domingo, 12 de diciembre de 2010

"El asombroso viaje de Pomponio Flato" de Eduardo Mendoza

Mi idilio literario con Eduardo Mendoza comenzó cuando tuve que leer en 2º de bachillerato "La verdad sobre el caso Savolta" pues era la novela que había que era materia de examen aquel año 2002 para selectividad. Y, desde aquel momento hasta ahora, le he sido bastante fiel, no totalmente pero sí bastante más que a otros.


Últimamente no tengo mucho tiempo para leer por ello, los habituales libro-ladrillo con los que suelo acompañarme en mi tiempo libre han sido sustituídos por novelas de no más de 300 páginas que no me lleven más de una semana leer.  La vida es dura, lo sé. En la estantería de la sala reposaba tranquilamente "El asombroso viaje de Pomponio Flato" escrito por Eduardo Mendoza y que consta de 175 páginas lo que lo convertía en una lectura ideal. Recordé que había sido una petición expresa de mi hermana al Círculo de Lectores así que le consulté a ella qué tal era: me miró soltó un "Está muy bien, y es divertido te recomiendo que lo leas" y siguió su camino a través del pasillo. Crítica sencilla, concisa y fiable. No había más que hablar.


¿De qué va? Ahora mismito os lo digo. Situémonos en el tiempo, siglo I de nuestra era. Nuestro protagonista, Pomponio Flato, ciudadano romano de la orden ecuestre viaja por el Imperio Romano en busca de unas aguas de propiedades extraordinarias. En uno de sus desplazamientos da con sus huesos en Nazaret donde José, un humilde carpintero, es condenado a muerte por asesinato. El hijo de José, llamado Jesús, contrata los servicios de Pomponio para que demuestre la inocencia de su padre y evitar su ejecución.


Interesante, entretenida e innovadora visión de la vida de Jesús preevangélica. Mendoza aprovecha el "vacío histórico" (vamos a llamarlo así) que hay entre el nacimiento y el comienzo de la vida pública de Jesucristo para proponernos una novela que mezcla el género detectivesco y el histórico, todo ello aderezado con la particular visión paródica y crítica de la dota el escritor.
Una novela destinada a que el lector pase un buen rato envuelto en esta sigular historia, que recomiendo personalmente.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Películas de fin de semana: "The kids are all right"


La recomendación de esta película me vino a través de twitter por cortesía de fon_lost. El argumento no es que fuera especialmente atrayente hacia mí, que no se me malinterprete: no me atraía más de lo que me podía atraer otra historia. Lo que sí inclinó la balanza para desear verla fue la pareja protagonista: Annette Bening y Julianne Moore. Dos grandes actrices que son un seguro a la hora de escoger una película y, como no podía ser de otro modo, sus interpretaciones no defraudaron.


Ficha técnica:
Año: 2010
Duración: 104 min
Director:  Lisa Cholodenko

Argumento:

La película narra la historia de Nic (Annette Bening) y Jules (Julianne Moore) una pareja de lesbianas que tienen dos hijos: Joni (Mia Wasikowska) la mayor recién graduada en el instituto y a punto de entrar en la universidad y Laser (Josh Hutcherson) un adolescente con curiosidad por saber quién es su padre biológico (Mark Ruffalo), hasta el punto de presionar a su hermana mayor para que le ayude a encontrarlo dado que él es menor de edad.

Finalmente se deciden a conocerlo, resultando ser el dueño de un restaurante de comida ecológica al que, contra todo pronóstico, desde un principio le parece muy buena idea encontrarse con dos hijos que no sabía que tenía. A partir de ahí, la historia se centra en como poco a poco Paul (que así es como se llama el aportados de la semilla), va introduciéndose en la vida familiar ante el problema que ello representa para sus madres en especial para Nic que muestra un especial recelo.

Es una comedia dramática de argumento poco usual. Historia entretenida que alterna tintes humorísticos y dramáticos por igual contada de una forma sencilla. Muy recomendable aunque me quedo con la sensación de que vi venir el devenir de los acontecimientos desde el minuto uno.






domingo, 5 de diciembre de 2010

Películas de fin de semana: "Una historia del Bronx"


Ayer por la tarde, mientras veía en el telediario el follón que montaron los controladores, mis ojos se posaron sobre los DVDs que reposan en la estantería de la sala de estar y, más concretamente, en el de “Una historia del Bronx” película que ya había visto hace algunos años y que me había dejado con un inmejorable sabor de boca. Decidí prácticamente al instante que me apetecía volver a verla.




Ficha técnica:

Título Original: A Bronx Tale.
Año: 1993
Duración:  121 min
Director:  Robert de Niro

Argumento:
La acción nos sitúa en el barrio neoyorkino del Bronx en los años 60. En este contexto se nos presenta a Calogero (Francis Capra) un chaval del nueve años que, a pesar de los esfuerzo de su padre Lorenzo (Robert de Niro) por apartarlo de malas compañías y porque consiga una vida honrada y mejor que la que él tiene,  siente una fascinación especial por la vida obra y milagros del mafioso local Sonny (Chazz Palminteri). Hombre, ver como el tal Sonny está montado en el dólar, los coches lujosos y el dinero fácil no ayudan a que el chiquillo haga caso de las recomendaciones de su progenitor que lucha con uñas y dientes para apartarlo de ese entorno.

