíbles como han sido los 25: ¡virgencita, virgencita que me quede como estoy!

Por cierto, aprovecho y felicito a AdictoTv, que su blog está de cumpleaños precisamente hoy. ¡Muchas felicidades!

martes, 31 de agosto de 2010

Pasando el sábado en las Islas Cíes

Bueno, bueno, bueno. Sigamos la historia donde la dejamos. Tras la noche mágica del concierto de Muse, haber dormido (o por lo menos haber reposado en cama) exactamente 2 horas y 13 minutos y haber desayunado, mi padre nos llevó a L, a mi hermana y a mí, al encuentro de R. y J.C. para dirijirnos al puerto de Vigo a coger el barco que nos llevaría a pasar el día a tan idílico paraje. Y, además, un día de sol radiante. Parecía que lo habíamos encargado.

Comentar que en el barco a mi hermana y a mí se nos ocurrió una modalidad de palas nueva, "palas barco", que consiste en jugar en cubierta con el subidón de adrenalina que supone el saber que si la pelota cae, con toda probablilidad, lo hará por la borda y nos quedaremos sin ella. No lo probamos por la sencilla razón de que era el viaje de ida y únicamente habíamos llevado una pelota que si no.... que el barco estuviera atestado de gente no nos habría echado para atrás.

Para aquellos que no me conozcáis, destacar que soy una persona que tiene una exceso de energía bastante  considerable. No llego a rozar la hiperactividad, pero poco me falta. Y no lo digo yo, se lo dijeron mis profesoras de preescolar a mi madre y le sugirieron que me matriculase en muchas actividades extraescolares para cansarme.
Y ahora, momento fanfarrón... wait for it (como diría Barney de Cómo conocí a vuestra madre):  lo intentaron, pero no consiguieron que me cansara. Y sigo igual de activa. ¡Ja, chupaos esa, queridas profes!.
Dicho esto, que sepáis que, a pesar de dormir pocas horas, soy capaz de mantener mi ritmo de vida normal al día siguiente de la actividad causante del trasnoche. Mi secreto consiste en mantener una actividad, ya sea física o mental, constante. En el momento en que paro, ¡Bum! el cansancio me cae como una losa y la pifiamos. En este caso en concreto, la actividad constante será de tipo físico, intenté no sentarme en todo el día.

El viaje fue estupendo, un paseo delicioso aunque algo frío a pesar de la sudadera. Una vez desembarcamos, decidimos que era una buena idea hacer una de las rutas de senderismo que hay, nos decidimos por la ruta que llevaba al faro situado en el punto más alto de la isla. El paisaje, precioso. Para cortar el aliento al ser humano medio.

Tras recrearnos en el paisaje y sacar la fotillos de rigor, decidimos bajar a una calita para darnos un chapuzón previo a la comida. El agua estaba bastante fresquita, pero el calor que hacía invitaba a estar dentro del agua por muy fría que estuviese. Nadamos tres veces hasta las boyas, jugamos una horita y pico de palas, otro bañito (con visita a las boyas incluída, ya sabéis: actividad contínua) y a comer. Menuda clavada nos metieron en el chiringuito que está en el centro de la isla, pero no sé si porque tenía hambre o porque realmente estaba rico, la raya a la gallega que me pedí me supo a gloria. La comida me atontó un pelín, pero se superó este "pequeño contratiempo" con un café solo que sabía a rayos, dicho sea de paso, pero que cumplió su función a las mil maravillas.

Nos fuimos a pasar la tarde hasta el momento de coger el barco, a la archiconocida playa de Rodas. Esa que una revista británica señaló como la mejor playa del mundo hace dos años. Algunos del grupo, entre los que se encontraba L, decidieron echar la siesta y mientras R, mi hermana y yo, nos fuimos a pasear por la playa. Llegamos a la calita que se encuentra al lado y nos dimos un baño, llegando una vez más hasta las boyas. De vuelta al campamento base, otra hora y pico de palas. Esta vez, las cuatro personas que estábamos jugando nos lo tomamos tan en serio que acabamos como aunténticas croquetas de tirarnos para evitar que la pelota cayese. ¡Gran partida!

El agua de la playa de Rodas estaba helada, pero esto no fue impedimento para que fuésemos otra vez hasta las boyas (se había convertido en una pequeña tradición para R., mi hermana y para mí). Para secarnos, otra sesión de palas.

Después de un día tan estupendo, dio mucha pena tener que volvernos, pero ¿qué podíamos hacer? la próxima vez lo hacemos en plan camping y nos quedamos el finde entero. Volvimos a casa habiéndolo pasado muy bien y, en mi caso, con la satisfacción personal de no haberme sentado en la toalla ni un segundo en todo el día.

Que sepaís que me senté a las10 de la noche para cenar, una vez llegué a mi casa. Y pasó lo que tenía que pasar: el cansancio hizo mella y lo siguiente fue meterme en cama a las 10:30 y dormir del tirón como un bebé algo así como 10 horas y pico y ¡voilá! lista para otra. A pesar de los años, sigo estando en plena forma.

Os recomiendo a todos que en algún momento de vuestras vidas vayáis a las Islas Cíes, realmente merece la pena. Y hasta aquí el relato por capítulos de mi maravilloso aunque intenso último fin de semana de agosto