Un buen día, Calogero presencia un tiroteo en el que Sonny se carga a otro hombre. Como no es tonto, y se huele que tener a un asesino en contra no puede ser bueno, lo encubre a la hora de identificarle. A partir de ese momento, Sonny lo acoge bajo su padrinazgo a pesar de la férrea oposición del padre que se niega a que un gángster ejerza influencia en la vida de su hijo.

El planteamiento de la película está claro: Lorenzo representa el bien y Sonny el mal y como, a pesar de todo, ambos hombres se preocupan por el crío e intentan guiarle en la vida de la mejor forma que conocen, amparados ambos en su particular visión de las cosas.  Todo es relativo, esa es la sensación con la que uno no puede evitar quedarse.

Película sencilla sin florituras innecesarias puesto que la historia en sí es su mejor carta de presentación no decayendo en ningún momento y que hace que uno no se despiste en ningún momento.  Particularmente me quedo con las interpretaciones del trío protagonista, la banda sonora y con la frase que constantemente Lorenzo le repite a su hijo: “No hay nada más triste que el talento malgastado” 

Drama de barrio, con conflictos raciales, amor, familia con mafia de por medio y de Niro pululando ¿qué más se puede pedir para una tarde de sábado? 



sábado, 4 de diciembre de 2010

No-soy-una-alarma-de-móvil

Dicen que la memoria es la inteligencia de los tontos. Pues yo debo de serlo mucho porque es muy raro que me olvide de algo: fechas, citas, planes, anécdotas, fotos.... si alguién me cuenta algo, lo leo o lo veo, es como si se registrase en un disco duro: no lo olvido nunca más. Soy una agenda andante. Es la herencia paterna más poderosa que tengo pero, en ocasiones, se convierte en un auténtico lastre con el que cargar. Y no sólo porque muchas veces desearía realmente olvidarme de ciertas cosas o tener la capacidad de "esconderlas" en un lugar recóndito de mi cerebro, es por el morro que le echa alguna gente que DA POR HECHO que soy su personal assistant. Y porque nunca me cree nadie cuando digo que no me acuerdo de algo. Es más, si me dieran un euro por cada vez que me han dicho "sí que te acuerdas, pero no quieres decírmelo" no tendría que trabajar para vivir. Y ahora, explico mi tesis.

En la mayoría de los aspectos de mi vida, el tener una muy buena memoria, ayuda y mucho. Y, en lo que yo creía un "acto de generosidad" (vamos a llamarlo así), no me importa aplicar mi capacidad para hacer la vida de los demás más fácil. Es decir, no me importa recordarle las cosas a la gente o llevar el peso de las cosas, dado que no me olvido nunca de ninguna variable a tener en cuenta. Hasta ahí bien, es más, tengo una coña con una de mis amigas en la que decimos que soy su "agenda-personal shopper" y le recuerdo cosas sin ningún tipo de sentido para hacerlo más divertido etc.... Con personas así da gusto, porque no te crean la obligación. Hago estas cosas porque quiero, es mi forma de mostrar aprecio por las personas. Y hay gente, por suerte la mayoría, que te hacen sentir bien y te lo agradecen a pesar de que si actúo así no es buscando muestras de agradecimiento. Podría decirse que es egoísmo, porque me siento bien yo viendo como los demás están bien.

El problema viene cuándo hay personas que deben dar por hecho que una servidora va a recordarles las cosas que tienen que hacer o avisar de eventos, cumpleaños, temas de trabajo etc. Y si no lo haces, te lo exigen ¿eh?. Es que hay que tener morro no, lo siguiente, para llegar incluso a echarme en cara que no recordé que era tal cumpleaños o que no avisé de trámites de trabajo que, por encima, ni siquiera estaba enterada de que se estaban realizando, lo que implica no sólo dar por hecho que soy una alarma de móvil, sino también que tengo el don de la adivinación y que debo intuir lo que se cuece a mi alrededor a cada momento.

Pues sí, me ha pasado con varias personas a lo largo de mi vida y alguna más recientemente de lo que me habría gustado. Pero eso a la peña le da exactamente igual y que tengas un mal día también (y eso que a mí se me nota que tengo un mal día a leguas porque paso de ser una persona muy habladora a un mutismo y hermetismo total), te tiran la pulla sin pestañear aunque lleves toda la mañana en silencio trabajando sin molestar a nadie o les da igual aunque hayan entonado previamente el mea culpa y pedirte disculpas por no haber recordado un cumpleaños (sí, un cumpleaños), lo vuelven a hacer quince días después y al carajo. Y si das una mala contestación o, mejor dicho, una contestación con cara seria y cargada de sarcasmo, te miran como diciendo "tampoco es para que te lo tomes así". Es que no doy abasto con mis propios asuntos y, por encima, tengo que estar pendiente de los de los demás. ¡Manda cojones! (con perdón)

Total, como María nunca se toma las cosas mal y es una persona muy dispuesta... pues sí señores que no esté constantemente quejándome no significa que las cosas no me molesten, que no dé malas contestaciones porque soy una persona educada, no significa que no me afecten los dardos envenenados. Que tengo mi independencia como mi bien más preciado y que me guste hacer las cosas por mí misma, no significa que, de vez en cuando, se pueda tener un detalle para conmigo sin que lo tenga que pedir o insinuar. Que me guste mucho relacionarme y organizar salidas, cenas y demás, no significa que esté obligada de por vida a organizarlas en sí, invitar a todo el mundo, estar pendiente de que se asista o no, de que todo esté a gusto de todo el mundo y de que nadie se sienta mal o excluído. NO-ES-MI-OBLIGACIÓN. NO-LO-ES.
Claro, es muchísimo más cómodo esperar a que te propongan los planes y únicamente decidir si se participa o no, dónde va a parar. Es mucho más cómodo esperar a que te avisen de las cosas que estar pendiente de los asuntos de uno mismo. ¿Para qué? Si siempre hay algún idiota como María que lo hace por tí.
Hay que moverse, señores y espabilar. Que no todo el mundo es como yo, y está dispuesto a darse contra un muro una y otra vez con la mejor de las sonrisas. 

Pero la paciencia tiene un límite y la mía duró exactamente hasta ayer. Concretamente, 26 años y 92 días. No fue por un motivo o por una persona en concreto, ayer fue simplemente la gota que colmó un vaso que lleva casi lleno mucho tiempo, años diría yo.
Así que se acabó, lo siento pero se acabó. A partir de hoy seré una persona que seguiré desviviéndome por el bienestar de los demás, pero únicamente de aquellos que den ciertas muestras de reciprocidad. Se acabó eso de que yo de el 150% de mí misma y que, con suerte y en el mejor de los casos, obtenga a cambio un 30%. Creo que me he ganado con creces el derecho a pensar en mí misma antes que en los demás.
De todo hay que sacar una conclusión positiva y a mí esto me ha servido para no tener que devanarme los sesos pensando en los regalos de cumpleaños de el próximo año: agendas para todo el mundo porque, desde hoy, que cada uno se preocupe de sus propios asuntos.

miércoles, 1 de diciembre de 2010

Un año de blog

Pues sí, amigos. Hoy, 1 de diciembre, este chiringuito cumple nada más y nada menos que su primer añito de vida. No dispongo de tanto tiempo libre para dedicarle como hace una año pero la ilusión y las ganas de escribir siguen intactas por lo que, a priori, hay blog para rato. Básicamente mientras siga suponiendo para mí una afición que me divierta y, de este modo, no traicionar una de mis más importates filosofías de vida: hacer las cosas mientras me diviertan. 
Cuando hace un año, me decidí a empezar este pequeño proyecto, el motivo en mi cabeza estaba más que claro: quería construírme mi propia plataforma de opinión.

Nunca he sido una persona de grandes vocaciones, mi futuro ha ido decidiéndose sobre la marcha y supongo que seguirá siendo así. Siempre he meditado y decidido las cosas según la vida me ofrecía las diferentes posibilidades. Hasta ahora no me ha ido mal, así que ¿por qué cambiar algo que funciona?

Si hay algo que siempre me ha gustado por lo que he sentido verdadera vocación es por opinar. Digo sin tapujo ninguno que tengo una opinión respecto a absolutamente todo. Otra cosa es que la manifieste abiertamente porque, desengañémonos, mucho siglo XXI y ¡ay que ver qué progres somos todos!, pero siempre hay alguien que juzga las opiniones sin respeto ninguno y uno se mete sin comerlo ni beberlo es disputas bizantinas de la más diversa índole. Aún así, considero que no me guardo para mí ni el 10% de mis opiniones. Depende con quién tope delante para discutirlas. Hay gente muy pero que muy cansina.
Me habría encantado ser periodista de opinión. Limitarme a que mi jefe me pusiera un tema (eso al principio, llegaría un momento en que yo misma escogiese de qué hablar o sobre qué escribir) y largar lo que pensaba sobre dicho tema. Es más me parece en trabajo ideal. Yo debería haber sido líder de opinión pero la naturaleza tenía otros planes para mí y no me hizo lo suficientemente buena como para poder vivir de ello. Así que me limito a "ejercer" de viva voz en mi entorno y mediante escritura online a través de este, mi blog.

Pues nada, a seguir en ello. Muchas gracias a todos aquellos que por H o por B, consideran que lo que escribo merece la pena ser leído e incluso comentado. Esto se alimenta no sólo de mis opiniones, sino también de las vuestras. Una vez más, gracias.